Déjame quererte

2088 Palabras
No soy consciente del momento en el que me acerqué hasta él para besarlo, Ethan pareció sorprenderse al principio, pero no tardó mucho en seguirme. Mis manos toman su rostro para profundizar más nuestra cercanía. Y es que puedo parecer una tonta por perdonarlo después del incidente, pues aparentemente lo que acaba de suceder no cambia en nada los hechos. Seguimos sin ser “algo”, y tenemos muchas cosas pendientes, sin embargo, es un comienzo, uno muy bueno. Me sumergí tanto dentro de esta nueva sensación que olvidé por completo que Ethan también está roto. Le cuesta mucho hablar sobre él, y expresar lo que siente, tiene formas peculiares de demostrarme lo que desea; como por ejemplo ahora. Él se ha encargado de cuidar de mí, y estar presente cada vez que lo he necesitado, no me di cuenta antes de que Ethan me demuestra que le importo a su manera, no puedo juzgarlo sin conocer su historia antes. Siempre aceptó mi forma de ser sin cuestionar, y no resulta difícil intuir que su vida no ha sido fácil. Ambos estamos rotos, pero juntos tenemos la fuerza suficiente para seguir adelante. No podemos ser como otras personas, aunque sí podemos intentar distintas cosas para pasarla bien juntos. -       ¿Eso significa que me perdonas? – pregunta al separarnos. -       Significa que podemos negociar algunos términos, pero acepto tu cita – respondo sonriendo. -       Hora de la verdad: nunca he ido a una cita con una chica antes, ¿qué se suele hacer? ¿eso del cine y cenar sigue siendo algo que se hace? -       ¿Es en serio? – me burlo. -       ¿Tengo cara de ser un chico que tiene muchas citas acaso? -       Siendo honesta sí – respondo. -       Salir con chicas, sí muchas, pero esto de citas, no. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a una cita? -       Nunca, los chicos de mi escuela no me interesaban realmente, así que será la primera cita de ambos. ¿Alguna idea sobre lo que podemos hacer? -       Tú mandas, cariño. "Ideas para una primera cita" escribo en el buscador de Google. Ethan y yo llevamos cerca de media hora sentados en el parque mientras buscamos opiniones sobre lo que la mayoría de personas hacen en su primera cita. No logramos ponernos de acuerdo, todo suena tan cursi y ridículo. Ethan comienza a leer un foro que probablemente fue escrito por una mujer soltera de cuarenta años, cuando mi mirada se desvía hacia una pareja de nuestra edad, quizá un par de años más jóvenes, ambos caminan despreocupados por la calle pese a las miradas desaprobatorias de algunas señoras que parecen juzgarlos, al ver con mayor detenimiento me doy cuenta del por qué: son un chico y una chica, pero para los ojos de las personas son dos chicas, una de ellas disfrazada de hombre, y aún teniendo todo en su contra siguen paseando felices, no les importa lo que puedan decir sobre ellos. Y es que eso es lo mágico de nosotros, y creo que tal vez en todas las relaciones, no se trata del cine, o de ganar el estúpido peluche de la feria local, sino de pasarla bien haciendo actividades que a ambos les gusta. Y con la compañía adecuada incluso caminar hacia el infierno es divertido. - Me siento parcialmente enojado de haber sido el único que perdió el tiempo leyendo esta tontería - se queja al notar que me distraje. - No tenemos que hacer esto. - Pero dijiste que... - Esto - señalo el teléfono - míranos, parecemos dos tontos buscando en Google lo que debemos hacer en una cita. No necesitamos que una sarta de desconocidos nos diga cómo pasarla bien. - La idea de la comida y el vino me pareció interesante - comenta en voz baja - podemos buscar algo para cenar y abrimos la botella. - Es una genial idea, y quizá también podamos buscar algún documental sobre un asesino serial - propongo. - Suena a una cita perfecta. A pocas calles de su apartamento hay un restaurante de comida china buenísimo, no estoy segura si el vino sea buen acompañante, pero me emociona descubrirlo junto a él. Lo ayudo acomodando la comida en platos servidos en la mesa, se supone que Ethan debería abrir la botella del vino, no entiendo por qué tarda tanto. Hasta que la luz se apaga, y es reemplazada por un par de velas. - Sigo creyendo que ese blog es estúpido, pero debo reconocer que la idea de las velas sí es romántica - dice poniéndolas en la mesa. - Es perfecto - contesto sentándome, él sirve vino en nuestras copas con cuidado. - Me sorprendió verte en la biblioteca, usualmente corres de la universidad - comenta antes de empezar a comer. - La profesora tocó un tema interesante y quise investigar más sobre ello - contesto siendo medianamente honesta. - ¿Qué tema? - se interesa. - Estamos hablando sobre teorías psicológicas y abordamos el psicoanálisis, ya sabes, eso de la interpretación de los sueños, hipnosis y otras cosas. - ¿Lo dices por tus problemas nocturnos? - pregunta directamente. - No deseo arruinar nuestra cita hablando de mis tonterías - susurro. - Cariño, lo que te pasa no son tonterías - dice tomando mi mano con afecto - si deseas podemos hablar sobre ello. - Los sueños que tengo, creo, estoy casi segura de que son en realidad recuerdos de mi infancia - confieso en voz alta por primera vez - mis abuelos nunca me han hablado sobre mis padres, y no tengo nadie que pueda resolver mis preguntas. - Eras muy pequeña cuando perdiste a tus padres, no es tan descabellado que tu mente haya bloqueado esos recuerdos, lo extraño es que se manifiesten recién ahora. - Lo han hecho siempre, excepto que ahora son más recurrentes, más vividos. - ¿Hay algo distinto que estés haciendo? Tal vez algún medicamento bloqueaba esos recuerdos, o algo por el estilo. - Aún no lo sé, eres la única persona que lo sabe. Pero todo es tan extraño. - Es normal que te sientas así, creo que no es necesario decir que cuentas conmigo para todo ¿no? – dice y en verdad me alivian sus palabras, no me siento sola, o extraña junto a él. - Gracias por escucharme y por todo. - Gracias por darme otra oportunidad. - ¿Otra? Pensé que no éramos nada – ataco. - Oh vamos, sabes a lo que me refiero. - Claro que lo sé, ahora lo sé. La cena fue increíble, no fuimos a un restaurante lujoso, ni vestimos ropa muy elegante, creo que nada de eso es realmente importante, sólo necesitamos estar juntos para sentirnos bien. Saber que estamos bien y que ambos pondremos de nuestra parte para que lo que sea que tengamos funcione me hace feliz. Nos sentamos en el sofá de Ethan para ver un documental sobre Ted Bundy, me considero una fanática de los documentales sobre asesinos seriales o crímenes en general, a mi familia le parece extraño, pero Ethan comparte el mismo placer culposo. Aprovecho el momento en que observa concentrado al televisor para besarlo, se sobresalta por el susto, pero no tarda mucho en seguirme el beso, nuestros labios se mueven con una sincronía increíble, es como si hubiesen nacido para estar juntos. Sonreímos al separarnos y reparto besos cortos por todo su rostro. Bajo mis besos hasta su mandíbula y cuello, creo que le causan cosquillas, porque se estremece cada vez que mis labios hacen contacto con su piel. - ¿Qué rayos haces? - pregunta riendo. - ¿No te gusta? - Se siente raro - dice y me alejo para recostar mi cabeza en su hombro, él en respuesta mueve su hombro haciendo que vuelva a mirarlo - no dije que pares. - Engreído - mascullo. - Cállate y bésame. - Te quiero - digo entre cada beso. - No lo digas - responde un poco nervioso. - Te quiero, Ethan - repito un poco más fuerte y entonces se separa de mí - ¿dije algo malo? - Te pedí que no lo dijeras - repite elevando la voz. - ¿Qué sucede, cariño? - pregunto preocupada y acaricio su cabello. - Es una tontería. - Si te afecta no es ninguna tontería, Ethan, quiero entenderte, ayúdame a poder hacerlo en su totalidad – le pido de la forma más amable que puedo. - No digas "te quiero" si no lo sientes realmente, cada vez que alguien me dice eso todo se va a la mierda. Las personas como yo no merecemos que nos quieran – habla tras una larga pausa. Mi corazón se encoge al escucharlo hablar con tanto dolor. Está tan roto, es triste que crea no merecer nada. Daría todo lo que tengo por sanar sus heridas, por cambiar esos pensamientos de su mente. No soy mágica, ni creo tener la capacidad de cambiarlo, así lo conocí y debo aceptarlo tal como es, sin embargo, quizá pueda apoyarlo y que por su cuenta mejore. - Mírame a los ojos, por favor - le pido y toco con cuidado su rostro, haciendo que nuestras miradas se conecten - te quiero, te quiero, te quiero y lo diré todas las veces que necesites oírlo, porque es verdad. No sé si merezcas o no ser querido, pero es lo que me haces sentir. Y lo digo en serio. - ¿Puedes decirlo otra vez? – pide tímidamente. - Te quiero, y no necesito que lo digas también, porque sé que tú también lo haces, no somos perfectos, pero quizá nuestros corazones están rotos en maneras perfectas, por encajamos tan bien. - Te quiero tanto - contesta volviendo a unir nuestros labios. Cada vez que Ethan me besa puedo sentir por unos instantes todo lo que siente, pero que no es capaz de decir, y creo comprender la razón por la que nuestra extraña relación funciona; aquella fachada de chico malo y problemático es sólo una máscara que, con el tiempo se mezcló con su piel; Ethan es un desastre, es un chico que está jodidamente roto, y que aprendió a vivir sin aquello que tanto quiere, pero que cree que es incapaz de merecerlo: amor. Necesita amor, mientras que yo, tengo una necesidad imperiosa de dar amor. Me preocupo de que todos se sientan bien, porque creo que no tengo oportunidad de ser feliz.  Y podría asegurar que cada vez que nuestros labios se unen él puede sentir las ganas que tengo de darle amor. Nos dejamos llevar por el momento, abrumados por nuestros sentimientos y hormonas, nuestras lenguas se dan ligeros toques profundizando el beso, Ethan me sostiene fuertemente de la cintura, y toca mis piernas, intentando ayudarme a subir sobre él.  Aprovecho que estoy en su regazo para bajar mis besos hacia su mandíbula y cuello, esta vez no eran cortos e inocentes besos, sino largos y más pasionales. Sentir su respiración entrecortada me animaba a seguir con mi labor, mientras sus manos subían y bajaban por lo largo de mi espalda, incluso tuvo el valor de introducir sus manos frías dentro de mi sudadera para tener contacto directo con mi piel. -       Eres tan suave – susurró y levanté mis manos para ayudarlo a quitar mi sudadera, deteniéndonos unos segundos - ¿estás segura? -       Muy segura ¿lo estás tú? – pregunto acariciando su mejilla. -       Completamente seguro, si deseas parar me avisas – dice y asiento volviendo a besarlo, Ethan me sostiene con fuerza para ponerse de pie, cargándome hasta su cama, donde me deposita con sumo cuidado.  He tenido intimidad con otros chicos antes, por lo que no me siento nerviosa por encontrarme en esta situación con Ethan, sólo espero que el sexo no vaya a arruinar todo después. Mientras se acomoda encima de mí, lo ayudo a quitarse su camiseta, apreciando su torso desnudo por primera vez. -       Sonaré como un idiota, pero me da vergüenza que me mires así – dice evitando mi mirada. -      ¿Por qué? Si eres ardiente – respondo mordiendo mi labio y tocando su pecho. -      Tengo cicatrices – murmura – eso no es nada ardiente. Tengo experiencia con los golpes. Recuerdo sus palabras, y dudo que sean cicatrices producto de su trabajo, sé que él se mete en frecuentes peleas, pero tengo la sospecha que estas marcas apenas visibles en su torso tienen un origen más profundo. Son de su infancia. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR