13- No hagas ruido

1672 Palabras
-Cuidado -Jimin sostuvo la puerta de la habitación y me agarró del brazo para meterme. -Ya está, ya estoy bien -tambaleé en el umbral y me solté del agarre del muchacho-. Ya no estoy ebria. -No puedes ni caminar sola. -Sólo estoy entonada. Soy perfectamente capaz de caminar sin ayuda. Jimin bufó y me soltó, para luego cerrar la puerta y dejar las llaves sobre la mesita de la entrada. Caminé hasta la cama y me dejé caer sobre ésta, rebotando varias veces en el colchón. Estiré la mano para quitarme los zapatos, pero me fue un trabajo demasiado pesado, así que lo dejé y procuré quedarme recta para no marearme. -¿Te encuentras mejor? -inquirió el pelirrojo llegando a mi lado. -Estoy bien. Y era cierto: luego del pequeño incidente con el flacucho de la fiesta y el puño de Jimin, ambos habíamos decidido irnos. Sin embargo, nos costó mucho convencer a Hoseok y Minnie y también nos costó encontrar a Yoongi (se había escondido debajo de la tarima porque no quería irse). Así que nos pasamos como dos horas más dentro del lugar, mientras el alcohol en mi sangre era rebajado por la cantidad de comida que Jimin me había comprado en la barra.  En pocas palabras, ya no me sentía tan perdida como momentos antes. -¿Aún lo quieres? -inquirió, acuchillándose delante de mi y mirándome con dulzura. -¿Qué cosa? -Que duerma contigo. -Ah... eso -aparté la mirada y me sonrojé. ¿Por qué le habría dicho una cosa tan estúpida?-. N-no... Yo... O sea, si quieres... -Quiero -se paró, sonrió y se quitó la polera por la cabeza en un acto rápido y enérgico-. Quiero. Sentí que se me secaba la boca. Jimin llevaba una remera negra debajo, sin mangas, que me permitía ver perfectamente la musculatura de sus brazos. -Debería ponerme el pijama -me levanté deprisa, alargando una mano con la que tantear la pared-. Sólo déjame... Su brazo pasó por mi cintura, atrayéndome hacia su espalda. -No hace falta -le oí sonreír a la altura de mi oreja y me estremecí-. Déjame ayudarte, Belle. Su brazo me soltó y sus dedos me hicieron cosquillas en la piel del cuello cuando retiró mi pelo y lo puso sobre el hombro. Deslizó los dedos hasta el cierre del vestido y comenzó a bajarlo lentamente. -¿Q-qué haces? -murmuré, con la voz fatigada-. ¡Yo puedo sola! -Sí, sé que puedes -sus dedos dejaron de tirar del cierre, que ya iba por la mitad de mi espalda. Sentí su respiración en llamas sobre mi cuello y luego cómo sus labios se posaban en un tímido beso sobre mi hombro; un pequeño gesto que le mandó ondas eléctricas a todo mi cuerpo-. Pero yo lo hago mucho mejor. Mierda. Cerré los ojos ante aquellas palabras, como si mi cuerpo cayera lentamente en un mar de sensaciónes cálidas y que olían como a Jimin. Pronto sentí sus manos fuertes volver al cierre de mi vestido y bajarlo de un tirón hasta la parte baja de la espalda. Solté un gemido ahogado justo cuando Jimin me giraba sobre mis propios pies para verme a la cara. -Estás toda colorada -llevó una mano a mi mejilla y sintió el calor de mi piel. En sus labios carnosos se dibujó una sonrisa ladina-. ¿Será por el alcohol? -No, tengo mucho calor. -¿Siempre tienes calor cuando bebes? -No lo sé. -Tal parece que sí, porque no es la primera vez la necesidad de sacarte el vestido -se rió bajito-. Aunque sí es la primera vez que yo acepto sacártelo. Me sonrojé aún más por sus palabras. Si hubiera estado totalmente sobria habría salido corriendo de allí. Habría pensado que eso era demasiado y no podría volver a verle a la cara. Si hubiera estado totalmente ebria, me habría reído y le habría rogado que me follase allí mismo. En ese momento me encontraba en el limbo: era capaz de sentir y desear en el silencio de mi mente cada gesto de sus manos; y era incapaz de negarme a lo que mi cuerpo me rogaba de rodillas que hiciera. Me sentía bien, allí, con Jimin. Me sentía cuidada, deseada y sabía que si él me tomaba entre sus brazos sería la persona más bendecida de Busan. -¿Puedo? -inquirió, tocando mis hombros. ¡Encima pregunta! ¡Aish!  Asentí débilmente con la cabeza, sintiéndome afiebrada por el alcohol y el calor que emanaban nuestros cuerpos.  Jimin deslizó mi vestido sobre mis hombros hasta mis brazos, y bajó de allí hasta mis codos. Mi corpiño de encaje n***o quedó descubierto y el muchacho abrió un poco los ojos al verlo. No dijo nada. Se agachó un poco e hizo un poco de fuerza para que el vestido pasase por mis caderas, dejando mis braguitas frente a sus narices, y terminase en el suelo. -Ya está -dijo, parándose. Asentí nuevamente y me giré para meterme en mi cama y taparme bien con las mantas. Jimin yacía parado, mirándome con expresión adormilada. -¿Vienes? -inquirí, haciéndole espacio. El muchacho se mojó los labios y, sin dejar de mirarme, se llevó la mano al cinturón del jean. Sentí una punzada en la parte baja del vientre cuando, de una rápida maniobra, logró desabrochar el cuero y luego bajó la bragueta de sus pantalones.  Dios mío, nunca había estado tan excitada en mi vida. Incluso tuve que apretar con fuerza los puños para no llevar las manos a dónde... mi cuerpo me pedía que lo hiciera.  Jimin dejó caer sus pantalones, quedando en boxer blanco, y quitó su musculosa negra para dejarla también en el suelo. Su cabello naranja y despeinado caía sobre su frente, sus ojos serios y gatunos me miraban fijo y sus labios yacían entreabiertos. Volvió a mojarse los labios y descubrí un destello rojizo en sus mejillas. ¿¡Se había sonrojado!? Me permití admirar su increíble cuerpo de Dios griego, su torso de barra de chocolate, sus brazos de maní y sus muslos de miel. ¿Por qué tenía que compararlo con comida? ¡Es que Park Jimin está para comérselo!  El muchacho caminó hacia mi y se metió debajo de las sábanas, a mi lado, tapándose hasta el cuello como yo y descansando la mejilla sobre la almohada para verme. Sonreí, sintiéndome tonta. -Hola -murmuré. El muchacho sonrió. -Hola -dijo, y se mordió el labio inferior-. ¿Tienes sueño? Si duermo, soñaría contigo. -No. -¿Tienes hambre? Sólo de ti. -No. -¿Te duele el cuello? -Jimin señaló su propio cuello, donde me había mordido el flacucho. Ni siquiera lo recordaba, pabo. -No, Jimin. -¿Y tienes sed? Me levanté de golpe, sorprendiéndolo, y me senté a la altura de su vientre. El muchacho abrió mucho los ojos y llevó las manos a mi cintura. -Sí, tengo sed -hice un puchero-. Tengo muchísima sed. El pelirrojo sonrió tanto que sus ojos desaparecieron. -Sigues ebria, por lo visto. -Estoy bien -insistí-. O lo estaría si cuidaras de mí. -Eso trato de hacer: cuidar de ti. -Sabes a lo que me refiero. -Soy un caballero, Belle -levantó una mano y me acarició una mejilla-. Sólo dormiré contigo esta noche. -No cuidas bien de mí. -Belle... -Por favor... -tomé su mano, acunándola en mi mejilla e inspiré hondo-. Te prometo que serás el mejor de los caballeros de brillante armadura y de los príncipes azules si haces ésto por mí. -No voy a acostarme contigo, bebé -se sentó, quedando sus labios a la altura de los míos-. Pero puedo cuidar bien de ti esta noche. Sus manos se pegaron a mi cuello y sus labios a los míos. Sentí como succionaba lentamente el labio superior, haciéndome temblar de nervios y deseos de más. Lamí su labio inferior y lo mordisqueé suavemente porque, en serio, siempre había querido morder esos labios carnosos. Me separé un poco de él para admirar el tono rojizo que habían adquirido; y cuando volví a besarlo él tomó el control y mordió con fuerza mi labio superior. Solté un gemido que fue ahogado dentro de su boca. Sonrió y pronto sentí su lengua jugar dentro de mi boca. Mi corazón iba a mil, sentía escocer mis zonas erógenas y sólo podía aferrarme al cuello de Jimin como si mi vida dependiera de ello. Un subidón de adrenalina me cosquilleó en la barriga y me animé a hacer un lento y corto movimiento hacia adelante y atrás. El muchacho abrazó mi cintura y giró conmigo, depositándome bruscamente sobre el colchón y posicionándose entre mis piernas. Su lengua salió de mi boca y sus dientes mordieron levemente mi barbilla, mientras imitaba mi movimiento hacia adelante y atrás. Sentí su erección entre mis piernas, frotando la tela de mis bragas, y no pude menos que arquear la espalda y soltar un: -¡Ahh! -clavé las uñas en su espalda, incitándolo a hacerlo de nuevo. Eso hizo, se movió hacia atrás y cuando lo hizo hacia adelante se frotó contra mí, moviéndome en mi lugar. Como si fingiera una penetración-. S-sí... -Shh -sonrió y cuando por fin le miré a los ojos, sentí otra descarga eléctrica por todo el cuerpo. Sus ojos, fieros como un tigre, estaban clavados en mí. Todo ese tiempo lo habían estado-. No hagas ruido. Las paredes son angostas, alguien podría oírnos. Asentí y enrollé las piernas en torno a su cintura, incitándolo a seguir. Jimin volvió a frotarse contra mí, desde mi primerísima zona erógena hasta mi punto G, describiendo un semicírculo que me hacía ver las estrellas. -¡J-Jimin! ¡Ahhh... mierda!  Le oí reírse bajito y, con un nuevo movimiento, su sonrisa se borró. Sus labios se entreabrieron y luego le vi morderse con fuerza el labio inferior. ¿No querían que le escuchacen? -Oh... Belle -gimió.  Gimió y fue suficiente para mí. Clavé con fuerza las uñas en su espalda, arqueé la espalda y me apreté con fuerza en torno en a su m*****o erecto. Un cosquilleo naciente en mi sexo subió por mi vientre y terminó en todas mis extremidades, relajándome por completo y haciéndome abrir la boca en un quejido silencioso de placer. Jamás te has venido tan rápido... ¡Dios mío! ¡Este Jimin es un maestro del Kung Fu en la cama! El muchacho paró y se recostó a mi lado. Tragó saliva y admiré su preciosa cara y esa capa de sudor que le cubría la frente y el pecho. -Belle... -¿Mmm? -No dejes que nadie más cuide de ti. -¿Qué? -Déjamelo a mí, ¿sí? No respondí al instante. No porque no quisiera, sino porque entender lo que me estaba proponiendo era tanta información junta que no cabía en mí tal nivel de felicidad. -Sí.
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