El Honor, el Amor y el Enemigo Silencioso

1992 Palabras

Era el día. El gran día. Liliana caminaba por los pasillos de la Universidad de Miami con una toga impecablemente planchada, el birrete en mano y un brillo de emoción en los ojos. Después de tantas noches sin dormir, de turnos eternos en el hospital y de lágrimas derramadas en soledad, al fin se estaba graduando. Y no solo se graduaba, lo hacía con honores, como una de las mejores de su generación. —Doctora Liliana Morel —anunció con orgullo el rector desde la tarima—, con honores. Los aplausos resonaron como olas en su pecho. Su padre, don Ernesto Morel, se levantó entre la multitud con los ojos humedecidos por el orgullo. Él había sido elegido como su padrino de honor y no había un alma que dudara que ese momento también era suyo. La abrazó fuerte al entregarle la medalla y le susurró:

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