—¿Padre el equilibrio del mundo es manejable?—pregunté al aire sabiendo que la respuesta jamás llegaría.
Silencio, absoluto silencio.
—Leí un libro en el mundo humano que habla sobre el equilibrio en el Mundo Espiritual, dice que ese equilibrio es manipulado por el Rey Luchestember, quien ostente el título tiene el poder de manipularlo—dije recordando un antiguo tomó que leí en mi última visita al mundo humano.
Una parte de mi esperaba, no mejor dicho, quería una respuesta, pero sabía que el Dios Creador no tendría tiempo para charlas tan triviales.
¿Por qué un Dios se preocuparía por algo tan simple?
El Rey de Todas las Razas del mundo humano es un nexo entre el Mundo Espiritual y el mundo humano, dicha conexión sirve para controlar los problemas que puedan surgir entre uno y otro.
Por eso siempre hay un heredero de ese poder aun cuando el que ostenta el título no tenga hijos.
—Padre, ¿crees que ese equilibrio nos afecta a nosotros?—pregunté nuevamente, aun sabiendo que no tendría respuesta alguna.
Silencio otra vez.
Padre no necesita preocuparse por algo tan trivial como lo que sucede en el mundo humano, ningún Portador de Joyas, aunque sea el Rey podría tener una oportunidad de acercarse a Padre.
Ni siquiera se puede enfrentar a uno de sus Hijos.
—Padre me convertiré en tu Hijo—dije desmaterializandome de mi habitación.
Haré que Padre se sienta orgulloso de mi.
…
El entrenamiento es duro, pero tiene sus beneficios.
Serafín es un buen maestro, muy paciente.
—Levántate Az, descansarás cuando logres derribarme—dijo él estirando su mano hacia mí.
La tome y de un envión el Décimo Primer Hijo del Dios Creador me levanto del suelo.
—Sabes que los humanos hacen algo llamado sexo—dije recordándome lo que aprendí en mi última visita al mundo humano.
—Así es—dijo él riéndose en el proceso—lo deben hacer para reproducirse—dijo al final tomando una espada del estante de armas.
—Debe ser asqueroso—dije recordando la escena que vi al bajar.
Los cuerpos juntos y unidos de una forma tan antinatural.
—Padre nos crea de una manera diferente, pero eso no quiere decir que la forma en que ellos lo hacen es la equivocada—dijo él señalandome el estante de armas.
Tome dos espadas, una en cada mano.
El peso y la hoja de estas era perfecta.
—Concéntrate aquí, él mundo humano seguirá allí mañana—dijo él empezando el duelo.
…
—Deja de lloriquear—dije lanzándole una espada a la Sirena o mejor dicho a la monstruosidad que tenía delante.
Uno de los tantos espíritus que libere de su cautiverio.
—Hemos visto más allá de hoy, el tiempo de la lucha se acerca—dijo una Portadora de Joyas que en algún momento fue hermosa, ahora parecía más un zombie que una humana.
—Dime más, se especifica—dije amenazándola con una espada.
—Lo que veo es lo que veo, no puedo ver nada más—dijo sin temerle a mi espada que estaba haciéndola sangrar.
—Lo que ves son acertijos y yo no tengo tiempo para acertijos—dije cortándole la cabeza.
Varios de los demás espíritus reaccionaron ante el ataque, pero ninguno se atrevió a mover un dedo en mi contra.
—¡Quiero que me digan como matar a Reichel Luchestember!—grité a los que estaban a mi alrededor.
Sirenas, Hadas, Vampiros, Portadores de Joyas y dos Quimeras.
—Su muerte no te dará ningún beneficio—dijo una Portadora de Joyas, un ancestro de ella.
—Si me lo da, si ella muere podremos cruzar la Puerta y destruir a los Dioses—dije acercándome a ella.
No se movió de su lugar.
—Dime cómo matarla—exigí frente a ella.
—Matarla romperá el equilibrio, su heredera no soportará la vida y su descendencia no logrará cubrir todas las grietas, matarla destruirá el mundo—dijo ella mirándome a los ojos.
Eso ya lo sabía y era exactamente lo que quería.
—No te mataré, te haré ver en primera persona como tu descendiente muere—dije tomando el collar de mi cuello.
La Portadora de Joyas comenzó a gritar y sin poder evitarlo fue succionada por el amuleto.
—Quiero la cabeza de Reichel Luchestember, quien me la traiga será libre—dije mirando a los que tenía aun a mi alrededor.
Algunos se movieron inmediatamente, otros lo dudaron por un segundo, pero al final todos se fueron.
La casa de la Familia Real de Todas las Razas sería un campo de batalla.
—No creo que logres matarla—dijo Ashmela llegando a mi con paso lento y seductor.
La Sirena había hecho un gran trabajo en la habitación, aunque no eran los únicos dones que tenía, aparte de ser una excelente estratega y guerrera, la antigua Reina Sirena tenía un poder espiritual abundante.
—Al menos así la debilitaré—dije tomándola de la cintura.
Ella se retorció entre mis brazos provocándome.
—Con cada lucha solo la haces más fuerte—dijo ella y eso me hizo enfadar.
El primer golpe fue con la palma abierta, el segundo fue un puño al estómago.
Ashmela se retorció sujetándose el estómago, pero se recompuso rápido.
—Su descendencia no es normal, cuatro dones antiguos despiertos en una misma época—dijo ella mirándome con toda su altura.
—¿Cuatro? Son tres dones antiguos—dije tomándola del cuello y elevándola del suelo.
—Yo no te miento—dijo ella con mucho esfuerzo.
La solté y le exigí que me diera más información.
—La Voz de Mando, el Canto de las Sirenas, la Voz de la Creación y la Inocencia del Nacido, no te olvides que sus nietos ostentan el Equilibrio de los Mundos, la Reina de Todas las Razas tiene en su descendencia más poder del que tu jamás podrías imaginar y mandar a algunos guerreros a intentar matarla solo la fortalecerá, su hijo, el que tiene la Voz de la Creación, su compañera es una humana que aún no conecta con su Loba, embarazada y ciega, la mayoría de su familia son Lobos, dales en donde más les duele, hembras y cachorros—dijo ella con una tranquilidad que me excito mucho.
Ya lo estaba pensando desde antes.
Un ataque a donde más les dolería.
Hembras y cachorros.
—Pensaré la manera de recompensarte por esto, mientras tanto podemos probar algunas cosas—dije tirándola al suelo.
La ropa desapareció con fuego y sin mucho juego más la penetre.