Amando a un extraño

2335 Palabras
No preguntaré sobre un tema del que nunca ha siquiera mencionado, pero quiero que sepa que esas marcas no me molestan, cambio de lugar con Ethan, quedando encima suyo, mis dedos se dirigen hacia una de esas cicatrices, y la acaricio por toda su longitud, seguidamente deposito mis labios en ella. -       ¿Q-qué haces? – pregunta nervioso. -       Eres hermoso, Ethan O´Connor – respondo – y quien diga lo contrario se las verá conmigo. -       No te merezco, Noelle. -       Shh… estamos en medio de algo – digo acercándome para besarlo en los labios. Nuestro beso se vuelve apasionado y desesperado, sus caricias bajan de mi espalda hasta mi trasero, y una vez más suben, sus manos viajan torpemente buscando el broche de mi sostén, el cual desabrocha exponiendo mis senos frente a él, nos separamos unos segundos, su mirada no deja de verlos, relame sus labios y cambiamos de posición, quedando debajo de él. Ethan me da besos húmedos en mi mandíbula, los cuales viajan hacia el lóbulo de mi oreja, dejándome oír su respiración, siempre me ha excitado muchísimo eso, y después se concentra en mi cuello, lo que ocasiona que mis manos se aferren a su espalda con fuerza. Baja hasta llegar a mis senos, un gemido escapa de mi boca al sentir su boca chupándolos, mordiendo mis pezones con sensualidad, sabe exactamente cómo hacerlo, mis manos jalan su cabello, no controlo mi propio cuerpo. -       Más fuerte – le pido gimiendo. -       Dejará marcas – susurra. -       No importa, sólo hazlo. -       Cariño, estoy intentando controlarme, no me pidas esas cosas, por favor – dice mordiendo su labio. -       ¿A qué te refieres? -       Puedo hacerte daño – responde. -       No me molesta si eres rudo, no te cohíbas conmigo, sólo déjate llevar – lo animo antes de que vuelva a atacar mi cuello, sin tanta delicadeza esta vez. -       A mi chica le gusta que sea rudo – gruñe en mi oído mientras sus manos se abren paso entre mis jeans y ropa interior – te tocaré tan jodidamente bien que haré que olvides a todos los idiotas que te hayan siquiera mirado antes. Mierda… estás tan húmeda para mí. Hunde un dedo dentro de mí, haciéndome jadear, sus dedos son realmente largos, y me hace perder la cordura cuando su pulgar alcanza mi clítoris, lo mueve primero con movimientos lentos, hasta dar círculos con un ritmo increíble, mis caderas se mueven con aparente vida propia para crear más cercanía junto a su tacto. Introduce otro dedo sin dejar de mover el pulgar, su boca no abandona mis senos, se turna entre cada uno de ellos mordiéndolos con fuerza, arqueo mi espalda producto de todo el placer que mi cuerpo siente. Jadeo quejándome cuando ya no percibo su calor alrededor mío, rápidamente se quita el pantalón quedando en bóxer, y jala las prendas restantes de mi cuerpo, me encuentro completamente desnuda frente a él. Sonrío un tanto incómoda al tener varios minutos su mirada en mi cuerpo. -       Eres preciosa, Noelle – dice antes de acomodar mis piernas separadas una de la otra, y comienza a bajar sus besos por mi abdomen, se detiene en mis muslos, donde estoy segura que dejará algunas marcas por la fuerza que siento en sus besos – tus estrías son tan sexys, bebé. Me vuelves loco. Me estremezco al sentir su respiración en mi zona más expuesta, donde deposita un beso casto antes de mover su lengua justo en el punto de placer, la poca cordura que quedaba en mí abandona todo, y mi cuerpo parece tener vida propia, no soy consciente de nada, estoy cegada por todas las sensaciones placenteras que este hombre trae en mi zona íntima. Sostengo y jalo su cabello con fuerza, acercándolo más, y mis caderas se mueven con rapidez. -       Sí, justo ahí Ethan… Estoy tan cerca… Sólo un poco más, bebé Un gemido más fuerte sale de mi garganta al sentir que añadió tres dedos dentro de mí, y su lengua acelera el ritmo, una presión caliente se hace presente en la parte baja de mi abdomen, y mis caderas empiezan a moverse frenéticamente. -       Déjalo ir, vamos cariño – susurra y continúa con ese ritmo en mi cuerpo, muerde ligeramente mi clítoris y es cuando un grito se ahoga en mi garganta y ese calor ahora estalla en todo mi cuerpo. Son unos segundos gloriosos, en los que siento unas contracciones en mi zona baja, mis piernas tiemblan ligeramente, como consecuencia de mi orgasmo. -       Eres increíble, Dios, no sé cómo sigo viva – susurro y hago que cambiemos de lugares cuando recobro el aliento – ahora te toca a ti. A través del bóxer puedo ver la gran erección que trae, Ethan se acomoda en la cama y me ayuda alzando sus piernas para facilitarme el poder quitar su ropa interior. Relamo mis labios al ver su m*****o, sonrío ligeramente y me acerco para lamer la cabeza de su pene, Ethan se estremece al sentirme y su mano se dirige inmediatamente a mi cabello, sujetándolo como si tuviera una coleta. Vuelvo a lamer la misma zona lentamente, desesperándolo, puedo verlo en su rostro, y debo reconocer que me excita tener ese poder sobre él. -       Me estás matando – jadea – hazlo ya. -       ¿Hacer qué? Usa tus palabras, cariño. -       No querrás ser una chica mala conmigo, Noelle – me advierte. -       ¿No te gusta acaso lo que hago? – pregunto con voz inocente dándole otro lametón a su m*****o – pensé que era una chica buena. -       Estás siendo cualquier cosa menos una buena chica – se queja y le da una palmada a mi trasero – vamos cariño, por favor. Creo que ya lo hice sufrir lo suficiente, introduzco todo lo que puedo de su m*****o en mi boca, y disfruto viendo el rostro de placer que pone, Ethan muerde su labio y cierra con fuerza sus ojos, aprieta las sábanas con sus manos, se le ve tan ardiente. Me concentro en mi labor, asegurándome de pasar mi lengua por los lugares donde más le gusta. Las zonas que no caben en mi boca las toco con mis manos, moviéndolas lo más veloz que puedo, Ethan sostiene mi rostro con sus manos y empuja con fuerza, obligándome a tomarlo más profundamente, por unos segundos puedo tener todo su m*****o en mi boca, hasta que lágrimas empiezan a caer por mis ojos y siento arcadas, obligándome a toser y soltarlo en busca de un poco de oxígeno. -       Perdón, no debí hacer eso – se disculpa de inmediato - ¿estás bien? -       Sí, no te preocupes, a decir de verdad… me gustó – confieso y me dispongo a volver a atenderlo, pero me detiene con sus brazos - ¿qué ocurre? -       Si sigues así harás que termine, y no quiero hacerlo así. Me acomoda encima suyo mientras busca preservativos en el cajón de su mesa de noche, una vez que lo consigue hago que cambiemos de lugares, y lo sorprendo quitándole el sobre plateado de las manos. Lo abro con los dientes y se lo pongo con mi boca, logro escuchar un jadeo de su parte y sonrío con suficiencia. -       Cada vez me sorprendes más, babygirl – gruñe y me ayuda a acomodarme encima suyo, agarro su m*****o para colocarlo en mi entrada, ambos nos estremecemos al primer roce de nuestros cuerpos – mierda, estás tan apretada. Si bien me he acostado con muchos chicos antes, ya llevaba un tiempo considerable sin acción, y tener a un compañero como Ethan valió totalmente la espera. Me toma unos minutos acostumbrarme a su tamaño, y empiezo a moverme un poco despacio, creando un ritmo al que se une, se aferra a mis caderas con tanta fuerza que estoy segura que me dejará marcas, y me ayuda a ir más rápido. Me acerco hasta su rostro para besarlo mientras continuamos moviéndonos, y aprovecha para golpear mi trasero, haciéndome gemir fuerte. -       Me encanta escucharte así – jadea - ¿te gusta cómo te estoy jodiendo, cariño? -       Mucho – gimo – Dios, Ethan, se siente muy bien. -       Creí que eras una buena chica, pero mírate, toda una perra… perdón ¿fue demasiado? -       No, está perfecto, me gusta el dirty talk. -       Entonces te gusta ser mi perra – vuelve a nalguearme. -       Sí, más fuerte – le pido moviéndome lo más rápido que puedo. -       No sabes lo que pides. Levanta su torso acercándose más a mí, creando la mayor fricción posible entre nuestros cuerpos, ahora ambos sentados y yo aún encima suyo es perfecto, ambos nos movemos sin control alguno sobre lo que sentimos, Ethan jala con fuerza mi cabello mientras acelera el movimiento de sus caderas y muerde mi hombro. Mis gemidos son cada vez más fuertes y la presión en mi vientre es cada vez más fuerte, los gruñidos de Ethan son el detonante para que mi visión empiece a ser borrosa, y un grito estalla de mis labios colapsando en su regazo, mientras mi zona íntima se contrae con fuerza, unos minutos después entre gruñidos y maldiciones Ethan se corre gritando mi nombre. Seguimos en la misma posición por no sé exactamente cuánto tiempo, simplemente en silencio, aferrados el uno al otro. Besa mi frente y acaricia mi cabello, ordenándolo con cariño. -       ¿Estás bien? – pregunta preocupado. -       Lo que sigue de bien – contesto antes de besarlo – me gustó mucho. -       A mi igual, ¿te quedarás? Puedo prestarte alguna polera para dormir. -       Depende ¿tú quieres que me quede? -       Sí. -       Entonces ve a quitarte eso – digo señalando su pene, refiriéndome al preservativo – y tráeme una polera. Nos separamos con cuidado y me cubro con las sábanas de su cama hasta que vuelva. No puedo creer que hace menos de veinticuatro horas lo odiaba a muerte y ahora acabamos de tener sexo. Mientras espero a Ethan agarro mi celular, le pido a Allison que me excuse con los abuelos, que me quedaré en casa de Emma. Y hablando de la reina de Roma, parece que fuimos muy ruidosos. E: ¿Estás viva? Estoy pensando seriamente a cortarme las orejas, tengo el volumen al máximo y aún puedo escucharlos… qué asco. N: Lo siento, prometo compensarlo. E: Páguenme la terapia, nunca volveré a ser la misma. Bloqueo mi pantalla cuando Ethan regresa, me entrega una polera azul para vestirme, me enrollo en su sábana y cojo la ropa, le doy un corto beso y ahora soy yo la que va al baño. Me siento melosa y sucia por todo el sudor, entro a la ducha de Ethan para enjabonar mi cuerpo, y quedo sorprendida al revisar mi cuerpo. Marcas moradas y verdes se manifiestan alrededor de mi cuello, senos, muslos, trasero. Sí que se nos pasó la mano. Tras secar mi cuerpo me visto con su ropa y lo encuentro echado con el televisor prendido, su atención pasa a mí y sonríe con la sonrisa más perfecta de todas. Me acomodo a su lado, apoyando mi cabeza sobre su pecho. -       ¿Creerías si te digo que es la primera vez que duermo con una chica? – pregunta acariciando mi cabello. -       No sabía que eras de los que corren después del sexo – contesto en respuesta. -       ¿Acaso tú sueles quedarte con los chicos con los que te has acostado? -       Me he cruzado algunas veces con esos chicos que te prometen el sol y la luna, cuando lo único que quieren es quitarte las bragas, pero no, nunca he dormido junto a otro chico. -       Son los peores – me secunda Ethan – es mejor ser sincero desde el comienzo, no podemos ofrecer algo que no tenemos o no podemos dar. -       Confío en ti – digo besándolo – me siento segura contigo. -       Igual yo – responde – tal vez no lo parezca, pero estoy intentando este tema de expresar mis emociones. -       Lo sé, estoy agotada – suspiro. -       Somos dos – intenta apagar su televisor, pero lo detengo - ¿no quieres dormir? -       ¿Puedes dejarlo encendido? -       No… - dice riendo – no me digas que… ¿le tienes miedo a la oscuridad? -       Eres un idiota – bufo – no sé para qué te lo dije. -       Es que suena tan absurdo… ¿Cuántos años tienes? ¿Tres? -       La oscuridad me hace sentir abandonada, me recuerda lo pequeña que soy, y me atormenta la incertidumbre de saber que siempre estaré así, porque, a pesar de estar frente a la luz, mi presencia siempre será turbia. -       Noelle… -       No, descuida, tienes razón, es un miedo estúpido. -       El estúpido soy yo – dice – no debí burlarme de algo que te afecta, no soy experto en curar temores, pero no estás sola, Noelle, estoy contigo. Dejaremos la televisión encendida si es que hace sentir más segura, y no olvides que estoy a tu lado. -       Estás a mi lado – repito – tienes razón, es un temor de infancia, apaga la televisión. -       ¿Qué? -       Apágala, después de todo, te tengo a ti, si siento miedo recordaré que estás justo a mi lado. -       Está bien, pero si sientes que es demasiado me avisas. Mi corazón se acelera al percibir el silencio de la habitación, aquí, a oscuras, en un lugar que no es el habitual en donde duermo. No estás sola, recuerdo, a tu lado tienes a un chico que se preocupa por ti. -       Aquí estoy – susurra tomando mi mano. Respiro hondo y me acerco más a él, mi cabeza se acomoda en su pecho, y encontré algo mejor que el ruido de la televisión, ya no hay silencio aquí, mi nuevo sonido favorito son los latidos de su corazón. No estoy sola, lo tengo a él. 
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