Isabella La indiferencia puede ser un escudo o un arma, dependiendo de cómo se use. En mi caso, era ambas cosas. Desde el día en que Leonard y yo nos encontramos en aquella cafetería, había decidido que mi trato con él sería estrictamente profesional. Ni una palabra de más, ni una sonrisa que pudiera confundirse con algo más que cortesía. Me había prometido no permitirle nunca más el acceso a mi mundo personal. Ese mundo ahora estaba formado por mis hijos… y por mí. Aquel jueves, la reunión para cerrar el contrato de inversión estaba agendada a las tres de la tarde. Llegué puntual, acompañada de mi asistente, con la serenidad de quien sabe exactamente lo que quiere. Un vestido n***o sobrio, cabello recogido, maquillaje ligero. Ni un solo detalle que él pudiera interpretar como una

