Estoy encerrada en una habitación con las paredes pintadas de lila, hay juguetes esparcidos por todos lados, en especial unos de la colección de "My little ponny", aquí debe de dormir alguna niña pequeña.
Intento recordar este lugar sin éxito alguno, y es extraño porque a pesar de ser un sitio desconocido logra transmitirme una extraña sensación de paz.
Hasta que de pronto todo se desvanece.
Se oyen golpes y gritos detrás de la puerta, parecen ser las voces de un hombre y una mujer. Les pido que paren, pero no me hacen caso, tengo miedo, mucho miedo de lo que está ocurriendo y me escondo en un armario abrazando un oso de felpa.
¿Habrán pasado segundos, minutos, horas? No lo sé, pero dan tres toques suaves a la puerta.
- Ya se fue, estamos a salvo - dice entre lágrimas la voz de una mujer.
Dudo en abrir la puerta, tengo miedo de que esos gritos vuelvan a aparecer, pero su voz es tan dulce, que me hace sentir segura. Quito el pestillo y unos brazos me rodean de inmediato, la mujer llora mientras me abraza con fuerza.
No logro distinguía sus rasgos o reconocerla, es una cara borrosa que sólo logra tener algo llamativo en su rostro.
Jadeo al darme cuenta de lo que es.
El hombre que estaba antes en casa la ha golpeado.
- Estoy bien, no te preocupes, en serio - insiste - tenemos que ser rápidas, él volverá en cualquier momento. Tenemos que irnos.
- Tengo miedo - digo.
- Yo también, pero es nuestra mejor opción, además sabes que siempre te voy a cuidar. Vamos, Ellie, busquemos nuestro rumbo hacia el sol.
La mujer busca debajo de mi cama unas mochilas y toma mi mano con fuerza, ambas bajamos las escaleras rápidamente y nos detenemos al ver al hombre en la entrada.
Al igual que con la mujer no logro verle bien el rostro. Pero es evidente que es aterrador.
- ¿A dónde creen que van mis chicas favoritas? - pregunta de una manera extraña, me da la impresión de que está ebrio.
- No es lo que piensas - responde la mujer aterrorizada.
- Cállate - grita el hombre - no eres más que una perra mentirosa. ¿En verdad pensabas que podías dejarme? ¿Y llevarte a la niña contigo?
- Estaremos mucho mejor sin ti, tú me das miedo - digo interviniendo en la conversación.
El hombre avienta una cerveza que traía en su mano y se acerca peligrosamente hacia mí, la mujer se pone delante mío protegiéndome.
- No te atrevas a lastimarla - lo amenaza.
- Has puesto a la niña en mi contra. Te saldrá muy caro.
Todo es extraño, y los tiempos parecen irreales, no comprendo absolutamente nada de lo que sucede hasta que el sonido de un disparo inunda la habitación y grito.
El hombre intenta hablar y cae al suelo, sujetando su estómago, en donde tiene una herida de bala.
- Corre Ellie, vamos a la camioneta - dice la mujer saliendo del shock.
- P-pero él...
- - Lo atenderán y estará bien, pero ahora tenemos que irnos, sube a la camioneta - repite.
Mis ojos se abren sin pesadez alguna y froto mis sienes para relajarme. Son cerca de las siete de la mañana, todos deben estar preparándose para salir.
Tomo una ducha fría para despejar mis pensamientos. A muchas personas les desagrada el agua fría, en parte a mí también, pero me ayuda a no pensar en nada. Cuando mi mente viaja a mil por hora con pensamientos de todo tipo, la mejor solución es entrar a la ducha, no puedes pensar en nada más que en lo frío que se siente todo.
Mientras me visto pienso en lo que puedo hacer hoy si no iré a clases, la casa estará completamente sola.
Aburrido.
Bajo hacia el comedor y para mala suerte mía solo el abuelo se encuentra desayunando.
- Buenos días - saludo y me siento en mi silla habitual, recibo una seña de su cabeza asintiendo, es el único saludo que recibiré, así que me resigno a seguir con mi vida y preparo mi café.
- ¿Qué tienes pensado hacer hoy que no irás a la universidad? - pregunta sin dejar de mirar su periódico.
- Aún no lo sé - respondo mientras le echo tres de azúcar.
- Ese es el problema contigo, que nunca planificas nada. Si sigues así la vida seguirá pasando y no harás nada significativo. ¿Siquiera lees las noticias? - pregunta indignado.
- Lo haría si soltaras el periódico un segundo - respondo sin siquiera pensarlo. Oh mierda, estoy en problemas.
- ¿Así que quieres el periódico? Pues ten - me sorprende aventando parte del papel hacia mí - haz lo que te dé la gana.
- No esperaba menos de ti - respondo ignorando sus palabras.
¿Soportar a mi abuelo o leer noticias sobre economía? Prefiero el periódico mil veces.
No suelo leer noticias porque la gran mayoría son tragedias que ocurren en el mundo: robos, asesinatos, secuestros, violaciones, y la verdad no me hace bien saturar mi mente con información tan traumática.
Leo a simple vista los titulares, hasta que uno llama mi atención.
Faith Johnson y los misterios del caso
¿Faith Johnson?
El conmovedor y enigmático caso que movió a toda la población de Nueva York cumple el día de hoy cinco años desde que los acontecimientos ocurrieron.
Faith Johnson de quince años de edad salió a cenar con su primo Aaron de diecinueve y nunca más volvió a casa. Acorde a las declaraciones del testigo, ambos jóvenes se encontraban de regreso a casa cuando fueron emboscados por un hombre encapuchado que lo atacó con un arma blanca, y aprovechó en llevarse a la menor.
Parecía tratarse de un secuestro, pero lo extraño del caso fue que los secuestradores no llamaban a los Johnson para pedir el rescate, por lo que la policía pensó que podría tratarse de tráfico de mujeres.
El 28 de noviembre del 2012, tras un mes del secuestro de la joven, la llamada finalmente llegó. Pidieron un millón de dólares por la vida de la joven, suma que la familia pudo obtener sin mayor esfuerzo.
Parecía que los hechos transcurrían bien, la policía acudió junto a los Johnson al rescate, lamentablemente los secuestradores habían tendido una trampa y no dudaron en asesinar a Faith.
Ante la desgracia, la distinguida familia Johnson abandonó la ciudad, y pagó a todos los medios de comunicación para que evitaran la propagación de la noticia en aquellos años, sin embargo, cinco años después del asesinato de la joven, continúan misterios sin resolverse, ¿en dónde está el cuerpo de Faith? ¿por qué los secuestradores pidieron sólo un millón de dólares para el rescate de la hija de unas de las familias más ricas del país? ¿por qué los Johnson se fueron sin siquiera pedir justicia por la muerte de su menor hija?
¿Estamos ante el crimen perfecto acaso?
No puedo evitar sentirme mal al leer sobre la muerte de Faith, nunca antes había oído sobre ella y la foto del periódico no se aprecia bien, pero aquella chica no merecía un final así.
Tan joven...
El resto del desayuno transcurre con la extraña normalidad que caracteriza a mi hogar: Allison siendo el centro de atención, mis abuelos endiosándola y yo siendo la desgracia de la familia.Todos se dirigen hacia sus obligaciones mientras que yo vuelvo a mi habitación y decido escuchar música un rato.
Los padres (o en mi caso mi abuelo) siempre nos exigen prepararnos para la vida, que estudiemos, saquemos buenas calificaciones, entremos a la universidad y sigamos estudiando. Nos dan órdenes como si fuéramos robots, y parecen olvidar que somos humanos, y también sentimos.
A lo largo de la vida aprendemos muchas cosas, pero nadie nos enseña a disfrutar de la vida mientras crecemos, nadie nos dice que el tiempo pasa y nunca vuelve, absolutamente nadie parece comprender lo difícil que es nuestra edad.
Ser juzgados todo el tiempo, asistir ocho horas a un centro educativo donde no todos nos sentimos seguros, los cambios hormonales, las dudas existenciales, el temor al fracaso. Tener que elegir lo que haremos el resto de nuestra vida.
¿En qué momento vivimos? Uno de mis miedos más grandes es llegar a los cuarenta y darme cuenta que no hice todo lo que deseé en la vida y que es tarde para hacerlo.
Siempre nos dicen que nos preocupemos ahora, que después tenemos toda la vida para disfrutar de nuestro esfuerzo, y quizá tengan razón, pero ¿qué sucede con las chicas como Faith? Quizá ella pensó que tendría un futuro para disfrutar...
El vibrar de mi celular me desconcentra del diario.
E: ¿Sigues en clase, babygirl?
N: Falté
E: Chica mala... En diez minutos estoy ahí, tengo una idea.
Debe ser una broma. ¿En diez minutos, Ethan? Diablos, corro a peinar mi cabello e intentar vestirme de manera más presentable, por más confianza que exista entre nosotros me gusta verme bien frente a él. Unos jeans y una sudadera amarilla holgada.
Una pequeña piedra es lanzada hacia mi ventana, la romántica forma en que mi Romeo distribuidor de drogas me avisa que ha llegado.
Bajo y le aviso a Rita, la encargada de la casa, que saldré un momento para terminar un proyecto urgente de la universidad.
Ethan se viste como el típico badboy de una película para adolescentes: pantalones oscuros, camiseta blanca y una casaca oscura. Incluso anda en moto y fuma. Todo un James Dean moderno.
- Creo que mis influencias están afectando a la chica buena que llevas dentro, Noelle - comenta divertido mientras me pone el casco para subir.
- Por supuesto que sí, tu presencia ha despertado la chica mala que nacía en mí y no sabía hasta que te conocí - continúo bromeando con él.
- Puedo darme cuenta de ello, pero ahora hablando en serio ¿por qué faltaste? Mejor dicho ¿qué excusa pusiste para que tus abuelos te dejen faltar?
- Ninguna, mi profesor fue asesinado ayer - le cuento y parece que Ethan cree que se trata de una broma, pues se ríe - es en serio. Incluso salió en las noticias.
- Mierda, seguro fue algún ajuste de cuentas - opina - por lo que sé Young lleva casos muy difíciles, eso incluye enemigos poderosos.
- Lo sé, tenía mis diferencias con él, pero no por eso deseaba su muerte. Me gustaría hablar de otra cosa que no sea mi difunto maestro - le pido.
- Bien, tengo el plan perfecto, sujétate bien cariño.
La velocidad es adecuada y nos movemos a un ritmo normal, me aferro a la cintura de Ethan en el trayecto y me distraigo viendo la ciudad hasta que llegamos.
Omito una risa al ver que Ethan me trajo a un parque para niños al que parece que ya nadie visita, los juegos se ven un poco sucios y oxidados.
- ¿Cuándo fue la última vez que alguien jugó aquí? ¿1990? - bromeo.
- Aquí solía venir cuando era niño - me cuenta mientras se sienta en uno de los viejos columpios y enciende un cigarro - era mi momento favorito del día.
- ¿Tenías muchos amigos? - pregunto sentándome en el columpio de al lado y escuchando con atención su historia, Ethan no suele abrirse sobre su vida.
- No realmente, pero disfrutaba mucho de los columpios - responde balanceándose ligeramente - me hacía olvidarme del resto del mundo por un momento.
Mi corazón se encoge al imaginar a un pequeño y solitario Ethan, ¿qué problemas habrá tenido en casa? Sé que ahora está solo, y nunca menciona a sus padres o algún adulto que se haga responsable de él, debe ser por eso que se dedica a vender drogas, una forma sencilla de obtener dinero sin necesidad de estudiar en alguna universidad.
Sé que prometimos no hablar del pasado, pero tal vez si él estuviese de acuerdo, podríamos compartir experiencias y darnos la oportunidad de dejar los problemas a un lado, y seguir adelante, sanar juntos aquellas heridas del pasado.
Me paralizo al escuchar que Ethan grita a mi lado, llevo una mano a mi pecho producto del susto.
- ¿Por qué demonios hiciste eso? - le pregunto un poco enojada.
- Es liberador - responde - Deberías intentarlo.
- No hay forma - me niego de inmediato, ¿gritar en medio de la calle sentada en un columpio probablemente oxidado? No gracias.
- Aburrida - bufa Ethan - Quiero ser libre - grita - quiero tener el control de mi vida, quiero que Noelle deje de ser una gallina.
- No soy una gallina - exclamo.
- Pruébalo - me reta.
- Quiero dejar de tener ataques de pánico - grito yo también.
- Eso es! - me anima - Quiero encontrarle un sentido a mi vida.
- Quiero descubrir quién soy - grito.
- Quiero olvidar mi pasado - Ethan casi se queda sin voz al gritar esta frase.
- Quiero ser feliz - grito con todas mis fuerzas.
- Quiero ser feliz - repite Ethan.
- Quiero ser feliz - gritamos juntos.
- Y yo quiero que dejen de gritar o llamaré a la puta policía - una vecina sale por la ventana muy alterada haciéndonos reír a ambos, y decidimos irnos antes de que nos metamos en problemas.
Mientras nos dirigimos a su apartamento pienso en Ethan de niño viniendo solo a jugar al parque, gritando sus deseos mientras se columpia. Y que nadie lo escuche a pesar de sus gritos. ¿Qué te pasó, Ethan?