8- El chico de Busan

2341 Palabras
Las dos semanas antes de la "excursión", como le llamaba mi mejor amiga y compañera de piso, habían sido las más estresantes de toda mi vida. Yoongi había estado especialmente malhumorado esos días, gritándonos cuán imbéciles éramos y amenazándonos con arruinar nuestras vidas si seguíamos tan despistados. Y, en parte, lo entendía: todos estábamos tensos y por ende se nos dificultaba un poco la defensa al aro.  Minnie también había estado bastante estresada: tenía orejas bajo los ojos y comía muchísimo; se pasaba toda la tarde en el estudio de baile y cuando no estaba allí se dedicaba a practicar frente al espejo de su habitación. Nada de fiestas, nada de chicos y nada de maquillaje. Y, sin embargo, nunca la había visto más hermosa. En cuanto a Jimin, no había mucho que contar: no se había aparecido por el gimnasio, aunque lo daba al hecho de que había estado tan ocupado como mi amiga. Sin embargo, no podía negar que tenía una enorme abstinencia de su sonrisa. ... Y tal vez por eso me puse tan contenta, y la vez me sorprendí tanto, cuando le vi aparecer a mi lado de camino al colectivo. -¡Belle! -exclamó, corriendo hacia mi. Tenía un bolso del tipo salchicha colgado al hombro, supuse que con todas sus pertenencias; su cabello yacía oculto bajo una gorra de lana azul, y sobre su pequeña nariz un par de gafas de sol.  Buau, Park Jimin estaba, una vez más, despampanante. -Hola -le saludé con una sonrisa que intentaba reprimir un poco, pues debía verme demasiado atontada con su presencia-. No deberías juntarte conmigo, ¿sabes? Pueden hablar más. Se rió, y su risa cantarina me dió una descarga de energía por todo el cuerpo. -Somos como la revancha, ¿no? -dijo, y yo asentí-. Pues me gusta que llevemos una relación prohibida. Ohhh, como Romeo y Julieta. Apreté los labios, sintiéndome estúpida por lo que acababa de pensar, y asentí con toda la seriedad que pude. Jimin estiró un brazo y me quitó mi propio bolso a rebosar de ropa del hombro, colgándosela él mismo. -¡Oye! ¿¡Qué haces!? -traté de quitársela, pero él me esquivó con una sonrisita y comenzó a caminar hacia el colectivo. No podía verle los ojos tras las gafas oscuras, pero podía imaginar como estos se harían muy pequeños-. ¡Dámela! -Sólo déjame ser un caballero y llevarla por ti. -¡Ya tienes la tuya propia! ¡Y la mía pesa muchísimo!  Cuando llegué a su lado, traté de hacérmela; pero Jimin volvió a esquivarme. -Con mayor razón deja que la lleve por ti. Me crucé de brazos, fastidiada. -¿Ahora actúas como un chico de novela porque sabes que me gusta escribir? -No -se giró y comenzó a caminar de espaldas-. Pero me alegra que pienses que soy como esos chicos. Mierda, pero si estaba buenísimo como ellos. Hice una mueca y le dejé, ¿para qué seguir discutiendo? La verdad es que me había cansado de acarrear mi bolso por el campus y Jimin tenía unos hombros suficientemente anchos y musculosos como para llevar sus pertenencias y las mías... Aunque tal vez fuera un poco egoísta pensarlo así. El sol caía, atardeciendo sobre la manzana que formaba la universidad y dejando un color cálido e hipnotizante sobre el césped verde y sobre la gorra del muchacho, que por su propia salud había comenzado a caminar hacia el frente. A lo lejos se divisaban dos enormes colectivos de viaje, rodeados de profesores y alumnos entusiasmados. Como eran unas cinco horas de viaje, llegaríamos a eso de la una de la madrugada y de noche; cosa que a nadie le fastidiaba demasiado pues la carretera estaría casi vacía y el viaje sería mucho más agradable y seguro.  -¿Crees que nos separaran por equipos? -inquirí, rompiendo el silencio que se había formado entre nosotros. -Sí, supongo que sí. Creí que nos repartirían equitativamente, ya que somos muchos más en el estudio de baile que en el equipo de básquet. Sin embargo... son colectivos grandes, entraremos sin problemas -y, por alguna razón, parecía algo alicaído. De sólo pensar en que él querría compartir viaje conmigo me emocioné; pero obviamente terminé por descartarlo. ¿Por qué querría viajar conmigo? Tal vez querría ir con Yoongi, que era su amigo, pero no conmigo. -¡Maletas por aquí! ¡Vamos! ¡Rápido! -exclamaba el chofer, junto al compartimiento de uno de los colectivos.  Jimin se acercó y dejó mi bolso al tipo, ya que éste colectivo estaba casi tomado por el equipo de básquet (el mixto, el de chicos y los profesores encargados de nosotros); para luego saludarme con la mano y marcharse al segundo colectivo.  Me quedé mirándole el culo inconscientemente mientras se iba, hasta que sentí que alguien me pasaba un brazo por los hombros. -¿Nerviosa? -inquirió Yoongi. Lo miré con miedo, de la misma manera en la que le había mirado esas dos semanas en el gimnasio. O sea... tener a ese entrenador furioso cerca era más peligroso que encerrarte en la jaula de los leones. Sin embargo, me sorprendí al verlo con una sonrisa en su pálido y delicado rostro. ¿Quién diría que una car bonita podía tener un humor de perros? -E-eh... yo... -apreté los labios en una sonrisa y asentí-. Sí, un poco. -Todo irá bien, sólo hay que practicar un poco más en Busan -se encogió de hombros y me empujó, aún agarrándome por los hombros, hacia la entrada del vehículo por el que el resto ya estaba subiendo-. Aunque creo que ya estamos preparados para romperles el culo. Enarqué las cejas. Bueno, cuando decía que en el equipo yo automáticamente me convertía en un chico decía totalmente la verdad: todos me trataban como uno. Yoongi me soltó y me hizo una seña para que subiera delante de él, y luego se puso a hablar con otro olvidándose de mí. Subí las escaleritas hasta el segundo piso y caminé hasta el fondo, ocupando un lugar y apurándome a ponerme los auriculares. Ya que iría con el equipo de básquet, estaba más que segura que ocuparía sola un lugar. Y es que... si bien nos caíamos bien, no había llegado a intimar tanto con nadie. Tal vez con el que más intimaba era con Yoongi pero 1) era demasiado genial y popular como para sentarse conmigo y 2) sólo intimaba con él cuando me llamaba "inútil" o "manos de manteca". Aunque, pensándolo bien, estaba más cómoda así: podía ocupar dos asientos a mis anchas, ¿no? Puse play a la música de mi celular justo cuando el colectivo arrancaba para luego... volverse a detener. Fruncí el ceño, sacando la cabeza hacia el pasillo para ver como todos miraban con confusión.  Tal vez faltaba alguien, o algo... La verdad no me importó demasiado, así que volví a mirar por la ventanilla. Pasaron dos minutos, y luego el colectivo volvió a ponerse en marcha. Oí varios comentarios muy masculinos a lo "ehhh, qué hay", risitas y algún que otro aplauso; así que me apresuré a subirle más el volumen a mi teléfono.  Aunque, claro, jamás me habría imaginado por qué el colectivo paró. Una persona apareció junto a mí, y se apresuró a tomar asiento a mi lado. Cuando me giré y vi de quién se trataba, di un respingo. -¿Jimin? -inquirí, quitándome los auriculares con torpeza. El muchacho me sonreía, aún tras sus gafas de sol (aunque sol ya casi no había)-. ¿Qué haces aquí? -Pues parece que faltaba un lugar en el otro colectivo, y aquí sobraban unos cuantos -ensanchó aún más la sonrisa, confundiéndome otro poco-. Así que me ofrecí amablemente a pasarme aquí -su sonrisa titubeó un segundo-. Pero ¿por qué estás aquí sola? Y era totalmente cierto: mientras los chicos habían llenado los asientos del frente, yo me encontraba sola rodeada de asientos vacías. -No lo sé -me encogí de hombros-. Sólo quería un poco de espacio. -¿Las chicas necesitan espacio? -sonrió y se abrochó el cinturón, para luego abrochármelo a mí. Me quedé quieta, dejándome hacer por sus manos hábiles-. Pues ya estoy aquí acosándote de nuevo, así que olvídate de tu espacio hasta llegar al hotel. Sonreí, sintiendo que me achicharraba el estómago de la emoción. O sea, yo ya suponía que iba a pasarla bien en esa excursión; pero realmente no me creía que fuera a pasármelo tan bien. Además, ¿quién necesitaba espacio cuando tenías a Park Jimin para quitártelo? Ayyyy está sentado al lado mío, ¡tan lindo! ¡Parece un mochi! -¡Aish! -exclamó con una enorme sonrisa, mientras se quitaba los anteojos para después quitarse la gorra de lana y pasarse la mano por el cabello, levantándolo de la manera más sexy imaginable-. Es bueno volver. -¿Ya han hecho otras competencias en Busan? -inquirí. -No... O sea, sí. Pero digo que es bueno volver a mi ciudad natal. -Oh -solté, y su sonrisa se hizo aún más grande. -Así es, soy un b-boy -se rió de su propio chiste-. Mis padres podrán ir a ver la competición, ¡eso es genial! -Claro que sí -le devolví la sonrisa-. Pero, ¿por qué te mudaste a Seúl? -Bueno... las universidades son mejores aquí; y además pretendo dedicarme al baile así que ¿qué mejor lugar para alguien joven y con expectativas que la energética ciudad de Seúl? -Tienes razón; también he venido a estudiar aquí por eso. -De intercambio, ¿no? -Sí... -¿Extrañas tu casa? -Extraño a mi familia -asentí, y agaché la mirada sintiéndome repentinamente atosigada por su repentina pregunta-. Pero no falta tanto para el receso de verano, y espero poder viajar y verlos. Los ojillos de Jimin me observaron un rato sorprendidos, y luego también agachó la mirada. -La verdad es que siempre me quejo por tener a mis padres lejos; pero no es nada en comparación a la distancia que separa a los tuyos. -¿Ahora te preocupas por mí? -le di un leve codazo, sacándole otra sonrisita-. Tan sólo es cuestión de comprender que uno antes de ser hijos de sus padres, es hijo de la vida; y de romper el cascarón para perseguir sus propios sueños. -Suenas madura. Bostecé y me recosté en el asiento, ladeando la cabeza para mirarlo. -¿Eso crees? Yo a veces me siento muy tonta -me reí bajito de mí misma y entrecerré los ojos-. ¿Jimin? -¿Mmm? -él, bien erguido, también ladeó la cabeza para mirarme. -Gracias por sentarte conmigo. Pareció conmovido, su sonrisa tembló levemente y me acarició una mejilla, arrancándome un suspiro de lo más profundo de mi ser que me aseguré de no soltar. -Eh, ¡eh! -exclamó una voz a mi lado, y luego sentí como todo mi cuerpo temblaba incontrolablemente-. ¡Abre los ojos! Hice caso a esa voz, que creí que era la voz de mi consciencia, y al encontrarme con unos pequeños ojos sonrientes comprendí que me había quedado dormida... sobre el hombro de Jimin, y que él ahora era quién me sacudía para que me despertara. Me senté de golpe, mirando hacia todas partes. El colectivo estaba quieto y se escuchaba mucho barullo dentro de éste y en la calle.  -¿Ya... estamos en Busan? -inquirí, con voz ronca; por lo que me la aclaré para seguir hablando-. Me he quedado dormida... -Me he dado cuenta. ¡Por poco babeas mi remera! -exclamó, fingiendo indignación, y yo lo miré horrorizada de sólo pensar en la terrible visión que debió de tener ese chico en aquellas cinco horas de viaje. ¿¡Por qué rayos tenía que quedarme dormida con la boca abierta!?-. Tranquila, sólo ha quedado una mancha pequeña. -Oh Dios...  Se rió. -Vamos antes de que vengan a buscarnos. Se paró y tomó la mochila de mano que había traído, para luego caminar por el angosto pasillo y bajar del colectivo. Yo me tomé mi tiempo en desabrochar mi cinturón y seguirlo, pues se me caía la cara de vergüenza. ¡De seguro le había hecho el viaje súper incómodo! Porque Jimin era un caballero, y jamás osaría correrme de su hombro si yo me había quedado dormida allí... Lo cual lo hacía aún más lindo de lo que ya era, pero... ¡Jincha!  Isabelle, si serás tonta. Ahora sólo te verá como un saco de babas y no como la mujer sexy y exótica que no eres, pero que tal vez en un principio pensó que eras. Bajé del escalón con la cabeza gacha y un puchero inevitable en los labios cuando comprendí el repentino silencio que se había formado. Levanté la vista y comprendí que tanto profesores como los chicos del equipo de básquet habían formado un círculo y me miraba, algunos un tanto divertidos y otros con lástima. Yoongi parecía enfadado, con esa típica expresión como de asco que últimamente se le veía tanto, y Jimin trataba de controlar la risa. -¿Qué? -inquirí con voz firme, y varios apartaron la mirada-. ¿Qué pasa? -Hubo un problema con las habitaciónes -dijo el Sr. Hyun, el profesor de deportes-. Las han contado como pares dada la cantidad de alumnos. -¿Y qué con eso? -di un paso al frente, dudando. -El equipo de baile es impar. Y también lo es el de baloncesto. Di otro paso, tragando saliva con fuerza. -Supongo que significa que alguien del equipo de baile compartirá habitación con alguien del de básquet. ¿Cuál es el problema? -El problema es que los estirados han decidido antes -soltó Yoongi, fulminando a Jimin con la mirada como si éste tuviera la culpa-. Y han dejado fuera a Jimin; así que decididamente tienes que compartir la habitación con un chico. -Pero... -No te preocupes, ya decidí que seré yo -prosiguió el rubio, y yo abrí los ojos como platos-. Tendrás intimidad suficiente, ¡no me mires así! -¡Pero...! -No -soltó, de repente, Jimin. Todos lo miramos, algo confundido. El pelirrojo estaba tan serio que daba miedo. Se pasó una mano por el cabello y suspiró. -No ¿qué? -Yoongi se le acercó, con la mandíbula apretada-. ¿Tienes una mejor idea? -Claro que sí: yo compartiré habitación con Belle. -¿¡Qué!? -me sorprendí. Compartir habitación con el gruñón de Yoongi de repente no me parecía tan mala idea. Pero... ¿¡con Jimin!? ¿¡Con el hermoso, perfecto, dios griego Park Jimin!?  -Está bien -el rubio se encogió de hombros, dejándome aún más boquiabierta; y, como si todo aquello no fuera un enorme problema para mí, todo el equipo se marchó arrastrando valijas y bolsos hacia la entrada del hotel, dejándonos al pelirrojo y a mi a solas en medio de la acera. -Oye, ¿tan malo es compartir habitación conmigo? -inquirió, ladeando la cabeza infantilmente. -N-no es eso... Es que... y-yo...  -¿No te dije que era un acosador? -sonrió burlón, tomó mi bolso (que al parecer había estado en el suelo todo ese tiempo), se lo colgó al hombro y se dirigió al hotel.
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