-Psst -murmuró una abeja en mi oído, haciendo que me remueva en sueños-. ¡Belle! -susurró.
-Mmmh -fruncí el ceño y me hundí más entre mis mantas.
-¡Despierta! -susurró, y luego sentí como alguien corría el cabello de mi cara-. ¡Vamoooos!
Abrí los ojos y al encontrarme directamente con el hermoso rostro de Jimin pegué un respingo.
-¿Q-qué? ¿Qué haces?
Me froté un ojo y luego caí en la cuenta de que, pese a que ya era bien entrada la noche, el muchacho no iba vestido de pijama. Llevaba unos jeans claros rasgados, unas botas bastante altas y una polera negra de cuello tortuga. Su cabello anaranjado iba bien arreglado, sus ojos apenas se veían detrás de unas gafas del mismo color y su sonrisa adornaba el resto de su cara.
-Me estás comiendo con la mirada -Jimin me pellizcó la nariz y yo volví a revolverme como si me asustara, despeinándome el cabello.
-¿Por qué vas así vestido?
-Porque saldré.
-¿¡Saldrás!? ¡Tenemos toque de queda!
-¿Y eso qué? Somos adultos, ¿no? Y estamos en Busan -agachó la cabeza de modo que pudo verme sobre los lentes y enarcó una ceja.
Un gesto tan sexy en su esculpido rostro que logró enchisparme al instante.
-Está bien -suspiré-. Supongo que me avisas para que te cubra, ¿no?
Se subió los lentes por el puente de la nariz y se le borró la sonrisa. Yacía de cuclillas al lado de mi cama y con una mano se aferraba al borde de ésta para no perder el equilibrio.
-No, ¿por qué haría tremenda estupidez?
-¿Entonces...?
-¡Estoy invitándote!
-¿¡Pero qué...!? -me detuve, mirando hacia todas partes y bajé muchísimo la voz para agregar-. ¿¡Te has vuelto loco!?
-Puede -hizo un puchero-. Vendrás, ¿cierto?
-¿Qué pasa si nos descubren?
-No lo harán.
-¡Yoongi se enterará! -exclamé, pensando en cómo el gruñón de mi equipo de deportes siempre sabía lo que había hecho antes del entrenamiento con sólo mirarme a la cara.
Jimin rió.
-Yoongi viene con nosotros -oh, wow-. Y también tu amiga.
-¿¡Minnie también va!?
-Ahá -se paró y caminó hasta una mesa, levantó una percha de donde colgaba una prenda y la zarandeó frente a mis ojos-. Me dijo que estaba segura de que no traías nada para este tipo de eventos, así que mejor sería prestarte algo.
Observé el vestido n***o que Jimin sostenía y no pude menos que abrir los ojos como platos.
Si realmente salíamos del recinto, y alguien se enterara, podrían matarnos. O sea: en serio, podrían matarnos. Más allá de ser adultos o no habíamos ido a una competición y estábamos bajo la supervisión de nuestro profesores de universidad ¡No podíamos escaparnos así!
Aunque... viéndolo desde otro ángulo mi mejor amiga iría. Y también el pelirrojo y, Dios, moriría por verlo bailar con ese jean tan ajustado...
Descubrí las mantas de mi cuerpo, revelando el horrible pijama que traía, y me acerqué a Jimin para tomar el vestido entre mis manos.
-Necesitaré unos minutos -murmuré.
El pelirrojo sonrió tan enormemente que tuve que resistir el impulso de saltar a su cuello y morderle una mejilla.
-Te esperaré lo que necesites.
Asentí y me metí en el baño, respirando hondo para calmar mis emociónes. Me miré al espejo e hice una mueca, comprobando mi rostro hinchado y desmaquillado. Me lavé la cara con agua bien fría, apliqué un poco de crema de pepino (un bote que había traído Jimin y que olía bastante bien), y luego pasé a aplicarme un poco de maquillaje mientras le lanzaba varias miradas a través del espejo al vestido que yacía sobre la tapa del inodoro. No tenía otra cosa, en eso mi amiga estaba en la razón; y sin embargo sabía también que aquel vestido no era algo que yo acostumbrara a usar.
Cuando terminé de aplicar la base y la sombra de ojos me giré y saqué el vestido n***o de la percha, para abrirlo frente a mis ojos y soltar una exclamación ahogada: demasiado corto, demasiado ajustado, demasiado Minnie.
Hice una mueca, incómoda, y me desvestí para meterme el vestido que me entró como un tubo ajustado; pegándose intensamente a las curvas de mi cintura y caderas. Para mi suerte, el escote no era muy pronunciado (aunque no tenía demasiado de lo que avergonzarme, pues mi talla de pechos era bastante reducida). Y... bueno... Viéndome de costado tampoco tenía mucho trasero...
¡Focus, Isabelle! Te ves bien, no es momento de acomplejarse ahora. ¡Jimin está esperándote!
Cepillé mi cabello, logrando que el liso quedara más compacto y suave sobre mi espalda, le sonreí al espejo para llenarme de una convicción que no sentía y salí del baño para enfrentarme al muchacho y buscar una aprobación.
-Oh -soltó, parándose de golpe del borde de la cama. Me miró de arriba a abajo, tan descaradamente que tuve que apartar la mirada-. Te ves bien -se acercó a mi a paso lento, tanto que tuve que echar la cabeza hacia atrás para mirarle. Jimin levantó un brazo a mi costado y cuando lo atrajo hacia sí vi que había tomado su chaqueta negra de cuero del perchero. Me la puso sobre los hombros y asintió con la cabeza-. Tendrás frío afuera.
Me mordí el labio inferior y accedí a usar su abrigo, metiendo las manos por la tela y aspirando disimuladamente el intenso aroma a desodorante masculino que emanaba.
Metí un pie debajo de la mesa y alcancé mis zapatos negros de charol, aquellos sin un gramo de taco y que, sin embargo, le irían bien al vestido.
-¿Lista? -inquirió.
La verdad es que tengo tanto miedo que me sorprende no haberme echado a correr; y además tengo la certeza de que de alguna forma se enterarán de nuestra escapada. Eso por no decir que muero por besarte, porque me gustas muchísimo, y si vamos de fiesta entonces todas las chicas se te acercarán y me causará, ¿cómo decirlo?, angustia. ¡Oh! Y no olvidemos el hecho de mañana tendré unas horrendas ojeras bajo los ojos y me veré bastante patética. No, la verdad es que no sé si...
-Lista -respondí.
-¡Ohhhhh! ¡Issieee! -exclamó Minnie en la entrada del hotel, sosteniendo una botella de vidrio verde casi vacía.
Llevaba un vestido ajustado violeta, que le resaltaba el busto de una forma que me asustaba un poco.
-¡Shhh! -la chistó Hoseok, a su lado, aunque parecía bastante divertido.
-No le den tanto alcohol -hice una mueca, ganándome una mirada filosa de mi amiga.
-No estoy ebria... ¡sólo estoy feliiiiz!
Jimin llegó a nuestro lado, riéndose en voz baja, mientras consultaba algo en su teléfono.
-Yoongi ha tenido una pequeña complicación en el pasillo con una empleada de limpieza -dijo-. Pero asegura que en un segundo estará aquí.
-Jincha -sacudí la cabeza y me crucé de brazos-. El rey del orden se va de fiesta. ¡No me lo puedo creer!
-¿El rey del orden? Es un zaparrastroso. ¡Vieras su cuarto! Puaj.
Hoseok y Minnie rieron ante su comentario, aunque a mi me preocupó más que divertirme. ¿¡Todo este tiempo había estado tratándome como una pulga zaparrastrosa y ahora él, mi supuesto sensei, se escapaba para ir de fiesta en medio de la noche!? ¿¡En quién se suponía que podía confiar entonces!? ¿En mi amiga ebria? ¿El pelirrojo pervertido? ¿O quizá el chico de sonrisa brillante y...? ¿¡Por qué estaba haciendo esa mueca tan extraña!? Aish... Aigoo, yo sería la "niña cuerda" de la noche.
Y aquí vemos a Isabelle, nuevamente en su hábitat natural de "yo no bebo, yo cuido a mis amigos".
-¿Y en qué se supone que vamos? -inquirí.
-¿Y tú qué crees? -saltó una voz aburrida, a mis espadas.
Me giré y le hice una mueca a Yoongi, que iba tan bien vestido que apenas le reconocí. Es decir, se me hacía rarísimo no verlo con su usual frente llena de sudor y el cabello todo parado.
Sin embargo, hasta último momento no pude distinguir a qué se refería. Sólo cuando levantó una mano y las llaves metálicas destellaron comprendí la gravedad de la situación.
Minnie y Hoseok soltaron un chillido idéntico de felicidad, Jimin sonrió ampliamente y yo sacudí la cabeza en negación.
-¿¡Te has robado las llaves del autobús!? -exclamé, atónita.
-¿Robar? Nah -Yoongi se encogió de hombros con inocencia y le arrogó las llaves a Hoseok, que las atrapó al vuelo-. Sólo las tomé prestadas por un rato.
Desencajé la expresión. ¿¡Me estaba tomando el pelo!?
-¡Tenemos fieeeeesta! ¡Con Syd Arrrrthur! ¡Yeah!* -canturreó Minnie caminando detrás de Hoseok hacia el enorme vehículo.
Me di una palmada en la frente y la retiré rápidamente cuando sentí que alguien me pasaba un brazo por los hombros. Su colonia me inundó las fosas nasales, y ni siquiera tuve que girarme a ver de quién se trataba pues me conocía aquel perfume de memoria.
O sea, era de mis favoritos.
-No te preocupes, nadie se enterará -murmuró el pelirrojo en mi oído, arrancándome corrientes eléctricas por todo el cuerpo-. Cuidaré de ti, Bellie.
En serio, me sorprendía la cantidad de apodos que se podían inventar con mi nombre.
Arrugué la nariz, dándole a comprender que no estaba tan segura de eso.
-Sólo dime que no traen drogas -rogué, pensando en el estado en el que terminaría mi mejor amiga si usaba alguna sustancia.
-No, no -se rió-. Nos las hemos olvidado en Seúl.
-¡Jimin!
El pelirrojo soltó una de esas risas cantarinas que me hacían morderme con fuerza el labio inferior inconscientemente. ¿¡Cómo es que Dios del Olimpo podía ser tan jodidamente perfecto!?
Cuando estuvimos a dos paso del vehículo me soltó e indicó que entrara. Eso hice, por supuesto, y tomé asiento junto a mi amiga que apestaba a alcohol.
-¿Has bebido soju? -inquirí, quitándole la botella de la mano y captando que definitivamente eso era soju-. ¿Estás loca? ¡Es mucho!
-¡Ash! ¡Nada de eso! -enarcó una ceja perfectamente depilada-. Es sólo la entrada.
-¿La entrada? Minnie, por favor no te descontroles esta noche.
-Tranquiiiiiiila.
-Siempre que dices eso es porque tengo que preocuparme.
-¿No puedes...? ¡Aigoo! -señaló la botella-. Ahí tienes. Bebe.
-¿Qué?
-¡Que te lo bebas, niña! -se quedó pensando y luego abrió mucho la boca con indignación-. Dios mío, parezco la típica zorra de película que obliga a la niña a descontrolarse. ¡No te lo bebas!
Rodé los ojos y le pasé la botella a Jimin, que había estirado el brazo para que se lo diera. Suponía que ese chico tenía más asimilado el alcohol que mi amiga, así que no me sentí para nada culpable.
Hoseok arrancó el vehículo y lo hizo virar en la ruta para tomar el camino colina abajo. Habían puesto música del celular de Yoongi, por lo que el ambiente en sí era una competencia de rap.
Y me agradaba, tenía que admitirlo.
Me dediqué a mirar por la ventana en todo el trayecto: la noche había caído despejada y llena de estrellas, como nunca se veían en Seúl. La gente parecía haberse ido a dormir temprano y los grillos resonaban en aquel descampado como si quisieran rapear con el Jay-Z del estéreo. ¿Así que a Suga le gustaba este tipo de género, eh? Y parecía que también a Hoseok y Jimin, pues...
Un momento.
Mis ojos se conectaron en los carnosos y rosados labios del pelirrojo, que se movían con sigilo y clase sobre el estribillo de la canción. Abría y cerraba la boca, la torcedura de su diente se me hizo presente y me pareció el detalle más hermoso del universo. Su cabeza moviéndose al ritmo de la música, el cabello cayendo de un lado a otro. Su lengua relamiendo el labio inferior cada que se quedaba sin aire.
Dios mío, Park Jimin canta como los mismísimos Dioses.
Su voz aguda, casi chillona pero para nada molesta, llegaba a tonos altísimos sin ningún tipo de problema. Su onda de chico cool e intenso se mezclaban a la perfección con la canción.
-¿Por qué me miras así? -murmuró, sonriéndome.
-Es que eres en verdad hermoso -solté sin pensarlo.
Sin pensarlo.
Sin pen sar lo.
Sinpensarlo.
Mierda.