CAPÍTULO 10

1149 Palabras
****Cristhian**** "Es solo una paciente" se repitió así mismo para obligarse a quedarse ahí, "es una adulta y debe ser responsable de sus actos", no hizo caso de sus propios razonamientos y caminó a zancadas por el camino que Nahara había tomado hacia la salida. la vio a lo lejos; casi en el último peldaño de las escaleras, bajó los escalones trotando. -¿Cristhian? -escuchó a alguien a su lado, se detuvo -¿Adónde vas? -¿Jennifer? ¿Qué haces aquí? ¿Te ha mandado la abuela? -ella asintió, sus mejillas se sonrojaron -Tengo un recado de la señora Willoghby -dijo ella con solemnidad, sonrió como si supiera un secreto que Cristhian ignoraba, a Cristhian no le importó, buscó a Nahara con la mirada, ella seguía de pie, en el último escalón, inmóvil como si se hubiese apagado de repente -pero es algo importante, entremos -sugirió Jennifer -No tengo tiempo ahora -dijo Cristhian sin dejar de mirar a Nahara, sentía una responsabilidad de médico con ella, aunque no era su médico oficial. Era curioso cómo aquella chica bien vestida y ataviada le recordaba a su última paciente; aquella jovencita que le había regalado una gallina enjaulada. -No creo que quieras recibir este recado aquí -le advirtió Jennifer -Prefiero no recibir ningún recado proveniente de la abuela - la presencia de Jennifer impedía que Cristhian ayudara a una paciente y eso le enervaba. -¿Conoces a esa joven? -preguntó Jennifer y Cristhian fue consciente de que no le había quitado la mirada de encima a Nahara, miró a Jennifer, estaba roja de ira. Cristhian dejó salir un suspiro, tal vez era mejor escuchar a Jennifer y dejar que Nahara asimilara la noticia que acababa de recibir, después de todo, ella había sido clara, le había pedido que la dejara sola, era lo mas sensato. Se dio la vuelta de regreso a la entrada del hospital, el repiqueteo de los tacones de Jennifer contra el concreto lo siguió de cerca -Hablemos aquí, no quiero que me vean entrar contigo y lo malinterpreten -en realidad, no soportaba la presencia de Jennifer, la chica era como una especie de esclava, si la abuela le pedía que dejara de respirar, ella dejaría de hacerlo hasta ponerse morada y morir con toda al debida cortesía. Además, le traía recuerdos, Jennifer no había cambiado nada, seguía teniendo un bonito rostro como cuando eran unos chicos, recordó sus dias en la academia Drolim; los peores de su vida. -La abuela exige que te cases -No me casaré -Ya ha acordado tu compromiso -A Cristhian se le escapó una carcajada histérica - está todo listo -Claro, típico de la abuela - solo tienes que tomarte un tiempo para conocer a tu prometida -sonreía con malicia -Solo por curiosidad ¿quien ha sido la pobre estúpida a la que la abuela odia tanto como para casarla conmigo? -la sonrisa se evaporó, frunció los labios y levantó una ceja -Está frente a ti ahora -dijo con placer en cada palabra -¿Qué? -Cristhian soltó otra carcajada, no pudo evitarlo, le parecía una broma pesada -Yo, Cristhian, yo soy tu prometida. La señora Willohgby a ordenado que... -¡Basta! - Cristhian se dio media vuelta dejando a Jennifer hablando sola, ella lo siguió -Por favor, no hagas una escena, lo cogió del antebrazo -es lo mejor para ti ahora- Sintió aquello como un Dejavú, solo que en el pasado, había sido Cristhian quien había cogido a Jennifer por el brazo para impedirle entrar a un salón de clases abarrotado de niños y niñas estirados que hacían de ella y de su desgracia una comidilla. Él la amaba, la amaba con locura, era un niño obsesionado con un amor inocente y puro. Pero Jennifer le había dejado claro que un bastardo como él jamás sería digno de ella y ahí estaba,. quince años después hablándole de matrimonio, soltó otra carcajada, una carcajada triste, se le revolvieron los recuerdos y con ellos el dolor de aquella época. -¿Tú qué vas a saber qué es lo mejor para mí? eres una simple asistente y estás yendo demasiado lejos, dile a la abuela que no pienso casarme contigo. Tengo estándares más elevados -se arrepintió de aquellas palabras en cuanto las terminó de decir, eso fue decepcionante, pensó que el daño que causarían esas palabras lo haría sentirse bien; fue todo lo contrario, se sintió como un imbécil. -¡Cristhian! una voz temblorosa los interrumpió -necesito que me ayudes -le suplicó Nahara necesito... -¡Vamos! la cogió de la mano antes de que pudiera decir algo más. Juntos se alejaron de Jennifer ****** -¿Un aborto? - tuvo que preguntarle para estar seguro de que era eso lo que Nahara le había pedido. Estaban en la privacidad de su consultorio, aun así, Cristhian susurraba, era peligroso para él como médico hablar de un aborto -Sí, quiero...no, no no, ¡necesito! necesito abortar -dijo ella a toda voz -no puedo tener un bebé, no puedo ser madre soltera, no puedo...dejó salir un suspiro. Nahara estaba sentada en un sillón frente al escritorio de Cristhian, estaba tan delgada que Cristhian dudaba si podría soportar un aborto o un embarazo, le parecía que una simple brisa podría derrumbarla. La entendió perfectamente, una chica pobre no podría conseguir un matrimonio arreglado con un marido dispuesto a asumir la paternidad a cambio de un apellido y prestigio, perdería el trabajo y sería señalada de por vida como inmoral y el padre, bien gracias -Tengo un amigo -le dijo. Cristhian susurraba -el no es médico - explicó -al menos no legalmente, ha perdido su licencia por practicar abortos, pero aun tiene un consultorio clandestino -rebuscó en uno de los cajones hasta encontrar una tarjeta, se la entregó a Nahara -esa es la dirección -Es al sur -exclamó ella -Cristhian asintió -Tuvo que irse lo más al sur que le fue posible para huir del gobierno ortodoxo del ducado del norte -vio un atisbo de miedo en la expresión de Nahara. -Todas las tardes parte un tren -le explicó Cristhian y ella asintió y se puso de pie de golpe -Iré, iré a la luna si es necesario -Cristhian se levantó -Solo hazme un favor -ella frunció el ceño en una interrogante -No vayas hoy. Ve a casa, consúltalo con la almohada, habla con tu familia, dile al padre del bebé que estás embarazada -ella negó enérgicamente con la cabeza. -Devon no querrá un bastardo -No puedes estar segura hasta que él mismo te lo diga, te sorprendería lo que un hombre puede hacer por amor -No me ama, me ha puesto los cuernos. -Puede que no te ame a ti, pero podría amar a su hijo -Nahara se mordió el labio inferior, su mirada quedó fija en el suelo como si sopesara la idea -asintió con la cabeza y se marchó.
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