La luz del amanecer se filtra a través de las cortinas, bañando la habitación con un resplandor cálido y suave. Abro los ojos lentamente, sintiendo el peso reconfortante de un brazo alrededor de mi cintura. Me giro ligeramente y ahí está Ethan, aún dormido, con su respiración tranquila y su rostro relajado. Es un momento tan íntimo que casi me da miedo moverme y romperlo. Sin embargo, como si sintiera mi mirada, Ethan abre los ojos poco a poco. Una sonrisa perezosa se dibuja en sus labios, y su brazo me atrae más cerca. —Buenos días —murmura, su voz ronca por el sueño. —Buenos días —respondo, sintiendo cómo mi corazón se acelera con ese simple gesto. —¿Cómo te sientes? ¿Estás adolorida? —cuestiona, escondiendo su rostro en mi cuello. El cosquilleo me hace reír levemente. —Un poco —res

