17- Go, foxes!

1905 Palabras
-¿¡El mismo horario!? -exclamamos Minnie y yo a la vez, levantando la vista del papel para mirar a Hoseok y Yoongi, que a su vez se miraron con las cejas enarcadas. -Así es -respondió Yoongi encogiéndose de hombros. -Pero... -mi amiga sacudió la cabeza, confusa-. ¿¡Como puede ser que la competencia de baile y el partido sea a la misma hora!? -Pues así lo han organizado los equipos de Busan -Hoseok apretó los labios-. Es una lástima. De verdad, chicos, me hubiera gustado estar ahí alentándolos. -Quería ver tu rutina -apreté el brazo de mi amiga, que me devolvió la expresión decepcionada-. ¿Ahora quién estará en las gradas gritando que eres la mejor? -Esto apesta -aceptó Minnie-. ¿No podemos pedirles que cambien los horarios? -¿En serio crees que tenemos voz para una cosa así? -el rubio la miró como si fuera tonta-. A diferencia de ustedes, yo estoy en mi último año de universidad y aún no he conseguido ni que me cambien la habitación. -¿No te la han cambiado el año pasado? -inquirió Hoseok con tono burlón. -Si, y me han puesto a un mocoso hormonal demasiado madrugador y ordenado. -No hables así de nuestro Jungkookie -el muchacho se rió-. Eh, chicas, lamentamos haber sido los informantes de esto. Pero realmente se nos hace tarde. Minnie -la llamó. -Sí, deberíamos ir a prepararnos -Yoongi comenzó a caminar y me hizo un gesto con la barbilla para que lo siguiera. Me crucé de brazos, mofada.  -Faltan unas tres horas... -¿Te parece poco? Hay que calentar, practicar un poco... -me miró con ojos entrecerrados-. Conocer a los chicos de Busan... -No me lo digas con ese tono: ya te he dicho que no. -No seas cobarde. -¿¡Cobarde!? -lo agarré del brazo para detenerlo. El muchacho me miró con mala cara-. Yoongi, eso es jugar sucio. Y además no... No voy a conseguirlo. -¿Por qué no? -Bueno... No es que sea Minnie, o algo así. -Te subestimas, Isabelle. Podrás con ellos. -¡Estamos hablando de coquetearles para que me dejen pase libre en la cancha! -exclamé, indignada-. ¡No puedo creer que me hayas pedido una cosa así! -Al menos inténtalo. -Sabes que no lo lograré. -No hay forma de que no lo logres: son sólo unos universitarios hormonales y tu serás una muchachita en shorts rojos.  -Si me lo haces ver así, mejor ni voy al juego. -Muy graciosa -me sacudió el cabello con b********d y yo me reí, captando algunas miradillas-. Serás una buena zorra. -¡Oye! -¿Qué? -fingió mostrarse ofendido-. Somos los zorros, ¿no? Esa es la mascota del equipo. Y tu eres la zorra. Lancé una carcajada. ¿Qué podía decir? Tenía razón. -¡Muy bien, muy bien! -decía seis, tratando de alentar al equipo que se había sentado en la banca a descansar-. ¡No estén nerviosos! ¡Podemos lograrlo! -Seis, imbécil, no hagas mi trabajo -comentó Yoongi, parándose frente a nosotros-. Escuchen: ¿oyeron alguna vez eso de lo importante no es ganar, sino divertirse? -todos asentimos con la cabeza-. Pues es pura mierda inventada por gente que no cree en sí misma y en que puede ganar. Nosotros vamos a ganar, ¿entendido?  -Das miedo, Suga -murmuré, bebiendo de mi botella. -Pues gracias, eso me han dicho -hizo una mueca-. Ahora bien, ¿¡todos saben qué hacer!? -asentimos. Me miró-. ¿Estás lista? Rodé los ojos a modo de respuesta. Mientras nos levantábamos con los nervios a flor de piel y salíamos del cuarto de ropa para entrar en el gimnasio, saqué mi celular y le escribí un mensaje a Minnie. ¡Fighting! La respuesta llegó rápidamente y era exactamente lo mismo. Me mordí el labio en una sonrisa y lo guardé.  Y allí estabas. Todos con sus camisetas blancas, sus cortes de pelo ordinarios y sus pieles bronceadas.  -La verdad es que los chicos de Busan no dan tanto miedo -murmuré en el oído de seis. -Es que nosotros tenemos a Suga, esa es la diferencia -respondió el muchacho en mi oído. Sonreí y frené de inmediato al ver que tres chicos de camiseta blanca se nos paraban en frente. Los tres tenían estúpidas sonrisas en la cara y, ya sea porque eran competidores del equipo contrario o no, me cayeron muy mal. -Así que los rumores eran cierto: a una chica en el equipo de Seúl -el del costado ladeó la cabeza. Tenía un lugar enorme debajo de un ojo, y pregunté internamente si era una verruga-. ¿No tienes miedo de jugar entre tantos chicos? -¿Por qué lo tendría? -respondí con rudeza. Sentí que seis me pellizcaba el brazo y di un respingo. Compuse una sonrisa y me corrí el cabello de la cara-. Digo, espero que me tengan un poco de piedad...  -¿Deberíamos? Mmm, no lo sé. ¿No sería eso trampa? -Yo creo que sería justo. Es decir, mira ésto -me acerqué a él y toqué uno de sus músculos con ambas manos. Me pareció asqueroso, pues estaba todo sudado, pero su sonrisa victoriosa me dijo que lo estaba haciendo bien-. Dios mío, mira cuánto músculo. Espero que no me golpees con ellos... -¿¡Bromeas!? ¡Eres una chica! ¡No podría hacerlo! Ahora fuí yo quien sonrió victoriosa. -Entonces, si no vas a golpearme con esos músculos... -me aclaré la garganta-. ¿Crees que esos músculos podrían llevarme a tomar algo luego del partido? -Dime qué y eso harán -el muchacho sonrió, y sus amigos me miraron como si fuera una chocolatina-. Me encargaré de que nadie te vaya demasiado en serio contigo, ¿okey? Pero que sea un secreto. -¡Omo! ¡Qué lindo! -me mordí el labio inferior y lo saludé con una mano, antes de girarme hacia seis e irnos hacia el lugar del gimnasio en el que se encontraba el resto del equipo-. Soy genial, ¿a que si? -Me dieron un poco de pena -respondió seis con una sonrisa enorme-. Pero sí, debo reconocer que has mejorado. La verdad es que no estaba acostumbrada al coqueteo con chicos desconocidos, así que no estaba tan mal. El silbato del descanso sonó y yo me dejé caer sobre mis rodillas, exhausta. Yoongi me levantó de un brazo y prácticamente me arrastró hasta la banca, con los demás. -Aún queda el cuarto tiempo -fue lo primero que dijo el rubio. -Estamos perdiendo, maldita sea -ocho se masajeó las sienes. Todo él era un charco de sudor y furia-. ¿¡Has visto lo que ha hecho el imbécil ese!? ¡Prácticamente me ha tirado al suelo! -Recuerden que el árbitro es de Busan -comentó dos, cabizbajo-. Y parece que tiene una pequeña debilidad por sus muchachos. -¡Que se joda! -¡SIETE, MALDITA SEA! -gritó Yoongi, enfadado-. ¿¡Y dónde mierda está nuestro director técnico!? -Gastroenteritis -murmuró tres, estirando un pie pues se había caído en una mala postura durante el primer tiempo-. Se ha ido a la mitad del partido. -Mierda... -Pero te tenemos a ti -dije. El rubio me miró, con el ceño fruncido-. ¡Eres nuestro capitán, Suga! ¡Eres incluso mejor que el director! Es decir, vamos... Tu estás en el entrenamiento. Yoongi tragó saliva y asintió. Tomó la pizarra y comenzó a dibujar algo rápido. -¿Qué haces? ¿¡Vas a cambiar las jugadas!? -exclamó cinco, sacudiendo la cabeza. -Pues tal parece que las que teníamos eran una mierda, porque estamos perdiendo cuarenta y ocho a cincuenta y uno -se rascó la cabeza y nos enseñó la pizarra-. Siete y cinco, ustedes estarán aquí. Doce, en el medio. Eres veloz y enana, te quiero a mi lado -asentí-. Tres... Mientras Yoongi daba explicaciónes, saqué mi celular. ¿Cómo van? Minnie: ¡Jimin y Hobi ya han hecho su rutina! ¡Son jodidamente geniales! Tienen al jurado en la palma de la mano ¿Y tú? Minnie: Me toca la próxima. ¿Ya están en el cuarto tiempo? Así es. Estamos perdiendo 48-51 Minnie: ¡Pues todo es posible! ¡Tu puedes, maldita sea! Me reí en voz alta y dejé el teléfono a un lado cuando el silbato sonó, anunciando el comienzo del cuarto y último tiempo. -¡Zorros! -exclamó el arbitro-. ¡Alcones! Todos nos pusimos en posición.  Ladeé la cabeza hacia el rubio, que también me miró. Sonreía. ¿Por qué sonreía? Me reí y aparté la mirada. Maldición, aún podíamos ganar. ¡Pero claro que podíamos! Tiempo. Pestañeé lentamente, como si me encontrara en una película. Levanté la barbilla para mirar el marcador y luego volví a bajarla. Giré y me encontré con Minnie, Hoseok y Jimin entrado precipitadamente al gimnasio. Los tres miraron el marcador y sus sonrisas se borraron. Volví a girar sobre mis talones, Yoongi se tiraba del cabello y seis se restregaba los ojos. ¿Cómo...? ¿Cómo podía ser que...? Íbamos ganando, y entonces Sr. Músculos había... Había anotado. Pero... ¿Cómo? -¿¡Lo has visto!? ¡Nena! ¿Lo viste? -exclamó el de la verruga espantosa, corriendo hacia mi. ¿Cómo mierda no lo iba a ver? ¡Habíamos perdido el partido gracias a ese lanzamiento de último momento! -S-Sí -respondí, algo turbada. -¿Entonces? -me guiñó un ojo-. ¿Qué me dices de invitarte a beber algo? De repente, todo dejó de ir a cámara lenta.  -¿Sabes qué, imbécil? ¡Que te jodan! ¡Con esa verruga asquerosa ninguna chica querrá salir contigo nunca! ¿Y esos músculos? ¡He visto mejores! ¡Me repugnas! ¡Imbécil!  Salí de allí, totalmente consciente de que se me había ido la mano. Y es que, ¿cómo podía invitarme a salir luego de haber jodido el partido? ¿Era un chiste? -¡Eres una zorra! -oí que decía detrás de mí. Entonces, como un rayo, vi que alguien pasaba a mi lado y luego oí un sonido de dolor. Me giré justo cuando vi al de la verruga en la cara caerse hacia atrás y a alguien agarrando a Jimin para que no volviera a empujarlo. -¿Pero qué...? -comencé, sorprendida-. ¿Qué haces? -¡Te ha llamado zorra! -exclamó, tratando de soltarse del agarre de seis y tres-. ¡Suéltenme! ¡Le romperé la boca! -¡Jimin, cálmate! -exclamé, sacudiendo la cabeza-. ¿Qué... te pasa?  -¿Que no lo has escuchado? -Es problema mío lo que diga. Ya lo sabes: mi equipo, mi problema. Seis y tres lo soltaron y Jimin se me quedó mirando con la boca entreabierta, exasperado. -¿Por qué...? ¿Qué...? -Ah, por cierto -lo interrumpí-. Felicidades -bajé la mirada y admiré la medalla dorada que pendía de su pecho-. Al menos uno de los dos lo ha logrado, ¿no? ¿Sonaba egoísta? No era mi intención. Realmente me alegraba de él, Minnie y Hobi hubiesen ganado la competencia; pero aún así me dolía haber perdido el partido. Lo normal, ¿no? Habíamos estado mucho tiempo practicando para... Para que el equipo contrario encestara en el último segundo. Y no es que fuese una chiquilla quisquillosa; sabía perfectamente que el equipo de Busan no tenía por qué ser peor que el nuestro, pero aún así me... Me dolía. -¿Sabes una cosa, Isabelle? -inquirió Jimin. ¿Isabelle? ¿Por qué Isabelle y no... Belle? El brillo dolido en sus ojos me hizo retroceder un paso, como si mi inconsciente quisiera resguardarse de lo que venía-. Vete a la mierda. Vi a Jimin marcharse sin mirar atrás, haciendo resonar sus pisadas y empujando al equipo de Busan para seguir su camino.  -¿Is? -inquirió seis, apoyándome una mano en el hombro-. Is, no llores. ¿Estaba llorando? Apreté los labios, sintiendo como las lágrimas caían por mis mejillas, y negué con la cabeza. -No estoy llorando, sólo estoy... -sollocé-. Emocionada. -¡Isabelle! -exclamó Yoongi, corriendo hacia mí. Se veía casi angelical, sin ningún ceño fruncido que ensombreciera sus facciónes. Parecía casi... ¿Apenado?  Me abrazó. No, no sólo él. Todo el equipo me abrazo, como si fuéramos una gran bola humana.  Comencé a reírme, aunque mi corazón me gritaba que siguiera llorando. Me gritaba que corriera a buscarlo. A él. A Jimin. -Que se vaya a la mierda, ¿me oíste? -tres me dió un coscorrón-. ¡Vamos a beber! -¡A beber! -lo siguió otro-. ¡Sí! -Vayamos a festejar, doce -Yoongi sonrió-. ¡Todos necesitamos una jodida cerveza para festejar el que hayamos estado a un segundo de ganar! ¿¡No les parece!? -¡Claro que sí! -¡A bebeeeer! -¡Eeeeeeeh! Me reí y los seguí, caminando por el gimnasio. Y sin embargo, lo último que hice antes de desaparecer fue echar una última mirada sobre mi hombro para ver si le encontraba.  "-¿Sabes qué, Isabelle? Vete a la mierda."
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