El aire dentro de la oficina del Alfa era asfixiante. No era solo el intenso aroma de poder que se aferraba a las paredes, ni la forma en que la luz del sol no conseguía suavizar la severidad de la habitación al filtrarse por las altas ventanas. No, lo que lo hacía asfixiante era la presencia de las personas allí reunidas. El Alfa Efrein estaba sentado detrás de su enorme escritorio, con una postura rígida, el peso de su autoridad irradiaba con cada respiración medida. La Luna Beatrice se mantenía erguida a su lado, su expresión era inescrutable, pero sus ojos eran afilados, con ese mismo juicio silencioso bajo el cual Elaine había crecido. Sus padres también estaban allí, el Beta Richard y Lucille, sentados rígidamente, con sus miradas bajas como si el suelo pulido pudiera dar las respu

