—¡Zora! —Lo llamó su madre con un grito. No sonaba como un grito desesperado o asustado, sino más a como sonaba antes, cuando no tendía su cama, no acomodaba su cuarto o no le hacía caso en algo, cosa que pasaba muy seguido porque podía ser totalmente desordenado y desobediente cuando no tenía ganas de ordenar o simplemente el colegio le cansaba lo suficiente. Antes llegó a odiar, o a irritarle principalmente, ese tipo de gritos, ahora los extrañaba. Le hacían recordar a su vida como era antes, tranquila y sin los problemas que tenían ahora, que tenían que ver más o menos con sobrevivir una hora más en un mundo que ya estaba completamente arruinado. Antes vivían, no como ahora que respiraban con miedo, sin saber si en algún momento una horda de muertos vivientes llegaría y los mordería

