Jordan Michaela ordenó tirar el vestido a la basura y me ayudó a acomodarme en la recamara. Acepté todo lo que hizo por mí sin chistar ya que lo único que deseaba era estar sola y dormir. No acepté ver a nadie más, ni tratar de comer lo que me ofrecieron. Cerca de las tres de la madrugada, volvieron a tocar mi puerta. No contesté creyendo que era Ofelia pero la oí abrirse luego de minutos. Sentí que la cama se hundió del otro lado y pronto unas manos cálidas rodearon mi cintura, me giré con suavidad para ver el precioso rostro de Alexander mirándome con preocupación y sutileza. Distaba mucho del hombre violento que me había defendido en la galería. –Me dijeron que no querías ver a nadie, pero no pude estar tranquilo hasta comprobar por mí mismo que estabas bien. –me alivió saber que

