Capítulo 2: Entre la multitud solo ella

441 Palabras
Narrado por Logan Carter El desayuno escolar era lo más parecido al infierno con charolas de plástico. Mis compañeros del equipo hablaban de jugadas, de la final del viernes, de la nueva chica que se había sentado al fondo del salón de ciencias. Yo asentía a todo sin oír nada. Mis ojos estaban en ella. En Scarlett. Estaba sentada en su mesa, rodeada de las porristas alfa, como siempre. Riendo. Fingiendo. Jugando el papel de reina perfecta que todos amaban. Pero yo sabía leerla. Sabía cuándo esa risa era de verdad y cuándo se le estaba cayendo por dentro. No había tocado su desayuno. Solo tenía esa maldita tostada seca en la bandeja y una manzana que parecía más adorno que alimento. Y cuando Lana dijo algo —algo con veneno disfrazado de chiste—, ella solo sonrió más fuerte. —¿Otra vez mirando a tu musa? —preguntó Nate, dejándose caer en la silla de enfrente con su bandeja rebosando comida como si fuera a correr un maratón. —Cállate. —Solo digo, si vas a obsesionarte, al menos acércate. Tal vez ella también se esté ahogando esperando que alguien la saque del agua. No respondí. No podía. Porque en el fondo tenía razón. La vi levantarse con sus amigas. Derecha, perfecta, brillante como siempre. Pero sus pasos sus pasos no sonaban como los de alguien que caminaba firme. Sonaban como los de alguien que huía. Narrado por Scarlett Pasé por casa antes del ensayo. Solo tenía que recoger el uniforme nuevo. Mamá estaba en su estudio, como siempre. Rodeada de telas, bocetos y perfección. No me miró cuando entré. —Está en la percha. Le hice unos ajustes —dijo sin levantar la vista. Tomé el conjunto. Era más ajustado. La falda más corta. El top más entallado. Tragué saliva. —Pensé que ya estaba bien. —Estaba decente. No perfecto. Se giró. Me miró de pies a cabeza como si yo fuera uno de sus diseños mal hechos. —Scarlett, si vas a estar frente a cientos de personas el viernes, no puedes darte el lujo de verte hinchada. Frunció los labios, molesta. —¿Has estado comiendo algo con sal? Estás reteniendo líquido. No dije nada. Porque si hablaba, lloraba. Y llorar en su presencia era perder una guerra que ni siquiera había declarado. —Ve al ensayo. Y no te olvides de sonreír —dijo antes de volver a su boceto, como si yo no existiera. Sonreí. Claro que sonreí. Me fui con el uniforme colgado del brazo. Me sentía como una mariposa atrapada en su propio c*****o. Hermosa por fuera. Asfixiada por dentro.
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