El tiempo corre de forma lenta, mis extremidades están doloridas debido a mi posición, ya que estoy hecha un ovillo y las lágrimas que mojaron la sabana ya están secas. Mi muñeca palpita de dolor mientras supura algo de sangre por el esfuerzo de querer liberarme de ella, mi estómago gruñe por falta de alimento y mi vejiga está a punto de reventar. Además de eso, no dejo de pensar que una persona ha muerto por mi culpa. El sol se ha ocultado hace unas horas y estoy en medio de la penumbra cuando la puerta se abre y aparece mi carcelero, enciende la luz cegándome unos segundos y mientras me remuevo, gimo de dolor cuando mi muñeca herida roza las esposas. Pasados los segundos me acostumbro a la luz y veo cómo Cavallaro se acerca con pasos ligeros mientras me estudia. Una mujer entra llamando

