9- Roomates

2053 Palabras
-Ya estamos -Jimin se quedó quieto frente a la puerta y luego me sonrió-. Habitación doscientos cinco. La habitación más jodidamente alejada del resto, la última del pasillo. ¿¡Era acaso una broma pesada de alguien!? ¿¡Ahora es cuando abría la puerta y saltaban todos diciendo algo así como "¡caíste!"!?  Pero no. No parecía ser así. Metí la llave en la puerta, la giré y la abrí metiéndome a la vez; mirando todo como si se tratara de la casa del terror (y, para rematar, había comenzado a llover torrencialmente en Busan y era bien sabido que yo no era muy amiga de los truenos).  La habitación no era muy grande, ni tampoco había dado el presupuesto para pagar algo demasiado lujoso; sin embargo todo variaba del blanco al beige, y el olor a vainilla que desprendía toda la habitación resultaba gratificante. Casi junto a la entrada estaba el baño, luego un pequeño pasillo y dos camas separadas por un ropero de puerta interna.  Es suficiente separación para dormir con un chico, pero no suficiente para dormir con Park Jimin. El muchacho dejó nuestros bolsos en la entrada, se descolgó la mochila y la arrojó sobre una cama que al parecer ya se había apropiado y se metió en el baño.  Entonces, fue cuando me puse a pensar mientras me sentaba en el borde de la otra cama y prendía la tele para hacer algo. ¿Y qué si me daban ganas de ir al baño a hacer... lo segundo? O sea, iba a tener que ir en esos cinco días y aunque fuera completamente normal no podría ir si Jimin estaba en las mismas cuatro paredes... Aunque tal vez podría ir cuando él fuese a practicar... ¿¡Y si nuestras prácticas eran a la misma hora!? Bueno, entonces podría ir a la hora de la cena... ¿¡Y bajar tarde los cinco jodidos días!? ¡Aish! ¡Ya me estaba sintiendo la constipación! Además, ¿me vería dormir? O sea, vería mi cara de sapo moribundo mientras dormía... ¡Aigoo! ¡No de nuevo! ¿¡Y qué si él decidía dormir sin camiseta!? ¡O sin pantalones! ¿¡¡¡Y qué si Jimin tenía por costumbre dormir desnudo!!!? Bueno... no es que me molestaba realmente, pero sería terriblemente incómodo. Y lo peor de todo: no podría decir ni una palabra, pues notaría con obviedad lo mucho que me gustaba. Aunque de seguro él ya había contado con eso, o sea: debía ser costumbre que una chica gustara de él. Era tan jodidamente lindo... Jimin salió del baño y me sonrió, pero yo no le devolví la sonrisa porque de repente estaba enojada con él por ser tan lindo. -¿Qué haces mirando Bob Sponja? -se extrañó. -¿Qu...? -había estado tan sumisa en mis pensamientos que apenas si me había dado cuenta que estaba mirando a la esponja amarilla en la televisión-. Oh... no lo sé. -No te aflijas, también me gusta -Jimin se tiró sobre su cama, haciendo que el colchón rebotara bajo su peso.  Me animé a mirarlo y al verlo así, con la nuca contra el cabecero, una pierna sobre la cama y la otra cayendo de ésta, me di cuenta que era más sexy de lo que creía. Peor aún: me di cuenta que cinco días teniendo esa espectacular imagen a unos tres metros de mi propia cama sería...  -... Una tortura -murmuré. -¿Qué dijiste? -¿Eh? Nada. Un trueno resonó, seguido de un relámpago que iluminó con una fantasmagórica luz blanca toda la habitación, y yo pegué un respingo como si tuviera cinco años. -¿Te asustan los truenos? -Jimin se había incorporado, sentándose en el borde de su cama, de cara a mí. -No, sólo me sorprenden. -Te sorprenden -repitió, sonriendo-. A mi me sorprendían de pequeño, hasta que encontré la forma de dormir sin que me molesten. -¿Cuál es? -Dormir con alguien -se limitó a responder, y realmente me pregunté si lo decía consciente de mi frágil situación. ¿¡Acaso estaba insinuando que durmiera con él!?-. Con mi mamá, por ejemplo. ¡Claro que no insinuaba algo! Sólo estaba contándote lo que hacía de pequeño, malpensada. Fuí a responder, pero mi estómago se encargó de hacerlo. Me toqué la barriga, sonrojándome. -¿Tienes hambre? -inquirió el muchachito de muslos de ensueño. -Sí, creo... Pero esperaré al desayuno. ¿Te han dicho a qué hora nos despertarán? -A eso de las siete llamarán al teléfono -Jimin fulminó con la mirada al susodicho. -Supongo que deberíamos dormir entonces. Voy a... -señalé torpemente el baño, causándole otra sonrisa- el... yo... Pijama. Jimin soltó una carcajada que me hizo fruncir el ceño, y me apresuré a buscar mi pijama en el bolso que el muchacho había dejado en el suelo y encerrarme en el pequeño baño. ¡Como si fuera a abrirme la puerta mientras me cepillaba los dientes! ¡Pff!  Cuando me hube aseado y puesto el pijama, destrabé la puerta y salí. Jimin  había apagado la luz y ahora estaba bajo sus sábanas blancas, donde podía ver, para mi propia salud, una blusa gris gastada. ¡Dormía con remera! Tan sólo esperaba que debajo de esas sábanas también hubiera un pantalón. No te mientas, realmente no lo deseas. Suspiré y me acerqué a mi cama, rogando porque ese capítulo de Bob Sponja fuera lo suficientemente interesante como para que Jimin no girara a verme. Me confundí, claramente, porque cuando me hube metido dentro de las sábanas el chico tenía la vista fija en mí. -¿Qué te pasa? -pregunté, tal vez con demasiada rotundidad debido a mis nervios. Otro trueno hizo que volviera a pegar un respingo y me metiera aún más dentro de la colcha. -Nada -respondió, casi con enfado, y apagó la TV dejándonos completamente a oscuras (excepto por los relámpagos que de vez en cuando se colaban detrás de las cortinas cerradas). Nos quedamos en un profundo silencio que me resultó increíblemente incómodo, pese a que era lo que normalmente sucedía cuando ibas a dormir. Sin embargo... aunque sólo pudiera ver su figura recortada sobre su cama, lo sentía muy cercano como para ignorar su presencia y conciliar el sueño. ¡Me resultaba jodidamente imposible! Y, además, ¿cómo sería capaz de dormir cuando esos truenos me tenían en alerta y con la piel de gallina?  Misión imposible, Belle. No dormirás ni defecarás por cinco días. Acostúmbrate. Pegué la espalda contra la pared y subí las mantas hasta mis ojos, de modo que no pudiera verle ni a él ni los relámpagos. E incluso así, con los ojos cerrados y el cuerpo un poco más relajado, podía verle: su silueta fuerte y sexy, sus clavículas siempre tan notorias gracias a aquellos anchos escotes que usaba, sus labios carnosos y por demás besables, su nariz pequeña y tierna de osito, su cabello tintado... Me encontraba tan sumergida en su imagen que hasta podía sentirle junto a mí, imaginar cómo el colchón se hundía a mi lado bajo su peso y como sus brazos fuertes y desnudos tanteaban bajo las sábanas mi cuerpo hasta tenerlo en sus brazos y apretarme contra él. Hasta podía... podía sentir su aroma varonil y agradable en mi propia nariz y... Abrí los ojos lentamente y me encontré con una visión completamente negra. Levanté un brazo para quitarme la colcha de encima, pero me encontré con algo duro que me esquivaba el camino. Eché ligeramente la cabeza hacia atrás, sintiendo como mi boca se abría más y más y un grito ahogado me subía por la garganta. Sin embargo, no lo solté. No por sentirme menos preocupada por su cercanía, sino porque el muchacho se encontraba en tal paz que no pude formular palabra. Sus ojos cerrados, su boca entreabierta y el flequillo sobre los ojos. ¡Por favor! La mejor imagen del universo, realmente.  -¿Qué miras? -murmuró con voz ronca. Solté un quejido y comencé a removerme, consiguiendo que Jimin abriera los ojos y sonriera. Una luz matinal entraba por la ventana y hacía que su anaranjado cabello se viera casi rubio. -¡Me asustaste! -exclamé, furiosa, pegándome todo lo que pude contra la pared y soltándome de su abrazo. -Tu me asustaste, ¿sueles mirar a la gente cuando duerme? -se burló, con ojos entrecerrados. No se había movido ni un centímetro, todo él soñoliento. Su mejilla se hundía en la almohada y su cadera formaba una especie de montaña bajo mis sábanas, ya que se encontraba de lado. -¿Qué haces en mi cama? -inquirí, bajando un poco el tono de voz. -Estabas asustada -ronroneó, y volvió a cerrar los ojos. -No estaba asustada. -Cuando desperté te vi dormida con todas las sábanas sobre la cabeza, echa una bola en un rincón -sonrió-. Claro que estabas asustada.  -Los truenos no me asustan. Y fue lo más estúpido que dije, pues me había echado al frente yo solita. Jimin abrió los ojos y se acomodó mejor, mirándome con los labios aún provocadoramente entreabiertos. -Vamos, ven aquí -dio una palmadita sobre el colchó, a su lado. -¿¡Qu...!? -antes de poder quejarme, el muchacho había estirado el brazo hasta enroscarlo en mi cintura y me acercó a su pecho de un sólo y rápido movimiento-. ¡Jimin! -Jimin tiene sueño -volvió a cerrar los ojos, con una sonrisa tierna en los labios. -Jimin es un pervertido -murmuré, tratando inútilmente de hacer espacio entre nosotros. -Jimin tiene hambre -hizo un puchero. -No debe faltar mucho para el desayuno. -Ahora mismo no se me antoja comida... Sentí como si una ola de agua caliente me cayera sobre la cabeza, sintiendo una serie de escalofríos en el estómago.  Me mordí el labio inferior con fuerza, nerviosa. Su rostro estaba peligrosamente cerca del mío y él, con los ojos cerrados, era casi ajeno a todo eso. Jimin soltó un suspiro por la nariz, que sentí directamente en mi rostro. Sus dedos comenzaron a acariciar mi cintura, allí donde me mantenían prisionera, provocándome tantas sensaciónes al mismo tiempo que no creí que sobreviviera. -J-Jimin... -comencé, intranquila-. E-estás muy cerca... -¿No te gusta? -¿Cómo? -¿Mmmh? -¡N-no te duermas! -No puedo dormirme, ya te dije que tengo hambre -soltó, y cuando sintió que yo me tensaba entre sus brazos abrió los ojos y me miró divertido-. ¿No vas a alimentarme? Abrí los ojos como platos y agaché la mirada inconscientemente a sus labios; lo que hizo que ensanchara aún más la sonrisa. -T-tengo... unos caramelos -murmuré. -¿Ah sí? -su voz sonó tan ronca que me sorprendí a mí misma por haberle dicho tremenda estupidez. ¡Ese chico no quería mis jodidos caramelos!  -No, creo que ya me los comí antes -me aclaré la garganta. Hizo un puchero. -Es una pena; de verdad que moría de hambre Belle... Aiiiiiiiishhhhhh ¡No, Jimin, no! Y entonces... Sentí un beso en la mejilla. Casi un roce de labios, sin mucha presión ni humedad; simplemente un pequeño y cariñoso beso. Mi pulso se acelero sobremanera y esperé pacientemente a que soltara alguna estupidez, pero no lo hizo. No, Jimin no se detuvo. Y de improviso sentí otro beso, ésta vez en el hueso de mi mandíbula. Por inercia apreté los dientes y me aferré con fuerza la blusa del muchacho, arrugándola entre mis dedos y... mierda, sí que era una buena escena. Los besos suaves de Jimin no se detuvieron allí, el muchacho bajó un poco más y dejó un beso en mi cuello. Eché la cabeza hacia atrás y solté un gemido muy bajito, que sólo él y yo habríamos podido escuchar en el escazo espacio que nos separaba. El muchacho bajó un poco más, poniéndose a gatas y abandonando su lugar a mi lado en el colchón, y dio otro beso en la piel sensible de mi garganta, y otro en mi clavícula izquierda. Cuando sentí que sus labios descubrían sus dientes y con éstos daba un pequeño mordiscón en la piel, solté otro gemido. Esta vez, muchísimo más fuerte. Jimin se levantó un poco para verme, con los ojos brillantes y la boca entreabierta. En este momento parecía tan salvaje que hasta me dió miedo, pero sólo quise conocer más y más ese lado de él. Dios, ¡y cuánto! Quería que se echara sobre mí, que levantara mis piernas y... Y de repente sus labios estaban a centímetros de los míos, su respiración agitaba chocaba con la mía entrecortada. De repente iba a besarme, de repente... ... De repente sonó el teléfono.  -Mierda -soltó el muchacho, se levantó de la cama y descolgó-. ¿Diga? Claro... gracias, ahora bajamos -dejó el aparato sobre la mesa y se pasó una mano por el cabello-. Era la recepción, hay que bajar al desayuno. -Claro -respondí, con la vista fija en cualquier otro lugar que no fuera él. Sentía como mis mejillas comenzaban a escocerme. -Bueno... voy al baño -dijo, y caminó hacia el pequeño cuartito. Y, mientras tanto, yo desbordaba adrenalina y hormonas por todos los poros.  Al levantarse Jimin, había podido ver que el chico sí llevaba pantalones de pijama... Y también tenía una notable erección debajo de éstos.
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