Zora puede ser adorable, tierno y dulce pero no por eso significa que no le guste el terror, los zombies, los fantasmas o el suspenso absurdo, en realidad era algo que lo unía con Mirko. Podían pasar un fin de semana entero tirados en el sillón o en la cama de alguno viendo películas o alguna serie de terror. Había estado emocionado por Halloween desde que comenzó octubre, tanto que parecía un niño que estaba a punto de salir a pedir dulces. Preparó el disfraz, consiguió una fiesta decente a la que ir, invitó a sus amigos, les insistió que fueran también disfrazados, poniendo la excusa de que sino lo hacían no les dejarían entrar, aunque la fiesta ni siquiera era suya y seguro no tenía ese derecho. No era una festividad importante, o que tuviera un valor sentimental para él o su entorno.

