—¡Sofi! —exclama Clara, dándome un abrazo apretado antes de sentarse frente a mí—. ¿No es emocionante? Antonio tiene muchas ganas de conocerte. —Eso parece —murmuro, intentando sonar despreocupada mientras mi mirada se cruza fugazmente con la de él. Antonio toma asiento junto a Clara, pero sus ojos están puestos en mí. Es evidente que quiere hablar, que hay cosas que necesita decir. Lo sé porque yo también siento el mismo peso. —Sofia, ¿podemos hablar a solas un momento? —su voz es suave, pero hay una determinación en ella que no puedo ignorar. Clara parece confundida, pero no hace preguntas. Solo sonríe dulcemente y se excusa para ir a pedir algo en la barra. Ahora, estamos solos. —Dime lo que tengas que decir —le digo antes de que pueda siquiera empezar. Antonio suspira, su mirada

