Disturbia

2719 Palabras
No tengo mucha experiencia visitando clubs porque odio los lugares que están llenos de personas, así que no puedo criticar mucho a Disturbia, aunque aparentemente es un club normal, está perfectamente decorado con la temática de Halloween y la pista de baile está llena de jóvenes eufóricos que gritan y bailan las canciones que toca el Dj. Estoy abandonada en la barra después de tomar mi segundo vaso de vodka, Ally y Jason han ido a bailar. Vine con la intención de divertirme, o al menos distraerme un poco, en algo Allison tenía razón, tengo que ocupar mi mente para evitar sentirme mal. Pero este no es mi ambiente.  Me siento como un bicho raro rodeada de extraños. Seguramente están ocupados en sus propios asuntos, pero mi ansiedad ha metido en mi mente la idea que todos me odian y andan criticándome aún sin conocerme. Que vivan los pensamientos autodestructivos. La música está muy fuerte, la peluca me da calor, me siento observada por todos lados, mentalmente cuento las horas para poder irme de aquí, hasta que todo empezó. No. Por favor, ahora mismo no. Mi mano comienza a temblar antes de sentir esos horribles dolores de cabeza. Está ocurriendo otra vez. No por favor, aquí no. Hoy tenía que ser un buen día. Me levanto lo más veloz que puedo en busca del baño.  Abro el grifo del agua e intento refrescarme, todo estará bien, sólo tienes que mentalizarte. Me quito esa insoportable peluca y controlo mis respiraciones, tú puedes Noelle, tú puedes controlar lo que sientes. - ¿Te encuentras bien? - me sobresalto al sentir una mano sobre mi hombro, a mi lado encuentro a una chica de mi edad, es unos centímetros más alta que yo y de contextura delgada, su cabello es de altura media y morado claro, lleva puesto un vestido n***o ceñido al cuerpo que le queda espectacular, aunque no estoy muy segura del personaje del cual se ha disfrazado - Yo también me estaba sofocando ahí dentro, hay demasiadas personas. - Sí, creo que es lo que pasa cuando visitas un club popular en Halloween – respondo mientras lavo mis manos con agua fría. - Culpables – sonríe y sus ojos verdes de achinan un poco al hacerlo, es linda - Wow, amo tu cabello, ¿te puedo dar un consejo? Quítate esa peluca y no la vuelvas a usar, se te ve mucho más sexy así. - ¿En serio lo crees? – pregunto sorprendida, esta extraña me ayuda a subir mi autoestima mucho más que Allison, a quien casi le da un infarto al ver mi cambio de look. - Nunca miento, cariño. Por cierto, me llamo Emma – se presenta. - Soy Noelle – respondo y estrecho su mano con la mía. - ¿Con quién has venido hoy? - me pregunta amablemente. - Vine con unos amigos, pero creo que me han dejado – decido ser sincera con ella, no parece ser una mala persona, o tener intenciones ocultas. Tal vez con Emma pueda tener aquella experiencia que manifiestan los jóvenes con “conocer a una extraña en los baños de algún club”. - No nos conocemos del todo Noelle, pero déjame decirte que no son tus amigos. Jamás se abandona a una amiga en un club. Si quieres puedes entrar a mi mesa, mis amigos son idiotas, pero llegan a ser divertidos cuando quieren - ¿acaso esta chica nunca deja de sonreír? Me recuerda a alegría de Intesamente. - Claro, suena genial - no suelo aceptar invitaciones de extraños, pero Emma me transmite mucha confianza. - Te espero entonces, espera, quizá después me embriague y olvide pedirte tu número, así que lo haré ahora - extiende su mano ofreciéndome su teléfono, agrego mi número y se lo devuelvo - es un gusto conocerte, cariño.  Apenas conozco unos minutos a Emma y ya me parece mucho más agradable que Allison, ¿qué cosas digo? Debe ser el alcohol y esos brownies que se me han subido un poco, el dolor de cabeza ha disminuido, creo que podré salir a buscar a Emma y sus amigos, dudo que Jason y Ally me estén esperando, bueno, dudo que se vayan sin mí ¿no? Digo, vinimos juntos y lo lógico es que nos vayamos juntos también. - Si así me recibirán en el infierno cuando muera, arderé con mucho gusto a tu lado - volteo rápidamente mi cabeza hacia el lugar de donde se dirigió aquella voz ronca y masculina. - Este es el baño de chicas - recalco, esperando que se trate todo de un error. Mi voz es elevada y aparentemente segura, aunque por dentro estoy asustada, es un chico muy alto y fuerte, mi metro sesenta y cuatro y yo nos sentimos intimidados ante su ¿metro ochenta? Esto no puede ser nada bueno. - Lo sé, te he estado observando desde hace ya un tiempo, tranquila, tengo exactamente lo que necesitas – el castaño de cabello rizado da algunos pasos al frente, acercándose a mí. - No estoy interesada, gracias - respondo e intento salir de aquí, pero soy detenida por aquel chico, sonríe hacia mí de una manera peculiar, podría apostar que reflejaba cierta maldad en ella - hazte a un lado, voy a salir - le indico un poco más seria - si no te mueves gritaré. - Estás muy tensa como para estar en un club divirtiéndote – cuestiona levantando una de sus cejas. - Más que tensa diría que estoy irritada - lo miro fijamente a los ojos - tengo poca tolerancia hacia la gente que no entiende lo que significa la palabra "no". - ¿Segura? Creo que sé el motivo de tu irritabilidad - vuelve a esbozar esa sonrisa y saca de sus bolsillos una bolsa plástica pequeña, mi mirada se dirige hacia aquellas píldoras que parecían ser mi solución – nos empezamos a entender, en mi casa tengo más. - ¿No tendrías que invitarme un trago primero antes de invitarme a tu casa? - pregunto y parece sorprendido ante mi cambio, él se acerca más a mí hasta quedar a centímetros de distancia. - Bienvenida a Disturbia cariño, estoy segura que no lo olvidarás jamás – dice repitiendo las palabras del eslogan del club y esboza una sonrisa llena de seguridad y confianza en sí mismo. Toma mi mano y me dirige hacia la barra, ordena un par de tragos y su mirada vuelve a enfocarse en mí. No puedo negar que es un hombre guapo, extremadamente guapo, sus ojos verdes hipnotizan desde el primer segundo en que los miras. Su cabello largo deja al descubierto unos rizos rebeldes y las líneas de su mandíbula son tan definidas que le pediría que corte mis venas con ellas. Basta Noelle, no seas más extraña de lo normal. - ¿Cómo supiste que yo ...? - intento preguntar, pero soy interrumpida. - No estabas sofocada, tenías un ataque de pánico, debes ser una persona sumamente ansiosa, tus uñas están completamente mordidas y mueves compulsivamente la pierna izquierda. - Eres brillante, Freud, descubriste mis problemas, ¿cuánto quieres por las pastillas? – respondo cortante esperando romper todo vínculo con este completo desconocido que se entromete en la vida y problemas de los demás. - Lo que me extraña - continúa hablando, ignorando por completo mi pregunta - es ¿por qué tu doctor no te las receta? ¿el nuevo medicamento no funciona o es que tienes un problema más serio que tu ansiedad generalizada? - ¿Vas a venderme las pastillas o a darme un análisis de mi vida? – comienzo a alterarme, para examinar mis defectos y brindar un diagnóstico ya tengo a Eric. - Era simple curiosidad, me resultas interesante. Eres toda una caja de sorpresas – responde encogiéndose de hombros. Da un sorbo a su bebida y sonríe con una pizca de nerviosismo, muerde ligeramente un piercing que tiene en su labio. Dios, se ve tan caliente. - No querrás abrir esa caja, créeme – le advierto antes de beber de mi cerveza. - ¿Por qué no, cariño? ¿Crees que puedas hacerme daño? - susurra en mi oído - Tranquila, todos tenemos un lado oscuro dentro de nosotros, en especial aquí – su voz es tan calmada que me recuerda al ronroneo de un gato. - ¿En un club? – pregunto confundida. - En Disturbia, no te confíes de la oscuridad, aquí todos los secretos salen a la luz, algunos más graves que otros – continúa, su mirada recorre todo el club, y una media sonrisa adorna su rostro, es una sonrisa cínica, como si supiera cada secreto que abunda en este lugar. - No te vayas a ofender, pero no me siento cómoda hablando con un extraño sobre estos temas – no miento, si mi propia familia me critica constantemente, ¿qué puedo esperar de alguien que no tiene ningún vínculo conmigo? - Ya veo, tu familia es de esas de clase alta, pero que están llenas de prejuicios ¿no es así? - me levanto de la silla dispuesta a irme, hasta que el chico se para frente a mí - lo siento suelo ser muy directo. A diferencia tuya, a mí me resulta más sencillo contar mis cosas a desconocidos, después de todo ¿qué les importa? No los conoces, te desahogas y listo.  -¿Me vas a vender las pastillas o no? – repito evidentemente molesta, este extraño me saca de mi zona de confort y me produce sensaciones extrañas. -¿Tan desesperada? No pareces de las que son adictas... Bien, bien, te las daré, pero no quiero dinero a cambio – Esto no puedo estar pasando ¿está diciendo lo que creo que está diciendo? -Estás demente si crees que me acostaré contigo por unas píldoras, tengo dinero, puedo pagarte – exclamo indignada, jamás nadie me había insinuado algo parecido. -Si quisiera acostarme contigo no usaría una táctica así - responde un tanto ofendido - y ya te dije que no quiero tu dinero.  -Entonces no hay trato, gente como tú hay mucha – apuesto a que en este club hay al menos veinte personas ofreciendo drogas iguales a las de este tipo. -Espera, no me has dejado terminar. Son todas tuyas, si me dejas invitarte un trago más – dice y me deja anonadada, no esperaba esa respuesta.  -¿No tienes amigos o una novia? – pregunto muy confundida ante su petición. -¿Quieres o no tus pastillas? – contra pregunta con un tono irónico. - Bien, tampoco es que tenga mucho por hacer - me resigno y sonríe de una manera peculiar - ¿esta es la parte en la que nos presentamos y descubrimos que somos almas gemelas? - Eres divertida, pero no, la verdad creo que podríamos saltarnos esa etapa de presentaciones, la verdad es que odio hacerlo – parece sincero al contarlo, bien, al menos no es un desconocido paparazzi. - Comienzas a agradarme, extraño - respondo y bebo un sorbo largo de mi cerveza - aunque me extraña que estés solo. - ¿Quién dice que estoy solo? – me pregunta acomodando su cabello. - Pues le estás ofreciendo píldoras y alcohol a una extraña – respondo obvia, nadie con un grupo de amigos o alguien más haría esto si estuviera acompañado. - Oww y yo que pensaba que serías la madre de mis hijos - se burla y ambos reímos - bueno, tú tampoco te ves tan acompañada.  - Vine por obligación - le confieso - mi prima me obligó a venir con su patético novio para poder quedarse con él a dormir, supongo.  - "Patético novio" es un concepto interesante ¿en verdad es un idiota o estás secretamente enamorada de él? – pregunta tocando su mentón, parece tener curiosidad. - Créeme, no hay forma de que Jason Brown sea el dueño de mi corazón – respondo concentrándome en no tener arcadas de imaginarme junto al idiota de Jason. - No con ese nombre - el atractivo extraño se acerca un poco más hacia mí - ¿ves que hablar con desconocidos no es tan complicado, cariño? – acaricia mi mejilla izquierda con su pulgar. - Debo reconocer que tenías razón, incluso me dan ganas de fumar contigo y hablar sobre la vida – creo que fue suficiente alcohol por hoy, empiezo a decir lo primero que vienen a mi mente sin filtro alguno. - Cada vez eres más interesante - muerde su labio obteniendo toda mi atención - ¿te gustaría divertirte un poco más? Me da la impresión de que lo necesitas.  Frunzo el ceño sin entender realmente su pregunta, antes de que pueda decir algo lo veo rebuscar entre sus bolsillos hasta encontrar una pequeña pastilla blanca que lleva a su boca, dejándola en la punta de su lengua. Su mirada me invita a acercarme a él. Es éxtasis.  No debería aceptar drogas de un desconocido por más guapo que sea, pero parte de mi enfermedad es tomar decisiones estúpidas, así que por un jodido demonio que lo haré. Acorto la distancia entre ambos uniendo nuestros labios, compartiendo juntos aquella píldora. Su lengua juguetea con la mía sin control alguno, mis manos se aferran a su cabello mientras que las suyas viajan por mi cintura, gimo entre besos por la intensidad y finalmente él muerde mi labio inferior.  -Buena chica - sonríe de una manera extraña y me atrae hacia él, finge entrelazar nuestras manos mientras me entrega la bolsa con las pastillas que había prometido entregarme antes, y deposita un beso en mi cuello - hueles excelente, cariño. -Gracias - respondo algo nerviosa por lo que acaba de ocurrir, no suelo ser así en vida diaria, tal vez sea el efecto de mezclar alcohol y drogas, las cuales comienzan a hacer efecto en mi sistema - ¿quieres bailar? - No soy muy bueno bailando – responde y me da una de las sonrisas más tiernas que he visto. - Es una buena noticia que yo sí lo sea entonces - respondo sonriéndole, ¿qué mierda acabo de tomar que me hace sentir jodidamente feliz? Él me devuelve la sonrisa y me lleva hacia la pista de baile - ¿no que no eras bueno? – pregunto al notar que él me trajo hasta aquí. - Estoy dispuesto a hacer el sacrificio por ti, prefiero aprender a bailar contigo a verte bailar con otro chico – contesta mientras toma mi cintura. - Me estoy divirtiendo mucho contigo – grito para que se me escuche a través de la música. - Puedo darme cuenta de eso – responde en el mismo tono de voz que yo - ¿esa repentina felicidad se debe a las pastillas o a mi presencia? - La combinación de ambos – digo y me animo a unir nuestros labios nuevamente. La música crea el ambiente perfecto y mis caderas se mueven al ritmo perfecto, aquel chico de los ojos verdes se pega más a mí, uniendo nuestros aún más, todos son sonrisas y diversión hasta que una ráfaga de lucidez llega a mi cerebro. Estoy drogada con un chico que por más guapo que sea sigue siendo un completo desconocido para mí y no encuentro ni a Ally ni Jason en este lugar, mi celular me indica que son cerca de las cuatro de la mañana. Mierda, tengo que irme a casa. Desde aquí puedo escuchar los gritos del abuelo cuando vea a la hora que estoy regresando a casa. -    Odio decir esto, porque en verdad me estoy divirtiendo mucho, pero creo que es hora de que me vaya – me disculpo apenada, puedo tener 19 años, pero todavía no soy una chica independiente como muchas personas de mi edad, en especial con el abuelo tan estricto que tengo. -    Aguarda - dice tomando mi brazo y abre un marcador ¿qué está haciendo? ¿de dónde sacó un marcador? ¿acaso carga uno siempre? - espero verte pronto, lo digo en serio. Salgo del club extrañada por todo lo que acaba de ocurrir, tomo un taxi y observo mi brazo, mi mandíbula quedó abierta al presenciarlo. 842038 por si la invitación a fumar mientras hablamos sobre la vida sigue en pie xx E. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR