Capítulo 14— Sentimientos

1662 Palabras
Capítulo 14— Sentimientos Narrador Como todas las semanas, en el poco tiempo que tenía libre Candice fuera del hospital solía visitar a Emma. Salir a tomar un café, un trago, cualquier cosa, con el fin de pasar tiempo juntas. Esta semana no sería la excepción, y llegando a casa de Cosnett, la doctora no paró de tocar el timbre. Caminando a la puerta sabiendo que se trataba de ella, puesto que la estaba esperando con el desayuno preparado, Emma abrió sin observar por la mirilla y encontrando a la doctora visiblemente agotada del otro lado, Cosnett solo dijo: — ¿Sabías que te ves fatal? — Asintiendo sin demorar demasiado afuera, Candice ingresó al departamento una vez Emma se hizo a un lado sin decir nada más, y dejándose caer sobre el sofá de la estancia permaneció allí mientras le traían su comida. — Hablando en serio, Candice, debes parar. Llevas más de cinco días metida en ese hospital, puedes enfermar si continúas así. Tomando asiento frente a ella, colocando el desayuno servido en la mesa ratonera entre las dos, Emma le pidió sinceramente preocupada, y rodando los ojos al ver que iniciaría con lo mismo, Wallace tomó asiento para empezar a comer algo decente tras permanecer tantos días de servicio. — Ya sabes mi respuesta, Em... Así que no insistas. Llevando una hogaza de pan a la boca, la doctora dio el tema por zanjado y negando al ver la terquedad de su mejor amiga, Cosnett se colocó de pie al recordar a Paul y el favor que le pidió. Caminando hasta su bolsa, Emma sacó la tarjeta que éste le entregó y deslizándola sobre la mesa dijo sabiendo que posiblemente se molestaría. — Paul me pidió que te entregara esto... Dice que le gustaría hablar contigo. — Desviando la vista al pequeño rectángulo ante ella, Candice solo tragó grueso al ver que Paul no la había olvidado aún y frunciendo el entrecejo de su frente fingió descolocación. — No sé por qué, pero creo que hay algo que no me estás contando ¿Tienes algo que decirme, Candice? Conteniendo el aire, sintiendo un poco de vergüenza por lo sucedido años atrás, la doctora solo negó de la misma forma, pareciendo verdaderamente molesta, y dejando la comida a un lado, solo respondió: — No sé qué quieres que te diga... No entiendo por qué Paul me envía su tarjeta y mucho menos por qué crees que tengo algo que contarte. Sabiendo que mentía de manera descarada, Emma solo permaneció en silencio observándola, sin querer presionarla, pues sabría que no le diría nada de esa manera. E inclinándose sobre el sofá, dejando el tema atrás, fue Candice quien habló: — A diferencia de ti, que sí tienes mucho que contarme... Empieza. Con sus ojos avellana sobre ella y con una ceja enarcada, Candice esperó a que Emma empezara a contarle todo lo sucedido con Charlie los últimos días, el beso, lo de las fotos, la ayuda que le brindó para deshacerse de ellas y finalizando con la salida del fin de semana, la doctora parecía bastante contenta por ella. — No lo conozco aún, pero creo que me agrada... Se ve que, a diferencia del otro idiota, es un caballero y que quiere tanto como tú ver hundido a Michael. Asintiendo pensando exactamente lo mismo, pues era evidente que Charlie no apreciaba ni un poco al esposo de su hermana, Emma habló un poco más con Candice sobre Michael y formulando una importante pregunta, Emma se quedó pensativa un momento: — Ahora el asunto es: ¿Estás haciendo todo esto del noviazgo falso con Charlie porque de verdad amas a Michael y no quieres verlo con Katherine? ¿O lo haces por simple rencor, para verlo hundido? Conteniendo el aire, sopesando su respuesta, Emma se preguntó si de verdad llegó a amar a Michael y negando respondió: — Solo para verlo hundido, porque necesito que pague lo que me hizo al publicar las fotos. Si él me hubiese engañado y las fotos no hubieran salido a la luz, hubiese seguido mi vida como si nada, pero hacer lo que hizo y tratar de hacerme creer que no fue él, es algo que debe pagar. Asintiendo al ver que Emma tenía sus sentimientos bastante claros, la doctora solo retomó la comida y, llevando una vez más un bocado a la boca, explicó: — Es importante que tengas eso claro. ¿Qué pasaría si lo de Charlie y tú pasa los límites? Si terminan enredados amando tú a Michael aún, las cosas terminarían muy mal, Em. Liberando una bocanada de aire, Emma asintió comprendiendo a dónde quería llegar Candice, y colocándose de pie al parecerle un absurdo involucrarse con Charlie, siseó: — Eso no pasará, Candice... Charlie es un hombre maravilloso... Pero no sé nada de su vida. Si bien me presentó como su novia ante su familia, algo no me encajó. — Permaneció en silencio un instante mientras pensaba— Su padre, Ramiro, no parecía muy a gusto con ese anuncio. No me trató mal ni nada parecido, pero había algo que parecía disgustarlo. Frunciendo el entrecejo de su frente, Candice terminó su comida y, tomando un sorbo de agua, solo negó antes de decir: — Puede que estés paranoica y no haya sido nada... Aun así, no te adelantes a los hechos, y el tanto fingir se puede volver real. Colocándose de pie, Emma solo tomó el plato para regresarlo a la cocina, finalizando el tema relacionado con Michael y Charlie y permaneciendo en la estancia a solas, a la espera de su regreso. Candice, sin poder evitarlo, desvió la mirada a la tarjeta que permanecía en el mismo lugar. No entendía por qué, pero la insistencia de Paul la inquietaba. Se supone que no volverían a verse más, a buscarse, y todo esto de la relación de Emma con los Smith estaba acercando sus caminos. Tomando la tarjeta, convencida de que una vez saliera de allí, se desharía de ella, Candice solo la guardó en el bolsillo de su uniforme clínico, y regresando unos minutos después, comenzaron a hablar de otros asuntos. Iniciando otro día más en Cosnett C.A., Emma se preparaba para trabajar. Necesitaba afinar los detalles de la propuesta que le presentaría a Ivanov, por lo que su día sería un tanto pesado. El solo hecho de recordar a este hombre la inquietaba. Caminando a su lado mientras conversaban de lo que debían hacer, Paola se mantenía atenta a sus tareas, e ingresando al elevador, ésta la interrumpió para decir: — Otra cosa, señorita... Su padre... La está esperando. Hace unos minutos estuvo en la oficina de su hermano y, una vez terminó, fue a la suya. Asintiendo, Emma solo permaneció en silencio hasta llegar a su destino, un tanto inquieta por lo que acababa de escuchar, y saliendo de la caja metálica una vez las puertas se abrieron, Cosnett se dirigió a su oficina. Ingresando una vez llegó a ella, tal como lo dijo su asistente, encontró a su padre observando los pequeños portarretratos sobre su escritorio en el que tenía fotos de ellos dos. Y percatándose de su presencia una vez las puertas se cerraron a sus espaldas, éste dijo: — ¿Cuántos años tenías en esta foto? ¿10 años? Asintiendo con una pequeña sonrisa, pues ciertamente tenía esa edad cuando fueron a esquiar a los alpes, Emma llegó junto a su padre y, despojándolo del portarretrato para observar también la foto, respondió: — Así es, 10 años... Esa era mi edad en ese entonces. Dejando éste sobre el escritorio, Emma lo rodeó para ponerse cómoda antes de empezar a trabajar y, liberando el aire al ver que la relación con su hija seguía un tanto tensa, Cosnett soltó: — Vine a hablar con Oscar y pasé a verte. Tras pensarlo demasiado, estoy considerando seriamente entregarte la directiva de la empresa. — Permaneciendo rígida, pues era algo muy diferente escucharlo de su propio padre y no de su hermano, a Emma le fue imposible siquiera mover un músculo. Y liberando el aire al ver el desconcierto en su rostro, él siguió— Sé que esto tal vez te toma por sorpresa, ya que él siempre ha estado en ese lugar, pero la situación es insostenible... Oscar tiene serios problemas con las apuestas, ya ha perdido varias propiedades, y si no le pongo un alto, puede poner en riesgo todo lo que tenemos. Teniendo ahora un panorama más claro de lo que estaba pasando con su hermano, Emma solo asintió, apretando los labios. Y tomando un poco de aire, Cosnett dijo, inquietando esta vez a Emma: — Solamente estoy esperando que cierres el trato con los rusos para entregarte oficialmente el cargo. Ahora, después de esto, lo necesitamos más que nunca — Sintiendo cómo ese peso de esa responsabilidad recaía en sus hombros, Emma apretó sus labios, sintiendo su corazón acelerarse, y siguiendo en lo mismo, Cosnett preguntó antes de despedirse—: ¿Puedo confiar en ti para ese asunto? Asintiendo, sabiendo que esta vez con justa razón tenía que asegurar ese trato a como diera lugar, Emma permaneció en silencio por un instante. Y despidiéndose de su hija con un casto beso sobre la frente, Cosnett salió de la oficina dejándola un tanto inquieta. El perder ese negocio ni siquiera podría pensarlo, sobre todo ahora que la estabilidad de la compañía dependía de ello. Tomando asiento en su lugar, Emma empezaría a revisar un par de informes, y vibrando el teléfono a un lado, un mensaje llegó. Elevando éste despacio, Cosnett observó el nombre de Charlie en la pantalla y, sonriendo inconscientemente, desplegó el mensaje. #CHARLIE A EMMA Espero tengas buen día, recuerda mañana en el Lux. Negando, ya que la noche anterior tampoco pudo dejar de pensar en lo mismo, en la salida con Charlie, Emma liberó el aire antes de seguir, sin saber que esa salida sería el inicio de su perdición.
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