Siempre me han dicho que hay una persona especial para cada uno de nosotros, a la cual no le importará nuestro pasado, ni tendrá temor por nuestros demonios. ¿Será realmente eso cierto? Lo dudo.
Hay personas que sólo quieren ver lo bueno, y huyen apenas descubren algún defecto, otras resultamos jodidamente difícil de amar, y también existen algunos que han sufrido lo suficiente como para sentir miedo, y les aterroriza la idea de volver a querer a alguien, porque, a fin de cuentas, no importan lo que digan, el amor no es perfecto ni mucho menos mágico, es vulnerabilidad, es brindarle todo a otra persona y confiar en que siempre cuidará de ti. Y eso, casi nunca se cumple.
A final de cuentas el ser humano es egoísta, está en su instinto ver primero por sí mismo antes que por el resto, claro, a excepción de algunas pocas personas que tienen algún complejo de Jesús o traumas paternales y ponen a los demás primero. Y la sociedad lejos de agradecerles, los cataloga como “idiotas” y se aprovechan de ellos.
¿A quién acuden aquellas personas que siempre están dispuestas a ayudar cuando tienen problemas, o necesitan que los escuchen? ¿Contarán con alguien? ¿O, al verse solos y sin salida optan por callar sus pesares, y siguen como si nada hubiese pasado?
¿Nunca te ha pasado que te sientes triste, pero no sabes a quién acudir? Y te intentas convencer día tras día diciéndote que no es para tanto y pronto te sentirás mejor, sin embargo, los minutos transcurren, vas marcando los días en el calendario, y ese sentimiento se hace cada vez más fuerte, hasta que, cuando menos te das cuenta, te domina.
Entonces comienza una lucha contra esa oscuridad, sabes que no estás bien, pero no tienes a nadie disponible, de pronto tu mente cree que todas las personas alrededor tuyo te odian, o están ocupando su tiempo haciendo algo productivo por sus vidas, y no deseas molestarlas con tus problemas.
Puede que, en el camino, encuentres a alguien dispuesto a escucharte, llega el momento en el que debes hablar, y no sabes qué decir, tu cerebro tiene mil frases, pero no puedes decir ninguna, o si lo haces, no comprenden realmente lo que quieres decir, puede que las palabras correctas no aparezcan.
Y es que, lo que los demás no entienden es que no hay palabras correctas para expresar lo rota que te sientes.
Lo agotador que es vestirte de felicidad todos los días y maquillar esa sonrisa falsa con la esperanza que sea permanente.
Lo abrumador que es apreciar cómo tus amigos, familia, conocidos siguen avanzando con su vida, mientras tú estás estancada en un pozo del cual pareces no ser capaz de salir nunca.
Lo frustrante que es saber que estás mal, pero no poder hacer algo para mejorar, lo intentas, cada día, pones todo tu esfuerzo, te lo propones con lágrimas en los ojos antes de dormir, te aferras a la idea de estar bien, aún falles siempre, hasta que, un día lo único que deseas es dejar de sufrir.
Te rindes.
Es como caer en el agua y dejarse vencer, una lucha incansable donde la meta es exterminar demonios, pero, si ellos son parte de ti, ¿implica matarte de alguna manera? ¿Será posible que alguien pueda amarnos, aún con nuestro lado oscuro?
Quizá sueno como una lunática, o como una chica que perdió la esperanza, puede que lo sea. Lo único que tengo claro es que la oscuridad ganó esta batalla, y lo he aceptado en todos estos años. No busco a alguien que me arregle, porque no tengo arreglo, sólo quisiera poder hablar con alguien sin ser juzgada, etiquetada o analizada.
Una. Simple. Conversación.
No quiero que arreglen mi vida o me den soluciones mágicas, sólo quiero que alguien me escuche de verdad, que conozca todo de mí, y que me dé su mano, después de todo, la oscuridad es mejor cuando tienes compañía.
Suspiro y acaricio el pequeño tatuaje de un sol que tengo en la muñeca derecha. Cuando era pequeña mamá solía dibujar uno igual cada vez que lloraba, para recordarme que al final, no importa lo horrible que se vea el día, el sol puede demorar, pero igual saldrá, creo que hacía referencia a canciones como Beautiful de Christina Aguilera y Chiquitita de Abba, una de sus bandas favoritas, es uno de los pocos recuerdos que tengo de ella.
Apenas son fragmentos que aparecen cada cierto tiempo en mi memoria, lo más triste es que recuerdo algunas sensaciones, emociones, pero no me acuerdo de su aspecto, de su voz, de aquellas cosas que la hacían mi madre. Son acontecimientos borrosos en mí, que, no sé si algún día seré capaz de recuperar.
Mi celular vibra haciéndome notar que he recibido mensajes de un número desconocido.
X: Hey! Soy Emma... Nos conocimos en Disturbia ayer, espero que no te parezca raro, pero me pareciste una chica genial.
Oh Emma, eres realmente linda, pero si me conocieras en verdad saldrías corriendo, ni siquiera mi propia familia me soporta.
N: Claro que te recuerdo Emma ¿qué tal?
E: Nada en particular, no quiero que pienses que soy una psicópata, pero te tomé una foto y creo que sales genial, te la envío.
Emma envió una foto.
E: Repito, no soy una psicópata, no tengo muchas amigas mujeres y me gustaría que fuéramos amigas, claro, si no soy muy extraña o huelo a desesperación.
N: Descuida, no soy la normalidad hecha mujer, creo que podemos ser un par de raras juntas.
E: ¡Me encanta la idea! Entonces ¿te parece si vamos por un café o lo que sea que hagan las amigas?
N: ¡Sería genial!
“No hables con desconocidos y mucho menos vayas a hacer amigos por internet, Ellie, es muy peligroso y arriesgado, no sabes las intenciones que esas personas puedan tener” Nonna solía repetir este sermón cuando las r************* empezaron a ser populares entre los adolescentes, y siempre contaba anécdotas de las nietas de sus amigas y alguna mala experiencia.
Tengo la sensación que mi abuela estaba más preocupada por mí ya que no tenía amigos reales, y bueno, hasta ahora no los tengo. A diferencia de mi prima Allison me cuesta socializar con los demás, la mayoría de personas de mi edad me parecen tontos, obviando el presentimiento que me odian en secreto y juzgan cada detalle de mi ser.
Soy de esas personas solitarias, que disfrutan de una tarde lluviosa tomando una taza de café y escuchando alguna playlist armada con mucho cuidado. Prefiero quedarme en casa viendo una maratón de series a estar de fiesta en fiesta.
O estoy en mi mundo, aparentemente puedo estar sentada en un escritorio, pero en mi mente me encuentro en un lugar totalmente distinto, en mi lugar seguro, en mi pequeño paraíso. El tiempo se detiene mientras por unos instantes me desconecto de la realidad, y recupero las energías necesarias para seguir adelante.
El abuelo dice que tanto medicamento debió atrofiar mi cerebro, Nonna cree que soy distraída, igual que mi madre, para Ally soy de esas personas a las que no les importa lo que sucede a su alrededor. Eric lo llama ensoñación excesiva.
¿Cómo lo llamo yo? Resistir. Me da igual lo que piensen de mí por “soñar despierta”, es lo único realmente bueno en mi vida en estos momentos y me ayuda a no rendirme.
Volviendo al tema, no soy tan buena socializando ni mucho menos tengo experiencia en lo que respecta a amistades, pero Emma no parece ser una mala persona, es decir, la conocí ayer, en el baño de un club en medio de un ataque de pánico, no la recuerdo tan bien, aunque sí me acuerdo que me dio la impresión de ser agradable.
Lo siento Nonna, pero he decidido correr el riesgo y conocer más a Emma.
¿Notas eso, Noelle? Esa impulsividad que estás manifestando últimamente va en aumento, llegará un punto en el que toques fondo para que te des cuenta de lo que estás haciendo ¿hasta dónde serás capaz de llegar?
Basta. Sacudo mi cabeza intentando quitar la irritante voz de mi psiquiatra de mi mente. Es inevitable pensar en él y lo que me diría si me viese en momentos como este. Aunque viéndolo desde otra perspectiva, Eric siempre me pide que trabaje en mis habilidades sociales e intente tener amigos. Es hora de obedecer al profesional.
Tomo una ducha rápida para despejarme y me visto con una chompa color hueso que acomodo dentro de mis jeans. Busco mis botas debajo de mi cama y me miro en el espejo, de pronto la voz de Allison llega a mi cerebro, diciéndome lo mal que se ve mi cabello, y opto por coger un gorro n***o para cubrir mis inseguridades.
Bajo las escaleras y pongo la excusa de que iré a la universidad para reunirme con mis compañeros y terminar un trabajo. Cuando quieras salir y obtener permiso de inmediato usa esa excusa, te la recomiendo.
Apenas salgo de casa me coloco los auriculares, V for Volume me acompaña con Cheap Universe durante mi trayecto hacia la cafetería en la que me citó Emma. El camino es repetitivo hasta la estación de tren, golpeo con mis dedos mi bolso al ritmo de la música mientras espero a abordar el transporte que me llevará.
Veinte minutos más tarde me encuentro a pocas calles de Disturbia, ¿Emma vivirá cerca? Tiene sentido que estuviera ayer en la fiesta, ¿el extraño de ayer también estará por aquí? ¿debería escribirle? No, mejor no, sería un error, ¿de qué le hablaría? Entraré en pánico y quedaré como una perdedora.
Por andar metida en mis pensamientos me pasé seis calles, camino de vuelta hasta una cafetería con un pequeño toldo rojo, busco con la mirada hasta encontrarla. Lleva puestos unos pantalones ajustados y una camiseta con el logo de The Rolling Stones. Sonríe apenas hacemos contacto visual y se pone de pie para darme un abrazo, está notablemente emocionada de verme.
-Lo siento, la verdad es que no tengo amigas mujeres y me siento muy feliz de por fin tener una. ¿Sabes lo aburrido que es tener sólo amigos hombres? – dice mientras ambas nos sentamos. Una mesera se acerca para tomar nuestra orden de inmediato.
-Descuida, me agradas así que no hay problema - le respondo para que gane confianza – además, yo tampoco tengo muchas amigas que digamos.
- Por supuesto, te agradé tanto que ayer nunca apareciste en mi mesa, quedé en ridículo delante de mis amigos – me cuenta haciendo un puchero.
-Lamento eso, no es que no haya querido ir, lo que pasó fue ... - una inevitable sonrisa aparece en mi rostro mientras busco las palabras adecuadas para contarle lo ocurrido con aquel extraño y ella reacciona igual que yo. Parece que es una chica intuitiva.
- ¿Cómo se llama? - pregunta ella hincándome con su dedo - esa sonrisa tiene nombre, apellido y ¿número telefónico, tal vez?
- Los tiene – asiento y bebo un sorbo de mi taza de café – pero llamarlo no está dentro de mis planes.
- Espérame, creo que me perdí, déjame entender lo que está pasando: conociste a un chico guapo, tienes su número y no quieres llamarlo – Emma resume lo que viví la noche de ayer y asiento - ¿por qué? Digo, soy una persona extraña, pero esto excede los límites de lo que mi cerebro puede entender.
- Si lo llamo arruinaría todo lo mágico y alocado de anoche, es decir, sí la pasamos bien, nos divertimos mucho, pero no creo que pueda llegar a más, digo, ¿qué se supone que le diría por teléfono? – cuestiono jugando con uno de los anillos que tengo puestos.
- “Hola, soy Noelle, nos conocimos anoche en Disturbia, quiero verte” – dice Emma fingiendo un tono sexy al hablar.
- Definitivamente no – respondo riendo – al menos no por ahora, tal vez la otra semana me anime a llamarlo, siempre y cuando me ayudes a pensar en algo mejor para decir.
- Cuenta con ello, ya se nos ocurrirá algo – Emma guiña un ojo y su mirada se fija en mí – me gusta tu gorro ¿en dónde lo compraste?
- La verdad no recuerdo bien, sólo lo usé para cubrir un poco el desastre que traigo en la cabeza – respondo encogiéndome de hombros, ella me mira de un modo un tanto serio - ¿sucede algo?
- ¿Quién te ha hecho creer que te queda mal tu cabello? – pregunta interesándose.
- No hay necesidad de que alguien lo diga, es obvio – no soy una experta en estilismo, aunque sí hice mi mejor esfuerzo en que quede parejo.
- Noelle, nadie nace odiando, siempre existe alguien que te enseña a odiar – dice tomando mi mano – si en verdad te quedara mal te lo diría, ahora ¿me dirás quién es la envidiosa que te hizo creer eso?
- Es una tontería en realidad, fue un comentario que hizo mi prima – le confieso a mi nueva amiga con temor, las pocas veces que me he abierto delante de “una persona de confianza” han terminado burlándose de mí.
- No te ofendas, pero tu prima es una tonta – responde sin tomarle mucha importancia – se te ve genial, con mucho estilo. Es más, incluso me dan ganas de hacerte una sesión de fotos.
“Sesión de fotos” suena tan femenino. No sabría exactamente cómo definir mi estilo, suelo utilizar ropa ancha porque prefiero la comodidad, ante todo, no uso mucho maquillaje, apenas algo de rímel y de vez en cuando delineo mis ojos, aunque me encanta usar accesorios. No faltan los anillos, collares o aretes en mi día a día.
En cuanto a fotos, no suelo tomarme muchas, y las pocas que saco tienen un estilo borroso, y se aprecia sólo mi rostro o sólo mi cuerpo.
Estoy a punto de negarme a la sesión de Emma hasta que un flash me da directamente en los ojos, sonriendo le pido que pare, pero no me hace caso, saco un dedo medio hacia ella mientras sigue sacando fotografías de mí, finalmente propone tomarnos una selfie y acepto.
- Bien, alguna debe de gustarte, soy buena fotógrafa – dice Emma orgullosa.
- Esta es genial – indico señalando la foto en la que saco el dedo medio – aunque a mi familia le daría un infarto si la vieran, va totalmente “en contra de todo lo que me han enseñado” – respondo haciendo comillas con mis dedos.
- ¿Qué importa lo que los demás digan? La vida pasa tan rápido para vivir complaciendo a todos menos a nosotros mismos ¿no lo crees? – pregunta y me enseña su teléfono – esta es la verdadera Noelle, sin inseguridades ni miedos infundados – dice mientras me muestra una de las fotografías, sonrío frente a la cámara y… me veo feliz.
- Gracias – respondo con total honestidad, Emma sonríe y me pide otro abrazo.
Por lo pronto que conozco a Emma tiene 20 años y estudia diseño en un instituto, es, probablemente la persona más alegre que he visto, siempre tiene una sonrisa en el rostro y algo divertido para decir.
Pero eso no fue lo mejor de conocerla, sino que por primera vez sentí que puedo formar parte de un grupo, siempre rechacé la idea de tener amigas por creer que serían un ejército de Allison´s, criticando absolutamente todo, olvidé que también hay chicas como Emma, libres y auténticas, sin temor de mostrarse tal cual son.
Camino a casa las palabras de mi nueva amiga resuenan en mi cabeza. No bajo para la cena, prefiero quedarme aquí, en mi habitación, converso unos momentos con Emma por mensajes de texto y tras unos minutos decido abrir mi laptop.
Hoy fue un día diferente a los demás, así que creo que es necesario escribir sobre ello. Hice una amiga nueva, su nombre es Emma y tiene la misma esencia de la canción Rhiannon: transmite libertad y calma.
Me dijo una frase que me dejó reflexionando “nadie nace odiando, alguien te enseña a odiar”. Y tiene razón, todo lo bueno y lo malo que sabemos lo hemos aprendido: a lo que tememos, lo que odiamos, lo que amamos. Somos inseguros porque alguien en nuestro entorno se encargó de resaltarlo, de hacernos creer que estamos mal, que tenemos alguna falla o un error.
Qué irónica es la vida, las personas que deben criarnos y protegernos son las que al final nos hacen más daño ¿cómo le dices a tu familia que sus palabras te duelen? No hay manera correcta de hacerlo. En mi experiencia hay dos opciones: O creen que estás bromeando, o se excusan, diciendo que lo hacen por tu bien.
¿Qué nos queda entonces? Sobrevivir como podamos. Con un poco de suerte encontrarás al menos a una persona en quien confiar.
Hoy después de mucho tiempo me divertí en verdad, pude tener una conversación sincera, sin sentirme juzgada o nerviosa, tuve dolor de estómago, pero por lo mucho que reí. Había olvidado lo que se siente llorar de la risa. Mis ojos recuperaron por unos minutos ese brillo que había perdido con el paso de los años.
Pude ver a la antigua Noelle por unos instantes, y fue asombroso.
¿Por qué tengo que cambiar si me siento cómoda así? ¿Acaso mi familia toma en cuenta mis sentimientos para algo? No, no lo hacen ¿por qué tengo que hacerlo yo entonces? Es el comienzo de una nueva etapa, no estoy segura de hacia dónde me llevará, solo sé que aún tengo esperanza. Y puede que, después de todo, no esté tan sola como pensaba.
Apago mi laptop y busco las fotografías en mi celular. Respiro profundamente antes de presionar el botón de “aceptar”.
Publico las fotos y tomo un par de las píldoras que me dio el extraño de Disturbia. Apago las luces quedando únicamente con la lámpara encendida. Busco una película para distraerme hasta quedar dormida, apenas comienzo a sentir que mis ojos se cierran bajo unos puntos el volumen, lo necesario para dejarme descansar sin problema, pero lo suficiente para escuchar las voces de los actores a distancia y no sentirme sola durante la noche.
Hoy fue un buen día.