Capitulo 13— Liberación bajo el agua

1189 Palabras
Capítulo 13— Liberación bajo el agua Narrador: Permaneciendo de la misma forma, para ese punto tan cerca que la respiración de ambos se encontraba ligeramente agitada, Charlie y Emma no habían movido ni un solo músculo, las ganas de besarse flotaban en el aire, y, pasando saliva a punto de ser el primero en ceder, Smith susurró: —Dijiste algo de un trago... ¿Te parece el fin de semana en el Lux? ¿Tú y yo? Cero Michael, cero farsa. Asintiendo, sintiendo su corazón descontrolado a punto de salir disparado de su pecho, Emma no dijo nada más, pues sus palabras no lograban salir, y empezando a acercarse cada vez más, Charlie estaba a punto de besarla. Quería saber qué pasaba por su cabeza, qué tenía que decir, si sentía lo mismo que él en ese momento, y escuchando como la puerta era tocada en ese preciso instante, Smith maldijo por lo bajo al ver a Emma desviar su vista para ver de quién se trataba. —Señor Smith... El señor Henao está al teléfono— Deseando estrangular a su asistente por tal interrupción, Charlie asintió con una mueca que debería ser una sonrisa, y girándose sobre sus pies para marcharse como si nada, la mujer solo los dejó a solas de nuevo. —Deberías responder... Puede que sea urgente. Observando a Emma a escasos metros de él con sus mejillas sonrojadas, Charlie asintió pensando que debía hacerlo, ya que no se quedaría tranquila hasta que lo respondiera, y caminando a su escritorio solo aferró la mano a la bocina con fuerza deseando que ese fuera el cuello de Henao. —¿Qué car*ajos quieres?— Sin protocolos, sin miramientos respondió sabiendo que el estaba del otro lado, y escuchándolo con los dientes apretados en un intento de contener la ira que sentía al saber que Emma estaba con Charlie en ese instante, Michael solo dijo: —Quería saber si la invitación seguía en pie... De ir por un trago... Ahora. Negando, pues solo para eso lo estaba molestando ese infeliz, Charlie desajustó la corbata de su traje, y tomando un poco de aire, solo soltó: —¡No me jo*das! Estoy ocupado. Tirando la bocina así, nada más, Charlie regresó a Emma, quien tenía toda su atención en ese momento, dejando a Michael soltando maldiciones, y arrojando todo lo que se encontraba sobre su escritorio al suelo. —¿En qué quedamos?— Llegando hasta ella, Smith preguntó, y sintiendo que era hora de ir a casa antes de hacer algo de lo que pudiese arrepentirse más adelante, Emma solo respondió: —En que el fin de semana iremos al Lux por un trago, y que tengo que irme— Forzó una sonrisa sin querer hacerlo— De verdad, mil gracias, Charlie. Terminando la distancia, Emma se colocó en cuclillas para depositar un casto beso sobre su mejilla, y empezando a retroceder sin dejar de mirarse, Cosnett salió de la oficina de Charlie dejándolo descolocado, deseoso, molesto y abrumado. No sabía qué era, pero desde que conoció a Emma no hacía más que enloquecer por ella, no solo por lo atraído que se sentía, sino también porque estaba seguro de que ella también sentía lo mismo. Regresando a su escritorio, Charlie trataría de terminar para regresar a casa, y llegando finalmente la hora de descansar, Smith se encontraba en el interior de su habitación cuando llegaron a su mente de nuevo esas imágenes, esas putas imágenes que no podía dejar de pensar. Poniéndose de pie, Charlie recordó lo que le dijo este hombre, quien se encargó de eliminarlas, y buscando su portátil, fue directo a su correo. —Me voy a volver loco— Siseó recorriendo la pantalla con su mirada, y encontrando al fin lo que buscaba, ese correo sin abrir que contenía lo que tanto lo estaba enloqueciendo, ni titubeó clicando sobre este— ¡Mierda! Murmuró deslizando la información irrelevante sobre el sitio web en donde se encontraban estas, y llegando al fin, al archivo sin descargar, Charlie lo amplió. Observándose a Emma tan malditamente sensual como una diosa completamente desnuda, Charlie solo tragó grueso por desear tenerla así, ante él, tan apetecible, tan expuesta, tan ella, y cerrando la pantalla de su portátil, pero las imágenes seguían vivas en su cabeza, como brasas encendidas, imposibles de apagar, Charlie negó. No podia olvidar a Emma, desnuda frente a la cámara, con los labios entreabiertos y los dedos hundidos en su intimidad… esas fotos que ella había tomado inocentemente para su supuesto novio, se habían convertido en un puñal directo a su cordura. Él había querido ayudarla, de verdad. Cuando ella le dijo que estaban circulando en las redes, lo primero que pensó fue en protegerla, en ayudarla a borrar esos rastros, para evitar que su nombre quedara marcado por algo tan íntimo. Pero al abrirlas… al tenerlas frente a sus ojos… su cuerpo reaccionó antes de que su conciencia pudiera frenarlo. El calor le subió por la nuca, la respiración se le volvió pesada y, aunque cerró de golpe la computadora, ya estaba perdido. Se tiró en la cama, buscando dormir, tratando de obligarse a olvidar, a poner un muro entre él y esas imágenes. Pero cuanto más intentaba, más vívido era el recuerdo: Emma arqueando la espalda, Emma mordiéndose el labio inferior, Emma brillando de placer en la penumbra de su habitación. Charlie apretó los dientes, dio vueltas entre las sábanas, maldiciendo en silencio. Al fin se levantó de un salto. Tal vez el agua helada lo bajaría de esa condenada excitación. Caminó al baño, se desnudó con brusquedad y abrió la ducha al máximo. El chorro cayó sobre su piel ardiendo, pero en vez de apagarlo lo encendió más. Cerró los ojos y ahí estaba ella, más nítida que nunca. Su mano tembló al recorrer su torso, bajando despacio, resistiéndose al impulso, hasta que no pudo más. Apoyó la frente contra los azulejos húmedos, la respiración golpeando en ráfagas cortas, y su mano envolvió su m*****o ya duro. El agua corría, mezclándose con el sudor y la vergüenza, mientras su mente pintaba una y otra vez las curvas de Emma, imaginando su gemido ahogado en aquellas fotos, la humedad brillante en sus dedos. Charlie empezó a moverse con fuerza, jadeando, con el pecho tenso, maldiciéndose en cada embestida de su propia mano. —¡Joder, Emma…! —susurró entre dientes, odiándose por decir su nombre en voz alta. El placer subía en espiral, cruel, imparable. Se aferró con la otra mano a la pared, los músculos tensos, las caderas moviéndose al ritmo frenético de sus fantasías prohibidas. Cuando estalló, lo hizo con un fuerte gruñido, el agua borrando toda evidencia mientras él se quedaba ahí, temblando, exhausto, odiándose un poco más por haber caído tan bajo. Se dejó caer contra la pared, el agua todavía golpeándole la piel. Cerró los ojos con rabia. Quería ayudarla. Quería ser el hombre que le quitara un peso de encima. Y en lugar de eso… se había convertido en el maldito espectador secreto de su intimidad. Y aún peor: sabía que lo volvería a hacer.
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