Lizzie

2156 Palabras
La alarma de mi teléfono me avisa que es hora de despertar para iniciar la rutina de todos los días. Primer logro del día: dormir sin interrupciones ni pesadillas. Casi cuatro horas seguidas. Posible obstáculo: fue gracias a las pastillas que Eric quitó de mi tratamiento, pero que decidí ingerirlas de igual manera. ¿Estaré haciendo bien? Me quejo constantemente de no sentir mejorías en todo este tiempo, pero no puedo culpar de todo a Eric, está cumpliendo con su parte recomendándome lo que ve que es mejor para mí en base a su amplia experiencia, digo, no es el psiquiatra más solicitado de la ciudad y uno de los más reconocidos en el país por nada. Es efectivo, sus métodos lo son, el problema, como siempre, soy yo. ¿Cómo planeo sentirme bien si arruino cada tratamiento? ¿Cómo se supone que saldré adelante si continúo dando vueltas alrededor del mismo círculo? En lugar de nadar simplemente le limito a hundirme. Me rindo antes de siquiera intentarlo. ¿Puede que, en el fondo, no quiera sanar? O peor aún: no creo merecer una nueva oportunidad. Observo el frasco de píldoras que escondí en mi mesa de noche, no será fácil, pero si estas pastillas me garantizan que podré sentirme mejor, vale la pena intentarlo, no es tarde para continuar con mi vida. No recuerdo mucho sobre mi madre, apenas tengo memorias de ella, y desde donde sea que se encuentre ahora dudo que esté contenta viendo lo infeliz que soy, Lizzie quisiera que sea feliz. Y que brille más que el mismo sol. Tal vez puedo, hacerlo, quizá aún no es tarde para mí, mamá. Chicas, Su abuelo y yo tuvimos que salir hacia la compañía desde temprano, al parecer hubo un incidente, pero no se preocupen, no es algo de extremo cuidado, aunque lo más probable es que nos quedemos la mayor parte del día. Es el día libre de Rita, así que les dejaré dinero para que coman (en especial tú Ellie, que te estás saltando las comidas). Por favor cuídense e intenten no pelearse. Las amo. Nonna. Dios, dame paciencia y no permitas que Ally y yo terminemos asesinándonos hoy. Camino por la sala, comedor y cocina, es extraño que no haya señales de vida de ella, quizá la ausencia de mis abuelos no la motiva a ser doña perfección esta mañana. Este día parece que sólo puede mejorar cada vez más. Abro la refrigeradora y quito algunos hielos, los pongo en un vaso y me siento en la cocina mientras los saboreo uno tras otro. - ¿Sabías que mascar compulsivamente los hielos se llama pagofagia? – la masculina voz detrás de mí perturba el silencio en el que me encontraba hasta hace unos pocos segundos, llevo mi mano hacia pecho producto del susto. - Mierda, Alex, tienes que dejar de aparecer como un maldito fantasma – me quejo obteniendo una escandalosa risa de su parte – no es gracioso, en verdad me asusté. - Siempre tan hospitalaria – responde con sarcasmo – yo también te extrañé, anda, dale un abrazo a tu primo favorito – me pide extendiendo sus brazos con emoción, es imposible enojarse con él, en especial cuando tiene razón, me hizo mucha falta durante sus semanas de ausencia. Y es que Alex más que un primo es como mi hermano, el único m*****o de la familia Jennings que me trata como un ser humano. Desde que me volví responsabilidad de mis abuelos me vi obligada a convivir tanto con Allison como con él, y apenas nos presentaron nos volvimos inseparables, pese a la diferencia de edad. Quizá porque no somos tan distintos, de alguna manera somos las ovejas negras de aquí. Aunque, a diferencia de mi primo, yo no pedí ser así. Alex es rebelde por naturaleza, le encanta romper las reglas y buscar el peligro, vive a su propio ritmo sin importarle las etiquetas o el qué dirán. El abuelo siempre quiso que él tome interés en la industria farmacéutica para ser en algún momento su sucesor en la compañía. Nunca podré olvidar la respuesta de Alex, pues ocasionó todo un caos; abandonó la universidad y desapareció por casi un año, desde entonces su vida es así: se va lejos a cualquier parte del mundo a emprender rumbo, se gasta todo el dinero que tiene y regresa a casa por temporadas hasta que otra loca idea salta a su mente. Y después estoy yo, una montaña rusa de emociones viviente, un barco a la deriva, sin saber hacia qué rumbo se dirige, sin control de mi vida. Prácticamente soy la marginada de la familia, a la que los demás tienen lástima por no tener padres, ni futuro, nada. Por más que me esfuerce mi opinión no será tomada en cuenta, mis deseos no los valorarán, a veces me da la impresión que nunca llegaré a pagar por los errores de mi madre. ¿Cuáles fueron? No lo tengo muy claro en realidad. En casa está prohibido hablar sobre ella, mi abuelo no tolera siquiera escuchar su nombre; Nonna, por otra parte, solía hablarme sobre Lizzie cuando era niña, pero dejó de hacerlo tras una gran pelea con mi abuelo. Desde entonces todo lo relacionado a mis padres es un misterio sin resolver, por más que intento recordar es como si mi mente hubiese eliminado todos aquellos momentos con mis progenitores. ¿Qué habrá hecho mi madre para ser tan odiada? ¿Eras como yo, mamá? El abrazo de Alex me trae de vuelta a la realidad, sacude mi cabello desordenándolo y llenando toda la casa de risas y gritos de dos jóvenes tonteando en los alrededores. Alex toma mi mano dirigiéndonos hacia la sala, hace señas indicándome que me siente. De pronto todo el ambiente cambia, y pareciera que me contará algo serio. -       ¿Qué hiciste? – pregunto suspirando, ¿Alex en problemas? Nada nuevo. -       Descuida, no es algo malo, al contrario, es un regalo, para mi prima favorita en todo el mundo – responde con una sonrisa – espero que te guste, me costó mucho conseguirlo. -       ¿Conseguir qué? – todo este misterio me inquieta, y no soy una persona precisamente paciente. -       Esto – responde y me entrega una fotografía, mi mente demoró unos minutos en procesarla, hasta que entendí de lo que se trataba, y simplemente me congelé – vamos, Noelle, di algo. Mi corazón se detuvo, al igual que mi respiración, mi dedo índice se posa en aquel rostro femenino, acariciándolo como si fuera lo más delicado que he tenido en mis manos. Es hermosa. Sin duda alguna es la mujer más bella que he visto en mi vida. Sus ojos azules parecen mirarme a través del papel con una alegría desbordante, casi no trae maquillaje, y no lo necesita, es una ofensa para la obra de arte que es su perfecta piel blanca, que parece siquiera tener poros. Lleva el cabello castaño hasta la altura de sus hombros, sus labios carnosos son de un color carmesí y muestran la sonrisa más sincera, perfecta, y pura de todas. Me parece que puedo escucharla reír mientras canta Chiquitita. Había olvidado lo bonita que eras, Lizzie. Mi Lizzie. Mi madre. -       ¿De dónde la sacaste? – le pregunto poniendo mi mejor esfuerzo en parecer neutral, aunque estoy segura que mi rostro me delata. El nudo que tengo en la garganta arde cada vez más. -       Tengo mis recursos, ¿no te alegra? Así no la volverás a olvidar – susurra – sólo procura esconderla bien, ya sabes cómo reaccionaría el abuelo si logra ver a la tía Lizzie, así sea en una imagen. Te pareces muchísimo a ella, excepto los ojos, seguramente de tu padre heredaste los ojos verdes. -       ¿Alex? ¿Qué haces aquí? ¿Papá y mamá saben que estás aquí? – Oh no, Allison está enojada, camina hacia su hermano y lo señala acusatoriamente – Espero que no te hayas vuelto a meter en líos, ya suficientes problemas traes a la familia. -       Definitivamente cada día te pareces más al abuelo, hermanita – responde Alex ignorando por completo a Ally – por cierto, no deberías enojarte tan seguido, te vas a arrugar. -       Por Dios ¿cuándo piensas madurar? Alex, ya tienes 26 años, y no haces nada de provecho con tu vida – mi prima se queja mientras jala su cabello rubio con frustración – fíjate bien Noelle, tu destino será igual que él si no cambias. -       A mí no me vayas a meter en tus dramas – digo poniéndome de pie dispuesta a ir a mi habitación, hasta que ella tira de mi brazo haciéndome volver a mi lugar - ¿Qué diablos te pasa? – grito soltándome. -       No me dejes con la palabra en la boca – levanta una de sus cejas - ¿qué tienes en tu otra mano? -       Nada que te importe – respondo fastidiada, se siente con poder por ser la favorita del abuelo, sabe que sin importar lo que haga el abuelo siempre la defenderá. Hace caso omiso a mis palabras y arrebata de mi otra mano la fotografía que sostenía con tanta delicadeza – devuélveme eso, no es tuyo. -       ¿Ella es la famosa tía Elizabeth, no es así? – inquiere – La antigua loca favorita de la familia. -       No te atrevas a hablar así de mi madre – respondo elevando mi voz. -       ¿Estoy mintiendo? Todos sabemos que tu madre estaba loca Noelle, por eso tú también lo estás, y seguramente tendrás el mismo destino que ella cuando termines matándote – escupe sin más dejándome sin palabras - ¿no te diste cuenta antes? Tu madre se suicidó. -       Cállate – grito y una fuerza se apodera de mí, sin siquiera pensarlo mi mano se dirige hacia su rostro dándole una bofetada que resuena en toda la sala – Piénsalo dos veces antes de hablar así de ella. -       Las dos paren – Alex se pone al medio de ambas, haciendo que nos separemos – somos familia joder, no podemos andar por el mundo odiándonos y diciéndonos cosas tan hirientes. Allison, no debiste hablar así de la madre de Noelle, y tú, no te metas en más problemas. -       Por primera vez dices algo coherente, Alex – Ally sonríe cínicamente – hay problemas cada que mencionamos a la tía Lizzie, ¿así le dices de cariño, no es así, Noelle? – pregunta haciendo un puchero y sosteniendo la fotografía con ambas manos – no se preocupen, los problemas desaparecerán de la familia Jennings. Todo parecía moverse en cámara lenta, aunque realmente fueron unos segundos. Lo siguiente que recuerdo es ver a mi prima romper el único recuerdo físico que podía tener de mi madre. Y todo por un arrebato suyo. La vida es tan sencilla para ella, moviendo el mundo a su antojo. Aprieto mis puños con fuerza, intentando distraer el único pensamiento que venía a mí. Mátala. Empujo con todas mis fuerzas a Alex, y mi puño se estrecha directamente contra la nariz de Allison, formándose un charco de sangre, ni sus gritos, ni los de Alex me hacen parar, ella también intenta responder a mis golpes, pero se la dejo nada fácil, hasta que mi primo me sostiene separándonos por segunda vez. -       Suéltame, voy a matarla – grito luchando por liberarme. -       Noelle, cálmate, mira lo que estás haciendo – responde Alex intentando que reaccione. -       Lo sabía, enloqueciste porque no estás tomando tu medicación nueva – exclama Allison poniéndose de pie – espera a que los abuelos se enteren sobre esto – responde corriendo hacia mi habitación, mis pies parecen moverse por voluntad propia tras de ella, encima de mi cama se encuentra el famoso frasco, y tal como señaló, estaba intacto – se me ocurre una mejor idea, ¿qué pasaría si no tienes ninguna medicación? ¿en cuánto tiempo terminarías de enloquecer, Noelle? Supongo que lo descubriremos – se dirige hacia mi baño y al sentir el sonido de la cadena no necesito más para saber que ha botado mis píldoras por el inodoro. -       ¿Qué mierda, Ally? – grita Alex - ¿Te volviste loca? -       No Alex, la loca soy yo – digo – y si Ally quiere descubrir qué tan loca soy, lo haremos, aunque si fuera tú tendría cuidado, porque lo primero que haré es asesinarte mientras duermes, de la manera más lenta y dolorosa posible, no me importaría quedar internada toda la vida en un psiquiátrico si tengo el placer de haber acabado con tu vida – hablo y me acerco poco a poco hacia ella en ningún momento dejo de mirarla directamente a los ojos. -       Noelle, sal de aquí, ella quiere provocarte para que caigas – Alex toca mis hombros con cuidado – yo me encargaré de Allison, y todo estará bien, pero necesitas calmarte. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR