Diecinueve

2091 Palabras
Mientras me da nalgadas cada vez más fuertes, espaciados, sonoros y para mí tremendamente excitantes, mueve las nalgas de una manera deliciosa. —Sigue cabrona, ¡carajo, cómo me pones pinche puta caliente. Empiezo a bombear ya de manera fuerte buscando el orgasmo, sintiendo un dedo de Berta, que entra y se mueve en mi culo de manera precisa. —Puto… te calienta sentirte mi zorra ¿no cabroncito? Carajo, que venida más buena. Te juro que hasta hace unos meses yo era de v***a difícil de levantar después de la primera eyaculación, será que a la vejez... Berta se mete el consolador con una mano y se masajea el clítoris con la otra: —Hace tiempo que no tenía tantas ganas Yo estoy medio dormido. Esta vez se viene en un orgasmo casi en silencio y nos dormimos juntos en su cama. Suena el teléfono a eso de las cinco de la mañana. Es uno de los contactos que tenemos en Monterrey. que me informa que la reunión se va a celebrar dentro de tres días en los alrededores del estado y que no hay oportunidad de intentar entrevistar a nadie, todo va a ser en secreto. Todavía medio dormido dejo dicho en recepción que nos despierten a las diez de la mañana con un desayuno abundante para los dos. Me fijo en Berta que duerme boca arriba con expresión beatífica en su cara. No puedo dejar de mirar el vello castaño, rizado y poblado del sexo, me acerco a la cama y arrodillado empiezo a lamer su bizcochito. Pasados unos minutos se lo estoy mamando primero y lengüeteando y después con verdadera gula, parándome en un clítoris que me parece de tamaño más grande de lo que estoy acostumbrado con Charo. Ella se ha despertado ya hace un rato y acerca su pubis a mi boca dándome golpecitos como si se quisiera limar en mi cara. Sujeto su culo con ambas manos, con fuerza, lo que arranca un par de gemidos de la joven y aprieto la cara en el empapado sexo, utilizando al mismo tiempo los labios, la lengua, los dientes, la nariz y la frente para masturbar este bizcocho envuelto por una fabulosa mata de pelo. La venida gritona de Berta, me encanta y satisface. Mientras seco mi empapada cara e intento quitarme varios pelillos rizados de entre los dientes sopeso la posibilidad de darle uso a mi camote, sólo que está tranquilo y reposado. Así que no hay nada que hacer por ese lado. Me duermo pensando en Charo y Panchita ¿Me podría convertir al islam para casarme con las dos? qué gozada ¿no? Estoy enamorado de Charo, creo. En el aeropuerto de Monterrey, me despido de una tristona Berta, que incluso ha soltado unas lagrimitas en la tienda en la que me he comprado una buena chamarra. —Carajo, cabrón… ya nos veremos. Me gustas un chingo, cuídate. Se vuelve a la ciudad de México y yo me preparo para ver qué pasa en Tijuana, a donde me han comisionado. Ya que hay manifestaciones de migrantes que se quejan de malos tratos y abusos y están intentando cruzar la frontera de San Diego, por lo que los repelieron con gas, así que hay broncas más salvajes de lo que suelen ser habituales. Llevo una hora bajo la tupida lluvia deambulando de parada de taxis a parada de autobuses, cuando un motociclista vestido de cuero n***o se detiene a mi lado y grita muy fuerte y sin quitarse el casco: —¿Luis el periodista de México? soy Sandy, tu fotógrafo en Tijuana; vámonos que el tráfico está de la chingada y pronto no se podrá mover nadie. Con cierta rapidez, llegamos al hotel situado en una bonita zona. La motociclista me sigue a la habitación: —Carajo, tu jefe si que te aprecia, este hotel vale una buena lana Y se quita casco y abrigo mientras le estoy ofreciendo un cigarrillo. Sorpresa: —Carajo, ¡si eres una mujer! —le dijo con verdadera sorpresa —¿No te has dado cuenta hasta ahorita? Voy a tener que ofenderme. Bien te agarrabas de mi en la moto —me dice ella con un mohín de burla. —Más y mejor me hubiera agarrado de saberlo. Esa vestimenta de motociclista rudo, de carretera y desmadre, no te hace justicia, la verdad sea dicha. Desde luego que no. Es una mujer de poco más de veinte años, alta, delgada, morena de cabello y piel; muy morena. Guapa, curvilínea, muy atractiva. —¿Eres de aquí? —Mi madre es de Cuautla, y mi padre era de Sonora. Yo nací en Sinaloa, y llevamos quince años viviendo aquí, desde la muerte de mi padre. Te presentaré a Luisa, mi madre, le encanta tratar con chilangos recién llegados; su restaurante tiene fama de ser de las mejores de Baja California. ¿Tienes hambre?, es un poco tarde, y aún estará Abierto el lugar, por si quieres ir. De nuevo rápido viaje a través de un atascadísimo centro de la ciudad y, eso sí, ahora me agarro a Sandy, con más agrado y morbo que antes. En una estrecha calle situada en pleno Barrio Centro entramos con la moto en una especie de jardín con sillas y mesas de madera vacías bajo la fuerte lluvia que cae en ese momento. Unas grandes cristaleras dan paso a un salón de varios niveles, decorado en madera de distintos tonos y tremendamente acogedor, con chimenea y un par de barras. Una gran bandera de la República Mexicana adorna una de las paredes. Están ocupadas más de veinte mesas entre las que circulan afanosos camareros. —¿Sandy? ¿Qué haces aquí tan tarde? ¿Quieres comer? Una elegante mujer alta y muy morena se dirige a la joven, le da dos besos y vuelve la cara hacia mí tras una brevísima conversación. ¡Madre mía!, es tan guapa que casi no oigo las palabras que me dirige: —Mucho gusto, señor, mi hija me ha avisado de su presencia. Bienvenido a nuestra casa, que esperamos pase a ser la suya. Balbuceo algo que no recuerdo y sigo a las dos mujeres hacia uno de los discretos reservados que dan al jardín. —Como hace frío me permito aconsejarle una rica birria jalisciense que siempre preparamos los días lluviosos, es muy apreciada por la clientela. Tiene que contarme cosas sobre la capital, todos los años digo que vamos a ir en vacaciones y luego no me atrevo. Sigo teniendo recuerdos muy tristes, aunque, por favor, coman mientras atiendo a los clientes que salen. La verdad es que he quedado impresionado por esta cuarentona guapísima: —Tuteémonos, vamos a ser muy buenos amigos —me dijo en algún momento. de voz ronca, acariciadora y sensual; con una melena negra, larga, esplendorosa y unos ojos negros grandes como puños. —Vaya, vaya, así que tú también has quedado hechizado por Luisa. Voy a tener que ponerme celosa, al fin y al cabo, yo te vi primero. La risa de Sandy, me permite disimular un poco mientras como la mejor birria que he conocido en muchos años. Un buen café, dos copas bien puestas y una conversación alegre y amigable con dos simpáticas y hermosas mujeres son algo parecido a la idea que uno tiene acerca de lo que debe ser una sobremesa. —Esta noche no abrimos, he dado descanso al personal por lo de las revueltas. Va a estar todo muy muerto, así que invitaremos a Luis a comer arriba en nuestra casa. Nos despedimos hasta la hora de la cena. Sandy, me lleva al hotel, creo que durante el viaje en moto me he agarrado más de la cuenta, apretando las tetas por encima de esa gruesa chamarra de cuero, y pide unas copas al servicio de habitaciones mientras yo intento, por teléfono dar con los contactos oportunos. Según cuelgo el teléfono y me giro quedo deslumbrado ante la imagen que me sorprende. Sandy, se ha desnudado por completo y antes de besarme dice: —Tengo que aprovechar ahora. Te he visto muy entrado con Luisa y esta noche no se si no me vas a poner los cuernos, puto asqueroso. Me desnudo mientras la muchacha no deja de besarme. En cuanto descubro la tranca se arrodilla y empieza a lamerla con ganas, sujeta mi culo con ambas manos y lo aprieta con fuerza. —Qué bueno estás, te voy a coger hasta que no pueda más —Tú sí que estás buena, ven, quiero meterla en tu panocha. Se pone a cuatro patas sobre la cama y me ofrece un bizcochito mojado y caliente. Le estoy dando buenas metidas con golpe de cadera, cuando suena el teléfono, lo que me obliga a sacársela, sentarme en el borde de la cama y apoyarme en el cabecero cuando Sandy, se pone a mamarme el chipotle arrodillada entre mis piernas. Me entero poco de lo que me cuentan, y saco en claro que al menos una semana tendré que permanecer en Tijuana. En este preciso instante, con una hermosa y caliente mujer mamándome la reata, me parece perfecto y, quien sabe, quizás esta noche tenga a la madre abierta de piernas. Panorama perfecto. —Ven vamos a coger, súbete a mi macana. No lo tengo que repetir; enseguida me cabalga rápida y profundamente al mismo tiempo que me agarro a sus preciosas tetas. —Agarralas y apriétalas, has con ellas lo que quieras, son tuyas… Cierra los ojos y habla en voz muy baja: —Mamá, zorra, este es para mí; su leche es mía, puta, yo me lo cojo primero Hasta que se viene en un intenso orgasmo, dando un par de sonoros suspiros. Tras unos segundos de obligado descanso en los que no dejó de tocarme Sandy se echa sobre su costado para que la penetre. —A lo mejor tendríamos que usar condones, pero nunca llevo. Házmelo como quieras Ese culito redondo, moreno, y carnoso es muy tentador, aunque tengo problemas para entrar, ya que está muy fruncido y apretado. —Siempre llevo vaselina en mi mochila —me dice al ver que no puedo. Me embarra toda la v***a con una buena capa de pomada, se vuelve a tumbar, ahora boca abajo, y poco a poco consigo meterla en un canal muy apretadito, lo que apenas me permite un tímido, aunque profundo e intenso, vaivén de meter y sacar, que me lleva a eyacular en pocos minutos. Caigo en un sueño pesado y profundo. —Despierta, Luis. Hemos quedado a cenar con mi madre. En un primer momento ni siquiera recuerdo en donde me encuentro, poco a poco me recupero mientras oigo a Sandy, hablarme desde la regadera: —Oye, mi madre es muy especial. Si te metes con ella pórtate bien, eh. Dos o tres veces al año se apasiona con algún hombre que le suelo presentar yo. Si le gusta, durante seis o siete días lo mantiene a cuerpo de rey mientras se lo coje sin parar y después los despide y ya ni los vuelve a saludar. Sale, con casi cuarenta años y en plan semental. Voy mejorando. Un rápido viaje en moto y ya estamos cenando en un precioso departamento situado sobre el restaurante. Luisa está esplendorosa con un corto, ajustado y escotado vestido n***o que en otra mujer parecería exagerado, aunque en ella resulta elegante y sensual. Es tan guapa y llamativa que no puedo evitar quedarme atontado en varias ocasiones mientras miro su rostro, sus ojos, esa boca prodigiosa, el nacimiento de los pechos, los muslos... Su voz sensual, ronca y envolvente parece que repercute directamente en mi camote. Me estoy poniendo muy, muy burro. Es bastante tarde, Sandy, se fue a dormir hace un rato: Tengo que ir a las oficinas temprano —me dijo, guiñándome un ojo Su madre y yo nos hemos tomado de las manos mientras nos besamos lenta y suavemente, con total naturalidad, como si no fuera posible otra manera de actuar, durante minutos y minutos, sin urgencias. Nos desnudamos mirándonos y recreándonos, yo al menos, en el cuerpo del otro. Sandy, es guapa y atractiva, con un estupendo y bien formado cuerpo, Charo es muy hermosa y llena de sensualidad por todos los poros de la piel, aunque Luisa, es una diosa; de más de cuarenta años, aunque una diosa morena, excitante en su belleza y su madurez, deseable como ninguna otra: pechos grandes, altos, tersos, duros; de pezones largos, anchos, rugosos muy oscuros, que apuntan hacia arriba.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR