Sólo tuve tiempo de borrar la sonrisa tonta de mi rostro para transformarlo en una máscara de puro horror, antes que Jimin se parara de golpe, aferrara mi muñeca con una mano, y tirara de mi hasta el final del colectivo.
Prácticamente me empujó a un asiento y ocupó el otro, con el torso totalmente girado hacia mí.
Gracias a que Minnie iba borracha, a Yoongi no le importaba una mierda y Hoseok manejaba, casi se preocupó realmente por su salud. Porque, en serio, Jimin ahora mismo me miraba como si quisiera devorarme con la mirada.
-¿Q-qué haces? -inquirí, roja de vergüenza.
-Dijiste que te gustaba.
-No, dije que me parecías hermoso -sonrió y yo cerré los ojos con fuerza-. Sólo olvida lo que dije, por favor.
-Lo siento, ya es muy tarde -se rió bajito, haciendo que lo mirara de vuelta-. Ya te lo he dicho antes: te he encontrado. Y sólo necesitaba confirmar el que tu sintieras lo mismo.
-Alto, ¿el que sintiera lo mismo?
Ladeó la cabeza con simpatía y se quitó los anteojos.
-¿Qué? ¿Vas a decirme que eres lo suficientemente inocente como para no haberte dado cuenta?
La verdad es que vi tu erección anteanoche, no sé qué tan inocente sea a este punto.
-¿P-perdón? -repetí, sintiéndome estúpida. Pero, la verdad, no me lo creía-. Oye Jimin, no hagas esto.
-¿Hacer el qué? -se acercó más a mí, logrando que yo me pegara al cristal de la ventana.
-Digo que es mucho más fácil si hacemos como que no dije nada. Se me escapó, ¿sí? Y sí: creo que eres atractivo. Pero, ¿sabes qué? ¡Todas lo creen en la universidad! Así que no hace ninguna diferencia qu...
El muchacho se abalanzó hacia mi, callándome con un dulce beso. Sus labios carnosos hicieron presión contra los míos, castamente; y sólo pude pensar en lo mucho que quería mordérselos.
Pero me contuve.
Jimin se separó de mí y me miró con ojos brillantes; no mentiría si dijera que sus ojos me sonreían.
-La diferencia es que también creo que eres atractiva -sonrió de lado, y el flequillo naranja le cayó sobre un ojo.
Ay, era malditamente seductor y ni se daba cuenta.
Agaché la mirada, incapaz de seguirle mirando. Mis manos temblaban, mi corazón se había disparado y de repente era la persona mas torpe en la faz de la tierra.
¿Tierno? ¿Por qué creen que cuando una chica se pone nerviosa es tierna? ¡No lo es! ¡Para nada! Es una situación más que vergonzosa que nadie desea atravesar, y menos frente al chico que te gusta.
-¿Sigues pensando que soy hermoso? -murmuró, apoyándose contra el asiento.
-No, de repente te me haces bien feo.
-¡Yah!
Me reí y sacudí la cabeza.
Deja de mirarme. ¡Deja de mirarme tan fijo!
Sentí un cosquilleo en la pierna y bajé rápidamente la mirada temiendo que se me hubiera subido un bicho. Sin embargo, este bicho logró estremecerme de placer como ninguno.
Jimin caminaba sobre mi muslo desnudo con dos dedos, como una pequeña personita que subía lentamente. La alarma en mi cabeza se disparó, y mis hormonas comenzaron a correr de un lado a otros, escandalizadas.
-¿Q-qué te pasa? -solté con algo de b********d-.¡ Aleja tu mano!
Golpeé su mano, Jimin rió y volvió a atacarme con su mano, volví a pegarle, volvió a atacarme. Comenzamos una guerra de manos hasta que, de repente, su mano estaba firmemente sobre mi pecho.
Me quedé rígida, mirándolo con ojos como platos. El muchacho también me miró bastante sorprendido, pero no retiró la mano.
-J-Jimin, por favor...
-Lo siento -miró su mano aún sobre mi pecho, luego a mí y de vuelta a su mano-. No sé cómo pasó.
-¿Puedes... por favor quitar tu mano de ahí?
-Sí.
-...
-...
-¿Jimin?
-¿Sí?
-Aún no la has quitado.
-Lo siento -retiró la mano y amoldó su espalda al asiento, mirando hacia el frente con la barbilla alzada y una sonrisa pícara en los labios-. ¿Sabes qué? Tus tetas no tienen nada que envidiar.
Alargué la mano para pegarle en el hombro, pero con unos reflejos de lince el muchacho tomó mi muñeca y tiró de mí. Caí sobre él al perder el equilibrio y, de repente, pude sentir su tibia respiración en mi cama.
¿Cómo es posible que en tanto tiempo de vida me hubiesen pasado dos o tres cosas interesantes y de repente todo se había vuelto de telenovela?
Pues según estudios científicos eso se le llama el efecto Jiminnie pabo.
-¿Puedo decirte algo sin que me pegues? -inquirió con inocencia, ajeno a cómo mi corazón daba un vuelco.
-S-sí...
-Quier hacerte mía ahora mismo.
-No... -me salió la voz mucho más aguda de o normal, y él se rió.
Traté de apartarme de él, pero me lo impidió.
¿Qué hago? ¿Le pego? ¿Grito para que alguien venga a rescatarme? Hobi no puede porque maneja, Minnie se caería en la mitad del trayecto a Yoongi le daría flojera.
-¿No qué? -se rió bajito-. ¿No quieres?
-Necesito un trago...
Se rió más fuerte y me dió un rápido beso en los labios que me dejó totalmente anonadada.
-Tómame a mí.
Es como mucha cosa junta que no puedo procesar. ¡Lo necesito en cuotas, no así!
Logré zafarme y ponerme en pie, pero el muchacho no tardó en tomar mi cintura y sentarme de lado sobre su regazo.
-Jimin... Jiminnie... -me mordí la lengua, sintiéndome totalmente estúpida.
-¿Jiminnie? Ay bebé, llámame así más seguido.
Ay bebé, ay bebé, ay bebé, ay bebé. Me llamó bebé, tenemos un 3312.
Hoseok dió un volantazo y de repente me había chocado contra su cuerpo, pegándome demasiado a él. Demasiado para mi salud, digo.
-¡¡¡Llegamos!!! -exclamó Hoseok-. Oh... ¿En dónde están Jimin e Isabelle?
-Haciendo cosas de adultos -respondió Yoongi, claramente aburrido-. ¿Ya podemos bajar?
Quise pararme y Jimin me lo impidió. Forcejeamos un rato, él mordió su labio inferior y arrugó la nariz como si estuviese empleando toda su fuerza pero yo le gané y me puse en pie... Bueno, tropecé al pasillo pero ya era libre.
-Ay nena, arréglate ese vestido un poco porque... -Minnie sacudió la cabeza, como si fuera mi madre-. Parece que...
-¡Bueno! -la interrumpí antes de que dijera algo referente a lo s****l-. ¿Vamos o qué?
-Noooo. ¿Hoseok? ¿En serio? -ladeé la cabeza y la sacudí, incapaz de seguir viendo como, en un rincón del boliche, Hobi metía mato debajo del vestido de Minnie mientras ambos se consumían mutuamente en un beso.
Le di un par de vueltas a la cerveza que tenía en la mano y le eché un trago, justo cuando Yoongi subía a la tarima medio tambaleante y gritaba:
-¡QUE NO PARE LA FIESTA, DON'T STOP THE PAAAARTYYYY!
Se oyeron un par de vítores que me hicieron arrugar la nariz. El chico estaba ahí, ebrio pese a que no podía tomar alcohol, y esos desconocidos iban y le vitoreaban. ¿Estaba todo el mundo loco?
Me giré y de repente entendí que estaba sola. ¿A dónde se había ido Yoongi...?
Yah, tonta, esta en el escenario.
Me encogí de hombros y le di otro trago a la cerveza. Comencé a bailar en el lugar hasta que sentí unos dedos que se deslizaban por mi cintura y me giraron.
-Jimin... -murmuré.
Pero no, el chico que me había acorralado no era Jimin.
-¿Y tú quien eres? -inquirí, pasando los brazos por su cuello para moverse en un apretado baile que no estaba nada mal.
El muchacho se rió, sacudió la cabeza y me quitó la botella de la mano para dejarla en no se dónde.
-Si quieres que sea Jimin, entonces seré tu Jimin esta noche -respondió pasando una lengua por la comisura de su labio.
Me pareció un gesto poco ético, pero dió igual.
-Es que no te pareces mucho a Jimin -traté de explicarme, porque me parecía que el chico no había entendido-. Jimin es como que más bajito, y todo musculoso. Y tiene el pelo naranja y una sonrisa así como que... gigante. Y cuando sonríe no puede ver. ¿O sí? No lo sé. Tendría que preguntarle.
El chico se rió, asintió con la cabeza y me apegó más a su cuerpo.
-¿Lo sientes, nena? -inquirió, cerca de mi oído-. Está así por ti.
-¿El qué...? Oh... -asentí, sintiendo la terrible erección del chico-. Ya lo siento, sí.
Se rió de vuelta. ¿Por qué se reía tanto?
-¿Quieres ayudarme? -inquirió.
-¿Ayudarte? ¿Cómo? -sacudí la cabeza-. Ya te digo que no soy buena en matemáticas, eh. Y tampoco en química. Pero por lo demás yo... -me detuve cuando sentí su mano directamente en mi trasero-. Ahí no vas a encontrar ayuda, amigo.
-Shh... calla -me dió un mordiscón en el cuello y yo me retorcí, muerta de risa-. ¿Qué te pasa?
-Es que me haces cosquillas -traté de separarme de él-. Ya en serio, voy a buscar a mi Jimin.
-¿Tu Jimin? ¿Es tu novio? -inquirió con una sonrisa burlona en los labios, mirándome y sin dejar de amasar mi culo.
¿Por qué hacía eso? ¿Acaso necesitaba ayuda con su clase de pastelería?
-Ay, no lo sé -lo miré con ojos muy abiertos, sorprendida-. ¿Será mi novio? Es que no besamos y yo le dije que me gustaba... Bueno, no. Le dije que era hermoso. ¿Es lo mismo? Yo creo que sí, porque de cualquier manera me gust... Oye, anda, quita la mano -traté de quitarlo, pero él sólo se apegó más a mí. Sentí su creciente erección contra mi vientre y de repente me dió asco-. ¡Quítate, te dije! ¡Degenerado!
-Tu novio no está aquí ahora, bonita -sonrió. Pero qué fea sonrisa, para nada como la de mi bombón de mandarina-. Puedes ser libre de tocar lo que quieres.
Agarró mi mano y la llevó directo a sus pantalones.
O lo habría hecho si otra mano no hubiera aparecido y hubiera agarrado con fuerza mi muñeca.
-¿Qué mierda te pasa, imbécil? -inquirió el tercero, con tanta calma en la voz que me dió miedito.
Jimin era al menos media cabeza más bajo, pero bastante menos flacucho que el pervertido que tenía en frente. Sus lentes habían desaparecido de su rostro, y ahora sólo podía ver dos ojos almendrados y acentuados con delineador n***o que daban repelús. Parecía un tigre salvaje a punto de saltarle a la yugular a su presa: todo tranquilo, elegante y hermoso. Amenazador.
Me tapé la boca, reprimiendo una lagrima porque la verdad es que estaba muy bueno. Me sentía casi orgullosa.
-Suéltala, anda -ordenó Jimin.
Ah, si, porque una de mis manos aún estaba siendo agarrada por ellos dos. Pero qué mal rollo.
El flacucho se rió y, de un ademán bastante rápido, estiró mi mano y la plantó sobre su pantalón. Solté un chillido y me hice hacia atrás, liberando mi mano, y observando con cautela como Jimin se erguía y le lanzaba una mirada tan fiera que madre mía, qué miedo.
De hecho, varias personas se habían girado a ver.
-¿Qué te pasa, eh? -soltó el pervertido, con una sonrisa ladina que no asustaba a nadie-. ¿Te metes con mi chica?
-¿Tu chica? -Jimin enarcó una ceja y me miró. Yo negué con la cabeza rápido-. Ella dice que no, ¿qué tengo que pensar?
-Está ebria, amigo. No puedes culparme -se encogió de hombros y fue a marcharse, pero Jimin lo agarró por el cuello de la camiseta y lo hizo parar-. Eh, suelta.
-¿Estás colocado, hijo de puta? -gruñó Jimin y el chico miró en todas direcciónes, asustado.
-¡Suéltame!
-¡Discúlpate con ella!
-¡Qué me sueltes!
-¡Discúlpate!
Las luces estrambóticas del lugar le sacaban destellos coloridos al pelo de Jimin, y graciosas muecas de miedo se dibujaban en la cara del flacucho.
-No voy a disculparme con tu puta -se burló el desconocido.
Fue suficiente como para que Jimin levantara un puño y lo estrellara contra la boca del chico, que se tambaleó y cayó al suelo. Abrí la boca, viendo al chico con toda la mandíbula llena de sangre.
-Dios mío, Dios mío -murmuré. Miré a Jimin y vi que éste respiraba entrecortadamente, con los puños cerrados como si fuera a volver a pegarle-. Ji-Jimin...
-¿¡QUÉ!? -me gritó, volviéndose hacia mi con los puños apretados y la mirada filosa.
Di un paso hacia atrás, asustada.
Jimin tragó saliva y su ceño se desfrunció, dejó de apretar los puños y me contempló con algo de angustia.
-¿Estás bien? -inquirió. Se acercó a mi y me tomó por los hombros, observando algo en mi cuello que parecía molestarle-. ¿Te... te mordió?
Levanté una mano para tapar la marca y sacudí la cabeza.
-No es nada -hice un puchero-. ¿Tu estás bien?
-¿Cuánto has tomado? -sacudió la cabeza, como si fuera un hermano mayor decepcionado-. ¿Por qué siempre que salimos te encuentro borracha?
-Es que no suelo tomar -traté de explicarme, pero él ya estaba sonriendo. Miré hacia un costado y vi que el chico se había ido con un par de amigos y todos habían vuelto a bailar. ¿Es que no le daban importancia?-. Lo siento.
-No te disculpes, sólo... -suspiró-. Deja de beber así.
-¡Lo prometo, Jiminnie! -levanté una mano en señal de promesa-. ¡Gracias por salvarme!
-¿Salvarte? -enarcó una ceja.
-¡Sí! ¡Mi héroe! ¡Eres un titán! ¡Eres un... Hércules!
-¿Hércules? -echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada-. Sí que estás borracha, bebé.
-Ayyyy no me digas así -me tapé la cara con las manos y Jimin tomó mi muñecas para descubrir mi rostro sonrojado.
-¿Por qué no? ¿No te gusta?
-No, es que sí me gusta pero me da un no se qué. Tu entiendes -traté de explicarme, y cómo parecía que él no había entendido fingí un estremecimiento.
Sonrió y soltó mis muñecas para atrapar mi rostro entre sus palmas.
-¿Por qué eres tan jodidamente adorable? -inquirió.
-¿Y tu por qué eres así de perfecto? -respondí, sorprendiéndolo.
-Te quiero hacerte cosas muy malas ahora mismo -sonrió con dulzura y me quitó el cabello de la cara-. Pero estás ebria y no pienso hacerlo si no recuerdas nada mañana.
-Hazlo, hazlo -supliqué-. Jiminnie...
-No me hagas ésto -se rió y me dió un beso en la punta de la nariz-. ¿Crees que ya deberíamos volver al hotel?
Hice un mohín.
-No quiero...
-Anda, vamos -entrelazó los dedos de mi mano y tiró de mi, pero yo lo detuve-. ¿Qué pasa?
-Con una condición.
Se mordió el labio inferior y yo me pedí completamente en ese gesto.
-¿Cuál?
-Que duermas conmigo.
Abrió mucho los ojos.
-Belle... no es que no quiera. De verdad, ya te lo he dicho: quiero hacerte cosas muy, muy malas. Pero no creo que...
-¡No! -me reí-. Sólo quiero que duermas conmigo. Dormir.
Junte las manos, las puse contra mi mejilla y cerré los ojos para fingir un ronquido. Cuando los abrí vi que sonreía.
-Ahh -asintió con la cabeza.
Me reí.
-¡Jiminnie pabo!