Capítulo 1: Quebrarse en silencio
Narrado por Scarlett Vale
La gente cree que ser la reina de la escuela es un privilegio.
Que las coronas vienen con aplausos, no con cicatrices.
Piensan que las porristas sonríen porque son felices, no porque están entrenadas para fingir.
Nadie se pregunta qué pesa más: la popularidad o el silencio que la sostiene.
Porque sí, las reinas también se quiebran. Solo que lo hacen en privado. Y en tacones.
—¡Scarlett! ¡Mírame! —gritó Brooke mientras encendía la cámara del celular.
Me giré como si estuviera en una pasarela, con la sonrisa perfecta, el cabello perfectamente ondulado y el uniforme ajustado marcando cada curva en el ángulo perfecto para i********:.
—Lista, Lana —dije con voz dulce y arrogante.
—Siempre lo estás —respondió ella, lamiendo su envidia como si fuera gloss.
Sonreí.
La reina.
La favorita.
La que todas quieren ser.
Y sin embargo
Mi estómago estaba vacío.
Mi muñeca todavía dolía.
Y mi corazón bueno, ese hacía rato que había aprendido a fingir también.
Los pasillos se abrieron ante mí como siempre.
Chicos babeando.
Chicas fingiendo adoración.
Profesores sin atreverse a cuestionar nada.
Y ahí estaba él.
Logan Carter.
Capitán del equipo de hockey.
Mi mejor amigo. Mi ancla.
Y el único que, a veces, miraba demasiado hondo.
—Hola, Scar —dijo, con esa sonrisa que derretía hasta a las profesoras de química.
—Hola, cachorro —respondí, fingiendo estar bien.
Él frunció el ceño.
Lo noté.
—¿Desayunaste?
—Claro —mentí, pasando la mano por su brazo para que se distrajera con el toque.
Pero no lo hizo.
Sus ojos bajaron a mi muñeca, al punto exacto donde el maquillaje empezaba a quebrarse.
Donde el moretón apenas asomaba.
—¿Te lastimaste?
Me encogí de hombros.
—Nada grave. Me golpeé ayer entrenando. ¿Vienes al ensayo? Tenemos que practicar la coreografía para la final del viernes.
Desvié el tema. Sonreí más grande. Él asintió, pero no convencido
Logan frunció el ceño, dio un paso hacia mí y abrió la boca como si fuera a decir algo más. Lo vi dudar. Vi esa maldita chispa de preocupación en sus ojos que me hacía temblar por dentro.
—Scarlett, espera
Me tensé. No podía dejar que me preguntara. No podía dejar que me viera más de lo necesario.
Di un paso atrás.
—Nos vemos luego, ¿sí? —dije demasiado rápido, como si el aire comenzara a quemarme los pulmones.
Me di la vuelta antes de que pudiera alcanzarme, antes de que pudiera insistir. Sentí su mirada en mi espalda como un peso, como un abrazo que no me atrevía a aceptar.
Y entonces sonó la campana
Y corrí como siempre a mi siguiente clase.
Como buena reina, yo no llego tarde. Yo hago esperar.
Narrado por Logan Carter
Ella se giró y se fue deprisa por el pasillo, con la falda ondeando al ritmo de sus pasos apresurados.
No volvió la vista atrás.
Yo me quedé ahí, quieto, con la mano a medio levantar, como un idiota que intenta atrapar algo que ya se le escapó.
Mis ojos la siguieron hasta que dobló la esquina y desapareció.
Y aún entonces seguí mirando.
Porque había algo en su forma de huir que gritaba auxilio.
Y algo en mi pecho que rugía por alcanzarla.
Vi su sonrisa.
Y su temblor.
Vi su piel perfecta.
Y la sombra bajo sus ojos.
Ella brilla pero algo en ella está apagándose.
Y juro por Dios que, aunque tenga que destruir el mundo para saber qué la está rompiendo
Lo haré.
Aunque me odie por preguntar.
Aunque me cierre la puerta en la cara y me diga que está bien cuando claramente se está cayendo a pedazos.
Porque conozco su risa.
Pero también he aprendido a leer el silencio entre sus palabras.
Y ese silencio grita más fuerte que cualquier porra en el estadio.
Así que sí.
Que tiemble todo.
Porque si tengo que arder para alcanzarla,
me prendo fuego sin pensarlo.
—¿Otra vez estás pensando en Scarlett? —La voz de Nate me hizo girar. Mi hermano apoyaba la espalda en la taquilla de al lado, comiéndose una barra energética como si no acabara de ver mi alma hacerse trizas.
—No empieces —murmuré.
—No necesitas decirlo, Logan. Se te nota hasta en la forma en que la miras.
Cerré el casillero de un portazo.
—No tengo idea de qué le pasa. Y me está matando no saberlo.
Nate suspiró, serio por primera vez en todo el día.
—A veces las personas esconden cosas que ni saben cómo explicar. Quizá lo único que puedas hacer es estar ahí.
Lo miré.
—No quiero estar. Quiero ayudarla.
—Entonces empieza por no dejarla sola —dijo, dándose la vuelta.
—Y cuando se derrumbe, que te encuentre de pie.
Se fue antes de que pudiera responderle.
Y ahí me quedé yo, tragándome las ganas de ir corriendo a buscarla.
Porque sí, tal vez no puedo salvarla todavía.
Pero puedo empezar por no soltarla.
Narrado por Scarlett Vale
La cafetería olía a wafles recalentados, café aguado y mentiras.
El desayuno escolar siempre tenía ese aire de rutina forzada, como si alguien intentara convencernos de que todo estaba bien solo porque había bandejas alineadas.
Me senté con las chicas en nuestra mesa habitual.
La mesa de las populares. Las reinas. Las perfectas.
Brooke ya tenía su vaso de jugo light en la mano y hablaba sin parar sobre su último t****k viral.
Lana se quejaba de la nueva porrista suplente, porque según ella tenía “piernas de ardilla” y “arruinaba la simetría visual”.
Yo sonreía.
Asentía.
Me reía en los momentos correctos.
Mi bandeja tenía una tostada y una rodaja de manzana.
No porque tuviera hambre.
Sino porque las apariencias pesaban más que los carbohidratos.
—¿Vas a comer eso o solo es decoración? —preguntó Brooke con una risa maliciosa.
—Estoy bien —respondí, y empujé la bandeja como quien dice “esto no me interesa, soy superior a todo”.
Pero me ardía el estómago.
Por el hambre.
Por la ansiedad.
Por todo.
A lo lejos vi a Logan entrar con Nate, y sentí ese pinchazo ridículo en el pecho.
Él me buscó con la mirada.
Lo vi.
Y aparté los ojos antes de que pudiera leerme de nuevo.
—Te juro que si no bajamos al ensayo en cinco minutos, la entrenadora va a gritarnos hasta que nos sangren los oídos —dijo Lana, recogiendo su bolso con dramatismo.
Me levanté con ellas.
Fui la primera en sonreír.
La última en sentirse entera.