Jordan El desayuno fue un poco incómodo ya que no se platicó demasiado por temor a encender la llama de odio entre Fabrizio y Alexander, además, Marcela no nos deleitó con sus típicos comentarios venenosos debido a la resaca que parecía golpearla. Cuando abandonamos el comedor Fabrizio aprovechó un pequeño minuto de soledad y se acercó a mí, anteponiendo una respetable distancia. Quise escapar, pero sus palabras no me lo permitieron. –Esa actitud impetuosa y mentirosa no te va a durar mucho, estás olvidando que fui yo quien… Un leve empujón me sacó de cuadro, fue suave y solo me obligó a continuar mi camino. De pronto, me di cuenta de que Alexander se encontraba tras de mí, brindándole una mirada iracunda. –Si continuas acercándote a ella, no habrá mentira que me excuse de la paliz

