Jordan “Despierta, despierta Jordan” Escuché decir a una voz ajena a la mía. “Despierta y mantén la calma, yo estoy contigo” Los ojos me dolieron, quizá por la cantidad de horas que había pasado dormida. Me resultó difícil abrirlos, pero mi conciencia regresó en el espacio y tiempo primero. –¡Jordan! ¡Jordan! –¡Jordan! ¡Mi niña! Reconocí las voces de Alexander y de mi abuela llamándome desgarradoramente. Cuando por fin logré abrir los ojos de sopetón me topé con los diseños del techo y me sentí mareada, el dolor de cabeza fue insoportable, sobre todo por el olor a descompuesto en el ambiente. Los ángeles y las pinturas talladas en el techado me perturbaron aún más. –Jordan, Jordan… cariño –escuché llamar una vez más a Alexander con la voz rota, casi a punto de llorar.– Tra

