CAPÍTULO 11

1161 Palabras
****Nahara**** Se asomó por la salida principal del hospital, recordó que Said y su madre estaban afuera. Se dio la vuelta, caminó sin rumbo por los pasillos del hospital, no había notado lo inmenso que era aquel lugar, los susurros y los gemidos de dolor se mezclaban en un sonido espantosos, tenía que salir de ahí. -Disculpe -se acercó a una enfermera -hay una salida adicional a la principal? -Sí -respondió la joven -al final del corredor, a la derecha -dijo señalando con el dedo índice -pero tenga cuidado, esa salida da hacia el callejón de Tempeltomp -Nahara le dedicó una sonrisa forzada, el callejón de Tempeltomp era su pateadero, uno de los tantos lugares "peligroso" que hacían parte del barrio pobre en el que Nahara había crecido. Al empujar la puerta el sol la cegó, a sus pupilas les llevó unos segundos adaptarse a aquella cantidad de luz. Miró a su alrededor, era un corredor angosto, a ambos lados había contenedores enormes, un par de canes rebuscaba en la basura dejando a su paso vendajes llenos de sangre. Empezaron a pelearse por algún botín, Nahara empezó a caminar, el callejón se iba haciendo más ancho a medida que avanzaba. -¿Por qué aquí? -una chica susurraba -es un lugar horrible ¿por qué me has citado aquí? -Nadie nos verá aquí -le aseguró alguien más -La voz masculina le pareció conocida -Pues, que bien, porque nadie deb vernos juntos, jamás -la mujer fue implacable -Ya te lo he dicho, quiero que nos casemos, será bueno para ti y para tu familia, al fin podrán -¡¿Estás loco?! - la mujer levantó la voz, Nahara no se atrevió a da un paso más, quería saber como acababa aquella conversación -jamás me casaría contigo -¿Qué? -Nahara casi podía imaginar el rostro incrédulo de aquel desconocido, sintió pena por él -¿Qué dices? sería una suerte para ti casarte conmigo, tu familia ha caido en la miseria y es la única forma de ayudarles, yo por mi parte estaría perdiendo mucho, pero aun así, estoy dispuesto a... -¿A sacrificarte por mí? -la chica le interrumpió ¡Qué lindo Devon! -¿Devon? ¿Devon? ¿aquel hombre era Devon? ¿su Devon? ¿el Devon que le había asegurado que después de arreglar unos asuntos, formalizarían su relación y se casarían? sintió una mano fria apretarle el estómago desde dentro - pero no necesito tu caridad, me he comprometido y no imagino un partido mejor -¡¿Te has comprometido?! -La voz de Devon se quebró al hacer esa pregunta, Nahara lo conocía lo suficiente para saber que estaba rebozando de ira y rabia, pero su voz denotaba sobre todo, dolor. Aquella mujer lo había herido, sería ella la mujer a la que esperaba en el Mideltong? por supuesto, tenía que ser. Nahara tenía que ver su rostro, tenía que saber quien era la mujer que le había robado al hombre que amaba. Dio unos pasos tímidos hacía las voces que seguía discutiendo - ¿¡comprometida con quien?! ¿cómo es posible que... -sshhh... -la mujer lo mandó a callar y él obedeció -creo que hay alguien ahí -Nahara se detuvo, aguantó la respiración, ni siquiera pestañó -con quien me he comprometido no es asunto tuyo, pero te puedo asegurar que nunca más volveré a preocuparme por denro o mucho menos por prestigio o posición social. No quiero volver a verte. No vuelva s a cercarte a mí, nunca, jamás Nahara no sabía como sentirse, la mujer a la que Devon amaba lo acababa de mandar al demonio, tal como él había hecho con ella, tendría que estar feliz por la eficiencia del karma, pero, no sabía decir si se sentía realmente feliz, sintió el terrible impulso de aparecer para consolar a Devon, tal vez aquello lo hiciera ver que el verdadero amor de su vida era ella, tal vez podría aprovechar la oportunidad para demostrarle que solo ella estaría con él en la buenas y en las malas y... -No me voy a rendir -aseguró Devon -jamás me voy a alejar de ti -las esperanzas de Nahara se desmoronaron dentro de ella, Devon amaba a aquella mujer, se preguntó si alguna vez la había amado o si solo se había aprovechado de ella, fue una tonta, fue una completa idiota. Se había acostado con Devon con la promesa de un futuro juntos y ahora estaba ahí, en un callejón horrible, escuchando al supuesto amor de su vida mendigarle un poco de afecto a otra mujer. -¡Me voy! -anunció la chica, el repiqueteo de sus tacones contra el asfalto se fue haciendo más débil. Nahara se apresuró para conseguirse con Devon. -¿Qué haces aquí? -preguntó Devon incrédulo -¿me estás siguiendo? -No, no, no, claro que no yo... miró atrás, apunto de decirle que había estado en el hospital, pero no quería darle detalles -podemos hablar? -la expresión en el rostro de Devon pareció ablandarse, la miró de pies a cabeza -¿Está bien? -preguntó. Parecía genuinamente preocupado, Nahara asintió con la cabeza -¿de qué quieres hablar? -Pensó en rogarle, podía ser el momento idóneo dado que acababa de ser abandonado, pero no, tenía que conservar el poco de dignidad que le quedaba -Podríamos caminar, no soporto el olor -Devon asintió con la cabeza y echó a andar -Necesito mis cosas -anunció Nahara tratando de suprimir sus emociones -las que dejé en tu departamento -Nahara había estado en el departamento de soltero de Devon un par de veces y en ambas ocasiones había dejado algo suyo apropósito, era una forma de tener una excusa para volver, aunque Devon nunca la invitó una tercera vez -un pañuelo y un par de guantes -aclaró ante la mirada inquisitiva de Devon. A medida que avanzaban, los sonidos del callejón se hicieron más legibles, vendedores anunciando su mercancía, un par de ebrios discutiendo, y niños, muchos niños corriendo, gritando, riendo... -Los llevaré a tu casa mañana -le aseguró Devon -y... Nahara, la miró con ojos avergonzados, eso la confundió -espero que no haya rencores entre nosotros -le suplicó -dejemos todo en el pasado -Nahara tragó saliva como si tragara clavos. Una pareja joven les pasó al lado, ella empujaba un carrito de bebé, él la veía como si fuera su mundo. El aire se hizo difícil de respirar, un cosquilleo en las fosas nasales anunció las lágrimas, pero Nahara las retuvo. -¿Alguna vez pensaste en formar una familia?- la pregunta le salió sin pensarla -¿Qué? -Devon torció el gesto como si oliera mierda -Una familia -aclaró Nahara con rabia -hijos -levantó la voz -¿qué hubiese pasado si hubiésemos tenido un hijo? -¡Nahara! -pronunció su nombre a la vez que dejaba salir un suspiro -yo jamás hubiese permitido que tuvieras un hijo mio. En la familia Kresler no acostumbramos a tener bastardos.
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