Alexander Nunca antes me había puesto nervioso con una mujer, así que fue muy difícil aceptar que Jordan era la primera que lograba inquietarme de esa forma. Mientras ella charlaba con Bianca en la mesa, Samuel y yo salimos al balcón para fumar algunos cigarrillos en espera de la aparición de Leonida. Jamás imaginé que tendría que contratar uno de los salones privados de mi restaurante favorito para confabular sobre un secreto a espaldas de los Praga y no para diversión. –La abuela de Jordan está viva –me dijo Samuel mientras buscaba el encendedor en sus pantalones– El investigador que contraté está empleando más recursos de lo indicado, tuvo que llevar a personas de apoyo en la labor. Me mostró fotos de una mujer tras una ventana, es mayor y concuerda con las características que me d

