El sudor caía por mi frente como una cortina que separaba mi concentración del resto de mis pensamientos. Piqué la pelota por el suelo. Me detuve. Miré a mi alrededor. Amagué con ir hacia la izquierda, giré, pasé bajo el brazo del seis, me reí en la cara del diez, pegué un salto despegando los talones del suelo y...
El silbato de Yoongi resonó por todo el gimnasio, dando a entender que había encestado.
-Genial -dijo seis, golpeando un hombro con bastante b********d.
Me reí y le devolví el golpe.
Habían pasado dos noches desde el incidente del video. Dos días en los que había dormido con Minnie, alegando que necesitaba máxima concentración y no quería distracciónes. Jimin se lo había tomado muy mal, pues luego de cambiar de habitación cada que me miraba lo hacía con el ceño fruncido y no se dignaba a cruzarme palabra. Y, en verdad, se lo agradecía, pues yo tampoco quería hablarle. E incluso de haber podido, ¿qué le iba a decir? La situación era demasiado humillante.
Sabía que ni bien pusiera un pie en el campus sería el az de todas las bromas, puesto que ese video era jodidamente viral (al parecer me había vuelto muy popular en los últimos dos días). Me importaba una mierda, realmente. Ahora toda mi concentración estaba en el partido. El partido que se aproximaba. El partido que definiría qué tan buena era nuestra universidad y sólo nos quedaba éste día para practicar.
-¡Alto! ¡Descansen! -exclamó Yoongi con voz entrecortada, corriendo hacia un costado para tomar agua del las botellas.
-¡Pero...! -me quejé.
-¡Doce, cierra el pico o mañana te dejo en la banca!
Sin embargo, sonreía. Y todos sonreíamos, porque si no sonreíamos nos echaríamos a llorar. Los nervios se sentían por todo el equipo, puesto que el día anterior habíamos visto un entrenamiento libre del equipo de Busan y... madre mía, sí que sabían jugar. ¿Lo bueno? Era la única chica y, como había dicho suciamente Yoongi: los chicos tratan con cuidado a las chicas durante los partidos. Y sin embargo, luego de tanto entrenamiento, yo estaba más echa un toro que una chica. ¿Creían que era débil? ¡Já! ¡Yoongi no me había echo entrenar como esclava! Ya no era ninguna pitufa, tenía mis buenos adominales y mis brazos eran fuertes. Y me sentía... ¿cómo me sentía? Heroica. Salvaje. Quería escupir en el suelo y pegarle a la gente a la cara, y tal vez se debía a tanto contacto con tanto hombre sudoroso pero... ¡Qué bah! ¡Me estaba metamorfoseando y se sentía genial!
Si tan fuerte eres, ¿por qué no te has defendido con las plásticas?
En primer lugar, no importa cuán fuerte seas, cinco contra uno es injusto. Y en segundo lugar, en un momento tan alucinante como ése lo único que había podido hacer fue quedar en shock y suplicar como una tonta. Pero no, por supuesto que no me volvería a dejar hacer. Si se les ocurría volver, respondería.
Oh, vaya que respondería.
Levanté una botella y bebí hasta saciarme, o sea hasta casi acabarla. Rebusqué mi toalla y me limpié el sudor de la frente y el cuello. Sí que hacía calor esos días.
-Doce -murmuró un chico detrás de mi.
Me giré. Era tres, uno de los que mejor me caían.
-¿Sí?
-¿Qué paso con Jimin?
Fui poco consciente de mi expresión, pero intuí que había palidecido porque el muchacho se apresuró a darme su botella de agua, que yo amablemente negué.
-¿Por qué me preguntas eso? -inquirí, algo molesta.
-¿Vas a ignorarlo todo el tiempo?
-¿Es que eres su seguidor, o algo así?
-No eres la misma doce desde lo del video -hizo una mueca y me apretó un hombro-. Solo digo que si lo extrañas, y él te extraña, deberías hablarle.
-¿Y por qué no me habla él? -respondí con una sonrisa sarcástica.
-Porque te has cambiado de habitación sin avisarle y porque... Es Jimin.
Fruncí el entrecejo y, antes de poder responder cualquier cosa, siete apareció detrás mío y me alzó en el aire.
-¡Lo has hecho bien, Isabella! -exclamó.
No pude evitar soltar una risita cuando me dejó nuevamente sobre el suelo. Tres hizo una mueca y se marchó sin decir nada.
-Aish, estoy tan nerviosa -Minnie yacía acostada sobre su cama deshecha, con una coleta despeinada y la blusa transpirada-. ¿Y qué tal si me equivoco?
-No te equivocarás -le dije, como por decimoquinta vez-. Y si lo haces, entonces, ¿qué importa? Eres un ser humano, Jimin.
Hizo un puchero y sacudió la cabeza infantilmente.
-¡No quiero equivocarme! Y menos junto a esas imbéciles...
Dejé el teléfono en el que estaba tecleando hace un rato y miré al frente sin inmutarme. Hacía dos días no hablábamos del tema, y de repente... Bueno, ¿quién podía culparme? Me sentía curiosa.
-¿Qué sucedió con ellas? Y con el video, ya sabes...
-Pues... -Minnie clavó la mirada en el techo-. La verdad es que no tuvieron pruebas de ningún video porque no los encontraron en sus teléfonos (aunque dudo que nuestros profesores de baile estén muy interesados en el cyberbullying de la universidad) -rodó los ojos-. Y cuando se subió el video... Bueno, no es que aparezcan ellas en él; así que tampoco hay pruebas de que hubiesen sido ellas.
-Claro...
-¡Lo cual es una total idiotez porque hemos avisado antes de que fuera subido! Aigoo -se despeinó la coleta.
-Tampoco es que tengan que interesarse tanto. De hecho, ni siquiera importa.
-¿¡Ni siquiera importa!? -mi amiga se levantó de golpe, clavándome una mirada confundida-. ¿Cómo no iba a importar? Si...
-Estamos en la universidad, Minnie. Ésto ya no es la escuela media -sonreí fríamente-. Da igual.
-¿No temes que arruine tu carrera?
Dios mío, no lo había pensado.
La sonrisa se borró de golpe de mi rostro. Tragué duro y arrojé el celular al escritorio, que sonó realmente mal e hizo dar un respingo a Jimin en su lugar de la sorpresa.
-Qué mierda -me rasqué la nuca-. A lo mejor puedo dedicarme al deporte toda la vida y, cuando sea lo suficientemente adinerada, puedo mandar a eliminarlo de la internet.
-¿Es eso lo que quieres? ¿Ser deportista? Y la universidad para que...
-O tal vez pueda volver a mi país, no lo sé -supe que mi mejor amiga me miraba con recelo, por no decir dolor, desde su cama. Cerré los ojos y suspiré-. No quise decirlo así, es sólo que...
-¿Y no te importa? ¿Éstos años en la universidad no importan para nada? Yo... -hizo una pausa-. ¿No te importo? ¿Me dejarías aquí, sola, y...?
-¿Sola? -abrí los ojos de golpe y la vi sobre un hombro-. ¿Sola, tú? ¿Desde cuándo, Minnie? La única que estaría sola sin la otra aquí soy yo; y ambas sabemos eso.
-Izzy...
-Lo siento, también estoy nerviosa por el partido y eso me pone de mal humor -me reí sarcásticamente-. Pero no puedes decir que no tengo razón.
Mi amiga se levantó de la cama y fue a sentarse frente a mí en la pequeña mesa del pasillo.
-¿Qué te sucede, mejor amiga del mundo? Dime -insistió.
-¿De qué hablas?
-Estás... cambiada. Éstos últimos días, tu...
-Yo fui humillada públicamente por cinco plásticas, he terminado con un chico con el que ni siquiera he empezado a salir, mi mejor amiga y su novio (del que no tenía ni idea hasta que los vi comiéndose el uno al otro) me han traicionado y mañana tengo un importarte partido de básquet en el que seré el objetivo de todas las burlas; no sólo porque soy la única chica sino también porque hay un video en el que estoy semidesnuda y lesionada. ¿Qué quieres que te diga, Minnie? No han sido mis mejores días.
Se quedó callada un segundo, y descubrí que detrás de su expresión seria y casi enfadada estaba dolida.
Pues yo también estoy bastante dolida.
-¿Ésto empezó por Hobi? ¿Porque no te lo conté? -sonrió con tristeza-. Pues no soy la única que no ha hablado: tu no me habías contado absolutamente nada sobre Jimin. ¿Terminaste con él cuando ni siquiera habían empezado? ¿Eso qué se supone que significa? Y no he sabido que han tenido sexo hasta que han subido ese maldito video, para empezar. ¿Se supone que una mejor amiga no le cuenta eso a la otra?
-No hemos tenido sexo.
Jimin me miró como si me hubiera vuelto loca.
-¿¡Que no han tenido...!? ¿Y ahora me mientes?
-¡Que no hemos tenido sexo! ¿Cuándo te he mentido? -sacudí la cabeza-. Sólo hemos... Bueno, esas cosas, pero no hemos llego al sexo.
-Pues es un alivio -suspiró y yo la miré con interrogación-. Es que yo tampoco he tenido sexo con Hoseok, y la verdad es que me preguntaba por qué tardaba tanto en tener iniciativa... Ahora sé que es cosa de amigos.
Nos quedamos mirando un segundo, en silencio, y después comenzamos a reírnos a carcajadas.
-¡Hoseok es un caballero! ¡Por eso no tiene iniciativa! -le reproché entre risas.
-¡Tu Jimin es un pervertido! -se limpió una lágrima de risas y luego ladeó la cabeza, al ver que yo apartaba la mirada-. ¿Quieres contarme de qué me perdí?
Borré la sonrisa de mi rostro.
-Pues... -suspiré hondamente-. Justo después de vernos fuimos a la habitación y... Bueno, hablamos. Me dijo cosas que... -me mordí la mejilla interna-. Me dijo que quería que fuera su novia.
-¿Y tú le dijiste que no? -me encogí de hombros-. ¿¡Por qué!?
-No puedes juzgarme: si hubieras sido tu la del video entenderías perfectamente por qué no quiero con él.
-¿Ésto es por un jodido video? ¿Es por eso que has estado así de mala estos días? -chasqueó la lengua-. Déjame decirte algo, amiga: que les den. Es sólo un jodido video y sí, es humillante y horrible lo que te hicieron, pero no puedes quedarte en una esquina con cara de que odias al mundo. Menos que menos cuando lo que más ha estado doliéndote es estar lejos de Jimin. Y no, no me mires así; te conozco y sé que le extrañas. Y déjame decirte algo: él también te extraña. Hoseok ha estado consolándolo y él sólo repite que no sabe que hacer para tenerte de vuelta -sentí que se me rompía el corazón-. Necesitas un consuelo... ¡Así como cuando tus padres te compran un dulce cuando te caes, y de repente no sientes dolor! Es porque en realidad no importa demasiado, porque en el fondo lo importante está.
-¿Y lo importante es el dulce?
-Lo importante es Jimin, en éste caso. Dime tú si él el dulce.
Aparté la mirada, sonrojándome.
-Mantendremos... las cosas como están hasta después del partido. No necesito distracciónes ahora.
-¿Distracciónes? Estoy segura de que piensas en él todo el día.
Y así era. Al menos cuando no estaba entrenando. Pero no es que fuera a darle la razón.
-Necesito un trago -murmuré.
-¿Después de la última vez? Deja, no más alcohol para ti -entrecerró los ojos, desafiándome con la mirada-. ¿Qué te parece un café?
-¿Café? -arrugué la nariz.
-¡Café! ¡Como en los viejos tiempos! Bueno, sólo han pasado... ¿Cuánto? ¿Una semana? Dime, ¿no los extrañas?
-Bueno... Daría lo que fuera ahora mismo por tomarme un...
-¿Un qué?
-Un caramel macchiato -se me rompió la voz y Minnie me miró confusa.
-No me refería al café, tonta. Me refiero a tus personajes.
-Buau... casi los había...
-¿Olvidado? -asentí con las cejas enarcadas y ella soltó una risita-. Pues tus lectoras estarán muy, muy enojadas contigo. Ahora bien, ¿qué me dices de ese café?
-Lo acepto.
Minnie me hizo un gesto con la cabeza y ambas salimos de la habitación para encaminarnos al piso de abajo e ir a por ese café de máquina. ¿Asqueroso? Totalmente. Pero asimismo resultaba satisfactorio.
-¡Cierra la puerta! -exclamó mi amiga, corriendo por el pasillo.
Me volví y la cerré, y luego quise girarme y volver a correr para seguirla tropecé con un cuerpo duro.
-¡Oh! ¡Lo s...! -tragué saliva-. Jimin.
El pelirrojo me miró, completamente serio. Apartó la mirada un segundo.
-Suerte mañana en el partido -dijo.
-Y tu en la competición -respondí.
Y cada uno siguió en diferente dirección.