Capítulo 6

1315 Palabras
—¡Es suficiente!— la voz de Alfa Efrein cortó el pesado silencio de la oficina. Su tono era agudo, autoritario, pero debajo de él había una sutil urgencia. Quería controlar esta reunión antes de que se saliera de control aún más. Más tarde, se dijo a sí mismo, habría tiempo: tiempo para hablar con Elaine adecuadamente, para aliviar sus heridas, para recordarle que es amada. Más tarde, habría tiempo para reparar sus lazos rotos. Sin embargo, por ahora, las necesidades de la manada debían de ser lo primero. La manada siempre era lo primero. Así eran las cosas. La supervivencia de la manada, el heredero que Kathy ahora llevaba, la estabilidad de su porvenir. Esa era la verdadera prioridad. Dirigiendo su mirada a Elaine, habló con cuidado, casi con ternura. —Elaine, dijiste que querías hablar sobre la ceremonia de emparejamiento de Michael y Kathy. Sé que lo que te estamos pidiendo es doloroso, pero debes de entender. Nuestras manos están atadas. Kathy ya está embarazada del futuro heredero, y Michael la eligió como su Luna, mucho antes de saber que tú eras su compañera. El tiempo fue simplemente… desafortunado. Estabas en la universidad, lejos de la manada, y Michael estaba en la Escuela de Alfas. Para cuando regresó, para cuando se cruzaron de nuevo, el destino ya había puesto en marcha su cruel broma. No fue culpa de nadie. Son solo… las circunstancias. Los labios de Elaine se curvaron en algo que no era exactamente una sonrisa. Sin embargo, sus ojos permanecieron fríos, inescrutables. —Eso no es lo que vine a discutir, Alfa— dijo con frialdad. Elaine se negó a reconocer su explicación, su intento de suavizar el golpe culpando al tiempo fue deliberado. Para Elaine, sus palabras sonaban huecas, casi risibles. Estaba tratando de disfrazar la traición como coincidencia, el abandono como destino, pero ella conocía la verdad. La verdad era brutal: el futuro Alfa no la esperó. Ni siquiera valía la pena esperar por ella. No para Michael. No para nadie en esta sala. ¿Y Kathy? Su hermana: la que ahora todos aclamaban como “futura Luna”, había elegido el deseo sobre el deber, el egoísmo sobre la decencia. Se había entregado sin pensar en lo que podría significar, sin esperar a su propio compañero, sin importarle que la compañera destinada de Michael aún estuviera ahí afuera. La voz de Elaine se agudizó, su amargura se filtró a pesar de su intento de mantener la compostura. —Originalmente, vine aquí para discutir cómo limitar las repercusiones de esta situación, para minimizar el daño a la manada. Pero ya que ahora todos conocen la verdad, no tiene sentido jugar a la política. En cambio, haré mis demandas: mi compensación, por la humillación y traición que me he visto obligada a soportar. La sala quedó en silencio. —¿Demandas?— repitió el Alfa Efrein, con el ceño fruncido. —Sí— la voz de Elaine era firme. Se enderezó, con sus ojos fijos en los de él, totalmente tranquila y desafiante. —Mi primera demanda es tu aprobación para que me mude de la casa del Beta. Me trasladaré a la casa abandonada en el extremo del territorio. En segundo lugar, renuncio a mi puesto como secretaria del Beta. Ya no serviré en esa capacidad. Y, por último, quiero que todos limiten su contacto conmigo. Hasta la ceremonia de emparejamiento, permaneceré aquí, como pides, pero no quiero interacciones innecesarias. Quiero que me dejen sola. Sus palabras cayeron como piedras en el agua, y las ondas de sorpresa se extendieron por la sala. La mujer Beta jadeó, con las lágrimas brotando inmediatamente en sus ojos. —Elaine…— susurró, aferrándose al brazo de su compañero como si no pudiera mantenerse en pie. El Beta la sostuvo cerca, con su rostro lleno de angustia mientras su mirada se desplazaba impotente hacia su hija. Kathy, su futura Luna, lloraba abiertamente ahora, sollozando en el pecho de Michael, mientras él la sostenía, murmurando palabras de consuelo. La visión de eso retorció algo dentro de Elaine. Esa muestra de ternura, ese consuelo, ¿dónde estaba cuando ella lloraba? ¿Cuando había sido destrozada, cuando la habían hecho sangrar por su unidad? Habían mirado hacia otro lado entonces, ¿pero ahora? Ahora se apresuraban a calmar las lágrimas de Kathy. Eso quemaba. —¡Estás fuera de lugar, Elaine!— gritó el Alfa Efrein, golpeando su puño contra el escritorio con tal fuerza que la madera crujió. El sonido resonó en la sala como un estruendo. Elaine no se inmutó. Su mirada permaneció fija en él, firme e inquebrantable. —No realmente, Alfa. Estos son los términos para mi cooperación. Querías que fingiera que la Diosa de la Luna cometió un error, que se equivocó al darme a Michael como mi compañero. Querías que fingiera que era aceptable, no, necesario, sacrificar a mi compañero en nombre de la unidad de la manada. Muy bien. Jugaré con tu narrativa. Pero no lo haré sin costo. Esto...— se señaló a sí misma, con su calma y su actitud fría, —Es el precio. Mi pago es la libertad de todos ustedes. Sin lazos. Sin conexiones. Nada más. Sus palabras cortaron como una cuchilla, cortando cada falsa seguridad, cada súplica de comprensión. v¡Hermana, detente! ¡Por favor, no digas eso!— sollozó Kathy, con su voz quebrándose. Se apartó de los brazos de Michael, extendiendo la mano hacia Elaine como si pudiera alejarla del borde. —Lo siento. No sabes cuánto lo siento por haberte herido. Por favor, hermana, ¡no nos alejes! ¡Por favor! La mirada de Elaine no se movió hacia su hermana. Se mantuvieron fijos en el Alfa, inquebrantables. —Elaine, no hagas esto— la voz de su madre se quebró con desesperación. Las lágrimas corrían por su rostro mientras daba un paso adelante, con las manos temblorosas. —Todavía podemos arreglar esto, si tan solo escuchas. No eres la única que está sufriendo, ¿no lo ves? Somos tus padres, sufrimos por ti también. Por favor... no dejes que esto nos separe. Todavía somos familia. Por un instante, los ojos de Elaine titilaron. Su madre creyó verlo: la vulnerabilidad, el dolor bajo el hielo. Un destello de la hija que siempre había conocido. Pero desapareció tan rápido como apareció. —¿Familia?— la voz de Elaine era aguda, resonando con una furia que no provenía de la ira sino del dolor. —Esto no es una familia. Una familia se protege mutuamente. Una familia se apoya, se eleva y se sacrifica junta. Pero, ¿qué hicieron ustedes? No me protegieron. No me apoyaron. Me sacrificaron, a su propia hija, por la conveniencia de esta manada. Los eligieron a ellos en lugar de a mí. Su mirada recorrió al Alfa y a la Luna, al Beta y su compañera, a Michael y Kathy. Uno por uno, los despojó de sus ilusiones. —Ustedes, Alfa y Luna, viven con su vínculo destinado. Nadie les pidió que renunciaran a eso. Ustedes, Beta y su compañera, también viven con el suyo. Pero cuando se trató de mí, fue fácil, ¿verdad? Exigir lo imposible. Arrancarme de mi compañero destinado y llamarlo "deber". Silenciarme, enterrarme, todo por la unidad de esta manada. Díganme: ¿dónde estuvo ese mismo sacrificio de parte de alguno de ustedes? ¿Dónde estuvo? Su voz se quebró, pero se obligó a mantenerse firme, con sus ojos sobre ellos cayendo como acero. —Me quedaré hasta la ceremonia de emparejamiento. Ese es el precio que me han pedido. Pero me quedaré en mis términos. Y después de eso... nunca más llamaré a esta manada, esta casa, o a ninguno de ustedes mi familia. La contundencia de sus palabras se asentó sobre la habitación como una nube de una tormenta. Elaine se quedó allí, tranquila, resuelta, intocable.
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