10- Coffee break

2140 Palabras
-¡Oye! ¡Despierta! -Jimin chasqueó los dedos frente a mí, sacándome de mi ensoñación. Mi amiga, frente a mí, se veía espabilada y maquillada como siempre. Yo, sin embargo, no tenía tan buena pinta: llevaba un rodete improvisado, unos jeans informales y una blusa bastante gastada. -Estoy despierta -murmuré, llevando una mano a mi rostro para refregarme un ojo. -Bebe tu café -la chica me acercó más la taza, como si no fuera capaz de agarrarla desde dónde estaba, y yo obedecí como una niña buena-. Ahora sí, cuéntame qué pasó. -¿Qué pasó? No pasó nada, ¿por qué? -hablé todo rápido y desesperadamente, mirando repetidas veces a la mesa en la que el pelirrojo y su grupo de amigos parecían bromear sobre, no sé, las mermeladas-. ¿Tengo cara de que paso algo? -Tienes cara de que Park Jimin te violó o algo así; en serio, ¿estás bien? Porque si trató de hacer algo te juro que... -Estoy bien -la interrumpí-. Nada pasó. No era buena mintiendo, pero ésta vez lo había dicho más para convencerme a mí que nada, así que mi amiga no lo notó. -Te creo. ¿Durmieron bien? Oh, claro que sí. -Ahá -me encogí de hombros, fingiendo indiferencias-. Ya sabes, con los ojos cerrados. Minnie puso los ojos en blanco, sonrió y le dió un sorbo a su té de hierbas. -¿Por qué no le pones un poco de leche a eso? -inquirí, viendo que la mitad de su mesa sólo iba recargada por su té y la mía estaba llena de budines, tostadas y postres-. De verdad, no creo que sobrevivas al entrenamiento de ésta tarde con sólo agua en el estómago. -Traje barritas de cereal -la miré mal-. ¿Qué? En serio; como mil. -¡Tienes comida gratis y te traes barritas de cereal! -No me juzgues, yo bebo agua y engordo. En serio. Ahora fui yo quien puso los ojos en blanco. Y, aunque mi amiga me creyera, yo no terminaba de cerrar teorías en mi cabeza: a ver, sabía que si ese bendito teléfono no nos hubiera interrumpido habríamos acabado besándonos... O sea, ¿le gustaba? O al menos le atraía, ¿no? Tenía que ser eso, porque de ninguna otra manera podría explicarme la... cosa enorme bajo sus pantalones. Y no me malinterpreten, no es que fuese una mirona o algo así es sólo que se notaba muchísimo. ¡Era una erección! ¡Claramente! A ver, a ver: había excitado sexualmente a Park Jimin. ¡Al pelirrojo sexy de los labios carnosos y el trasero de Kim Kardashian pero natural! Pero... ¿y si era sólo el momento? O sea, Jimin había dicho que tenía hambre allí; eso no significaba que fuera a tener hambre el resto de las cuatro noches... Porque verdaderamente si se le antojaba jugar con mis sentimientos cada noche terminaría hecha una piltrafa, un manojo de nervios y una adolescente sexualmente frustrada. ¿¡Cómo podría tener a un chico tan candente tan cerca y tan lejos a la vez!? Imposible. Cometería alguna estupidez, estaba segura; porque así era yo: jodidamente estúpida. Así como... 24/7. -¡Aaaah! ¡No puedo! -exclamé, dejándome caer al suelo y levantando un poco la pelvis pues el dolor abdominal se sentía como el infierno. -¡No hemos llegado a las cien! -gritó, muy cerca de mi oído, Yoongi. Lo miré con furia, y él me devolvió el mismo sentimiento en sus ojos castaño oscuros. -¿¡Cómo pretendes que haga cien abdominales seguidos!? -¡Como hace el resto del equipo! Me giré para ver como, a mi lado, el resto de los muchachos llegaban a los cien abdominales seguidos con la lengua afuera. -Pues yo sólo llego a, ¿cuántos? ¿Noventa y tres? ¡Lo siento, en serio! -me senté, frustrada, sintiendo un tirón doloroso en la zona abdominal. Hice una mueca y me volví a dejar caer-. ¿Hasta cuándo haremos preparación física? -Hasta que se me canten las ganas de parar -respondió con mucho mal humor el entrenador, posicionándose a mi lado para hacer él mismo los cien jodidos abdominales que nos había mandado a hacer a nosotros. ¿¡Cómo podía alguien tan pequeño y escuálido llegar a los cien abdominales seguidos y tener espacio para gritarme lo inútil que era!? -¡Trote rápido! -siguió diciendo el rubio, ignorando mis réplicas y con la respiración ya algo agitada-. ¡Siete minutos! -¡SIETE! -repetí, indignada, ganándome otra mirada severa por parte de Yoongi y un par de risa de mis compañeros. -¡SOY EL ÚNICO QUE GRITA AQUÍ, DOCE! -¡A LA MIERDA! -respondí, aunque obedecí mansamente y puse el cronómetro para contar los siete minutos de sufrimiento. ¿Valía decir que estaba sudada de pies a cabeza? Me sentía como las botellas de sprite de la propaganda, asquerosamente transpirada. Sin embargo, y pese a que en su mayoría los ejercicios de Yoongi se me hacían un suplicio, se sentía agradable. No era de masoquista, era sólo que poner empeño y esfuerzo en algo y, a pesar del dolor y el sudor, lograrlo era... ¿Cómo explicarlo? Satisfactorio. Incluso esos dolores en la piel de la barriga eran placenteros. ¡Al fin estaba haciendo algo! Al fin movía las piernas y no sólo los dedos. Mierda, no podré actualizar en estos cinco días. Hice una mueca y presté atención a mi respiración mientras corría. Había dado unas veinte vueltas cuando Yoongi terminó sus abdominales y nos gritó que parásemos, que nos pusiéramos en posición, y fue a buscar una de las pelotas enormes y anaranjadas de básquet. Aquella pelota era mi dulce tortura, pues cada que me daban en el rostro o en el cuerpo con ella me dolía como si se tratase de un puñetazo. Respirando agitadamente por la boca y con el cabello en parte húmedo, me senté en la banca y tomé mi botella de agua para beber un gran sorbo de ella. -Bebe más despacio, ugh -se quejó Yoongi sentándose a mí lado con el flequillo húmedo sobre la frente. Fruncí el ceño con disgusto. -¿Por qué me odias? -inquirí. -No te odio, sólo quiero que des lo mejor de ti en la cancha porque sé que puedes hacerlo. Me quedé sin palabras, mirándolo boquiabierto. -¿De verdad? Oh, Yoongi, eso es tan... -Si te pones sentimental te patearé el trasero, ¿oíste? Rodé los ojos y dejé de prestarle atención, para fijarme en la entrada que me esperaba con ansias. Me paré y me dirgí, feliz, hacia la salida. Ohhh ahora me daría una larguísima ducha de agua fría y me pondría ropa seca y cómoda, y tal vez podría ir por algún aperitivo... Jimin. Me detuve, inquieta, y miré a mi espalda. -¡Eh! -exclamé, mirando al rubio con el que vivía peleándome. El muchacho levantó la cabeza con aires de indiferencia, pero así y todo demostraba que estaba escuchándome-. ¿¡Sabes a qué hora terminan los del estudio de baile!? Varios soltaron algunos comentarios de burla que Yoongi y yo nos aseguramos de ignorar, pues ambos teníamos amigos en el "otro bando" y no íbamos a caer en la estupidez de llamarles estirados o algo así. -Supongo que ya han terminado, aunque no estoy seguro -se encogió de hombros y yo asentí, para retomar mi marcha. Bueno, con un poco de suerte Jimin ya había utilizado la ducha y ahora se estaba yendo a tomar alguna cerveza con sus amigos bailarines en su coffee break. Entonces yo podría ocupar toda la habitación a mi antojo, tomarme mi tiempo en usar el secador de pelo y ponerme algunas cremas completamente innecesarias de las cuales disfrutaba usar. Troté, pese a mi cansancio, hasta el ascensor. Bajé tres pisos hasta el nuestro, y me dirigí hacia la habitación doscientos cinco. Metí la llave en la cerradura, la giré y con un chasquido la puerta se abrió para dejarme entrar. Sin embargo, otro chasquido muy cercano me sorprendió: la puerta del baño se abrió y un cuerpo cubierto únicamente con una toalla en la cintura apareció frente a mí. El pelirrojo tenía el cabello húmedo, despeinado sobre la frente, los labios brillantes y los abdominales bien marcados. ¡¡¡Yo no era una pervertida!!! ¡¡¡Lo juro!!! -¡JI-JIMIN! -grité, pasmada, y retrocedí hasta que mi espalda chocó contra la puerta. Levanté ambas manos y me tapé los ojos en un gesto bastante infantil pero, a mi parecer, muy inteligente. Es que si no tapaba mis ojos seguiría viéndolo y nos humillaría aún más a los dos. Sin embargo, oí que el pelirrojo se reía por lo bajo. ¡Se reía! Vaya humillado, eh. -¿Estás bien? -inquirió. ¿¡Qué si estaba bien!? ¡Estaba delirando ahora mismo de sólo pensar en que ahora mismo el chico estaba con muy poca ropa encima! -P-ponte algo r-rápido -murmuré, y sentí como me temblaba estúpidamente el labio inferior-. R-ráp... Me detuve, sintiendo cómo algo me rozaba el labio inferior para tratar de calmarlo. No tardé mucho en tarde cuenta de que se trataba de un pulgar. Corrección: Jimin estaba pasando su pulgar por mi labio inferior. Ay Dios bendito y todos sus Santos, no me hagas esto. -Tranquila -murmuró, y su voz aguda pero pícara me provocó un no se qué bastante agradable en el estómago-. ¿Nunca has visto a un chico usando sólo una toalla? -¡Claro que no! -exclamé, sintiéndome tonta-. ¡Ponte algo ahora mismo! -Deberías meterte en la ducha, ¿no te parece? -murmuró, tomando mis muñecas para bajarlas y mirarme a los ojos-. Estás un poco... húmeda. ¿¡POR QUÉ CARAJOS NO PUEDES ESCOGER BIEN LAS PALABRAS QUE UTILIZAS!? ¡HAY TANTÍSIMAS! -Sísí, dehechovoyahacereso. Permiso -lo empujé débilmente y me encerré, literalmente puse la traba, en el cuarto de baño. Con un suspiro penoso abrí la llave de agua, me quité toda la ropa sudada y me metí bajo la ducha. Mientras me ponía el shampoo y masajeaba mi cuero cabelludo, buscando una forma de tranquilizar mis nervios, caí en lo estúpida que era. Bueno, tal vez con estúpida me quedaba corta: era realmente una buena para nada, tal y como Yoongi solía recordarme. ¿Por qué? ¡Porque no tenía ninguna ropa con la que cambiarme! ¡¡¡Tendría que salir en toa...!!! No, no. De ninguna manera. No, alargaría el baño lo suficiente hasta escuchar a Jimin salir de la habitación y entonces buscaría mi ropa... ¡Sí! ¡Era una excelente idea! Pero para mi mala suerte, el muchacho realmente no parecía tener ganas de salir de la habitación, pues podía oír el sonido de algún drama en la televisión. ¡Se había puesto muy cómodo en la habitación y yo me estaba haciendo pasa de uva bajo el agua! ¡Aigoo! No seas así. Park Jimin, ¡no seas así! Solté un hondo suspiro y cerré las llaves del agua. Me envolví en la toalla que no, ni siquiera era bata, y abrí tan poco la puerta de baño que apenas si podría verse mi ojo. -Jimin... -murmuré. Pero no hubo respuestas, solo unas bajas risitas por algún chiste del drama en la TV-. ¡Jimin! -¿Sí? -oí el colchón hundirse, como si se hubiera parado de su cama, y por instinto cerré un poco más la puerta-. ¿Está todo bien? -Pues... no del todo. -¿Necesitas algo? -Mmmh... sí, bueno -me mordí con fuerza la mejilla interna-. Me he olvidado la ropa de cambio. -Ah... ya -sonaba divertido, el muy malvado-. ¿Quieres que te lleve una muda? Sí, claro, ¡quiero que revises mi lencería con sus hermosos y pequeños dedos! -¡No! -me mordí con mayor fuerza la mejilla, tanto que temí que sangrara-. Sólo... ¿no me darías unos minutos? -¿Quieres que me marche así puedes cambiarte? -Pues... sí, de hecho sí. -Entiendo -le oí aclararse la garganta-. No. Sentí que me daba un tic en el ojo. ¿¡Había dicho que no!? -¿C-cómo? -Que no: no quiero irme. -P-pero... -Aish, es que este dorama está tan bueno. ¡Ven! ¡Deberías verlo conmigo! -¡Estoy desnuda, Jimin! -¿Y qué problema hay? Ay, pero no me digas eso pedazo de... donut. Me sonrojé hasta las orejas y cerré los puños con tanta fuerza que sentí mis uñas clavarse en las palmas. -El problema es que no quiero salir en este estado -respondí con toda la calma que me fue posible reunir en tal situación-. Y necesito un poco de espacio. ¿Sabes? No entraba en mis planes compartir habitación con chico precisamente. -¡Oh! Tampoco en los míos. Abrí la boca, incrédula. -¡Tu decidiste compartir habitación conmigo! -Sí bueno; sino cualquier otro chico lo haría: de todos modos estarías en la misma situación. -Pues si le pidiera a Yoongi que se moviera un segundo porque necesito privacidad, dudo que se negara. Sentí como el colchón volví a ceder y luego fueron unas pisadas fuertes acercándose lo que me aceleraron los latidos del corazón. Antes de que pudiera hacer nada, Jimin había abierto la puerta del baño y me miraba con ojos entrecerrados. -Yo no soy Yoongi, ¿verdad? -inquirió. Yo le miraba con los ojos abiertos como platos, abrazándome a mí misma con fuerza para que la toalla que me cubría no cayera al suelo. -J-Jimin... El muchacho enarcó una ceja, levantó un poco la barbilla y me miró de arriba a abajo, haciendo que me temblaran las rodillas. -¿Sabes algo, Belle? -se sonrió, cruzándose de brazos y tensando los músculos en ese movimiento-. Eres muy bonita. Y, con ese último comentario, se marchó de la habitación dándome la privacidad que quería. Sin embargo, me limité a dejarme caer sobre el borde de la bañera y mirar hacia ningún punto en especial con los ojos abiertos como platos. No duraría ni dos noches así con él, ¡¡¡ottoke!!!
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