¿Ronia I de Mesti considera una amenaza al clan Darklor?
-Baje del carruaje, señorita Zarkarliz -dijo una voz que había escuchado antes. Era el hombre de la pipa.
El estaba frente a mí, tenía un pie encima del otro, saboreando la punta de la pipa, sus ojos eran negros, penetrando en el interior de mis pensamientos. El carruaje frenó de improviso, haciendo que de frente, mi cuerpo abalance por un momento.
-Obedezca señorita Zarkarliz -hablaba pausadamente, haciendo el gesto de asentir con el sombrero mientras los aros de humo de la pipa se perdían en el techo de la cabina.
Bajé del carruaje, ocultando los nervios, que eran notorios apenas mis manos en plena vacilación trataban de abrir la portezuela, teniendo un mal presentimiento. El chófer no estaba, no sentía su presencia. Advertí que el hombre de la pipa apareció de improviso de una capa de humo oscuro. Tenía un brazo atrás mientras con la otra, jugueteaba con la pipa. Cada calada que daba, cerraba los ojos, mascando la punta, sereno.
Estabamos en un callejón sin salida, a penas la penumbra hace que lo pueda visualizar. Un viento apagó la vela dentro del carruaje. El miedo invadió mi cuerpo, sentía un escalofrío recorrer mi espalda ¿Dónde estaba mi chófer? ¿Qué hicieron con él? Dos paredes nos rodeaban, en el fondo transcurría la vida cotidiana, en la lejanía, donde se desvanecía la luz de la ciudad en la noche. La luna era la única testigo de nuestra presencia.
-Siento miedo en ti -dice con una seriedad inhumana, mirándome con aquellos ojos de piedra.
No respondo. Los nervios estaban apoderándose de mí, sentía una energía espectral provenir de él.
-Tomarás de mi brazo y viajaremos juntos al aposento de la reina Ronia I de Mesti -dijo dando una calada a la pipa.
Estás equivocado si…
-Me tomarás del brazo o te mataré -dijo interrumpiendo mis pensamientos.
De su cintura, con la mano libre, desenvainó una espada del bastón (oculta en la levita) que brilló su filo al encontrarse con la luz lunar. Estaba horrorizada, temblaban mis piernas. Mis pensamientos bombardeados por la imagen de Almsi, sus ojos, palabras… De nuevo estoy harta de repetirlo, cansada de ver en el rostro de todos y sentir el miedo, proyectado sus horas antes de morir. Tengo miedo de creerle, tengo miedo de la verdad.
-Señorita Zarkarliz, nuestra señora no gusta de esperar a sus invitados -dijo el caballero, sonriendo.
Aquella sonrisa no era normal. Tenía los dientes amarillos, desprendía un aroma a vino, oscura y siniestra como su energía.
-Tengo miedo -admito al detallar sus imperfecciones faciales.
Cometí una idiotez. Dí un paso atrás y allí estaba, el segundo hombre del sombrero de copa al girarme con rapidez. Este sonreía sin mostrar los dientes. Del cetro con forma de dragón del bastón, con la otra mano, desenvainó la espada… Era otra espada oculta.
-Obedezca señorita Zarkarliz, es solo… Un procedimiento real -dijo la voz del hombre de la pipa a mis espaldas, ahogando una risa burlona.
En condiciones normales, de dos asaltantes, pudiera emplear la magia, defenderme, pero estos hombres mostraban una capacidad que supera mis habilidades. Me siento pequeña ante estas figuras delgadas, altas y temibles. Quiero reducirme como un ratón acorralado y esperar que hagan lo que tengan que hacer ¿Dónde estaba mi chófer? ¿Por favor que hicieron con él?
-Última advertencia señorita Zarkarliz -giré para encontrarme a centímetros de distancia de su figura. El hedor de su boca me causó náuseas, revolviendo mi estómago-. Debe venir conmigo -tomó mi brazo con una fuerza impropia de él-. Cierre los ojos.
Obedecí. Sentí que nuestros pies volaron sobre la piedra lisa, a continuación, una sucesión de vientos que podrían dejarme sorda, transcurrieron si pudiese contar, menos de un segundo.
Fue instantáneo.
Abrí los ojos y la ví a ella. Ronia I de Mesti.
Estaba en frente de la reina del imperio, nuestra salvadora a la nobleza que disfrutamos hoy. Me arrodillé sin describir el entorno.
-Levántate -dijo ella. Su voz tronó en el aposento, haciendo eco en cada rincón de la espaciosa sala.
Levantandome, examino a un hombre encapuchado con hábito. Sus ojos azules, iluminaban a la sombra del capuchón.
-Kiria Zarkarliz, m*****o del clan Darklor ¿Correcto? -dijo Ronia I alzando el mentón.
El vestido era largo, gris, con bordes emplumados. Caía al suelo, asemejando al agua con los pliegues del mismo. Su piel blanca resaltaba con los labios rojos y ojos turquesa. Tenía una cabellera que podía cubrirse con ella si lo deseaba, teniendo un color grisáceo pero a la vez, blanco.
Mis pies temblaban, percibí su energía, presionando el pecho, dejándome apenas con aliento para hablar. Reuní fuerzas, respirando con agitación.
-Correcto, mi señora -dije calmando la respiración.
Una gota de sudor comenzaba a recorrer un costado del rostro.
-Fuiste testigo principal de la muerte de un híbrido alfa conocida como Almsi Vujkoh, Lukorian y Darklor, quien ejercía como servidora de la luz ¿Correcto? -No dejaba de mirarme con aquellos ojos que matarían a cualquiera si mantuvieras la mirada en ellos.
-Sí -contesté, bajando la cabeza.
-Mírame cuando te hablo -alzó la voz.
El eco hizo temblar las paredes.
La miré, manteniendo la mirada con ella. Crecía su energía. Tengo miedo… tengo mucho miedo.
Pensaba que ella sería como una madre, como siempre la describen, benevolente, tierna, dulce con sus súbditos nobles. Esto es lo contrario a lo que me han dicho.
-No doblegues tu creencia a tu señora, ingrata -dijo la voz del hombre de la pipa a mi espalda.
-Contesta con firmeza, estás obligada a responder -dijo el otro hombre.
Preferí obedecer, reunir valor y seguir manteniendo la mirada en la reina. Era como si dos paredes te aplastaran.
-¿Por qué empujas a la muerte una servidora de Marissa a la vieja capital? -soltó Ronia I.
Estaba atónita ante las palabras de la reina. Pensaba que iba a contestar a tiempo, un golpe hacia mis costillas me hizo llevar una mano al costado. El hombre de la pipa me tomó para que no cayera al suelo.
-No la empujé -mis lágrimas rodaban por mis mejillas.
Quiero irme, quiero estar con mis padres, quiero que todo vuelva a la normalidad ¿Qué es este infierno? Soy alta clase, una noble, somos respetados, no humillados ¿Qué clase de reina es esta?
-¡No doblegues tu creencia a tu salvadora! -me gritó el hombre de la pipa al oído derecho.
Sus dedos estaban clavados en mis cachetes. Subía la presión desde mis pies hasta la cabeza. Empezaba a darme vueltas el mundo cuando sentí otro golpe en la costilla.
-¡Suficiente! -ordenó Ronia I-. ¡Arrodíllate!
Dejé caer mi cuerpo, a penas me soltaron dandome un empujón, escuchando risas irónicas a mi espalda. Llevé una mano al pecho, respirando a bocanadas, no podía parar de sudar, hacía calor, el aire era escaso.
-Eres la primera maga oscura que siente culpabilidad -sentí sus afiladas garras clavarse en mis cachetes, no lo había sentido, pero no podía mover mis piernas… ¿Qué le ocurren a mis piernas?
-Ella dice la verdad, mi señora -dijo el hombre de ojos azules-. La tensión de sus fluidos dicta lo que su corazón está sintiendo.
Soltó mi rostro como si quisiera machacarlo, brusca. Traté de levantarme, algo me lo impedía, quise mirar pero no quería mirar, deseaba que todo terminara, estaba mareada no pude aguantar…
-Una noble vomitando -escuché de ella decir entre dientes, mientras mi cuerpo se agitaba-. Vomita sus penas malditas como servidora de Clarssatinia, señora de la oscuridad ¿Has orado a Dubinis, tu dios de la muerte y el abismo?
Asentí sin ganas de seguir con vida. Estaba perdida, viendo los pedazos de la carne que había cenado en el líquido gástrico.
-¿Conoces algo más de allá de lo que dictan los textos antiguos sobre la profecía que amenaza nuestro reino? -preguntó como si yo estuviera en capacidad de responder.
Negué sin pensarlo mucho. No hay más texto que los que he leído.
-Dice la verdad -escucho decir al hombre de la pipa, leyendo mis pensamientos-. Alega que no tiene profundo conocimiento más allá de lo que ha leído.
-Estoy complacida de saber que nuestro sistema funciona a la perfección -no sé que quiere decir Ronia I, pero quiero regresar a mi hogar-. ¿Qué palabras escuchaste de los labios de Almsi Vujkoh antes de su descenso al abismo?
-Dictan los pensamientos -no he pensado nada, pero el hombre de la pipa comenzó a hablar, así que no me importa, déjenme vivir-, que ella deseaba morir por voluntad propia, sin mencionar ninguna…
-Mientes -dijo el hombre de ojo azul. Su voz sonó agresiva, cortando las palabras del hombre de la pipa.
Alcé la vista y Ronia I estaba allí, sin dejar de verme. Parecía una muñeca.
-Nebuloz -dijo Ronia I, viendo al hombre a mi espalda-. Entiendo tus sentimientos hacia un m*****o de tu sangre, te recuerdo tu lealtad a la corona.
¿Mi sangre? ¿Es un mago oscuro?
-Disculpe, mi señora.
-No repetiré la pregunta, habla o callarás para siempre -dijo Ronia I, levantándose del trono, formando una espada de… ¿Hielo?
Respiré hondo, escupiendo la saliva excesiva de mi boca. La energía de ambos hombres a mi espalda estan alteradas. Agradezco tanto la ayuda de Nebuloz, aunque no sé que peligro hay en que diga lo que me dijo Almsi.
-Ella mencionó -logré decír cuando ella estaba en el segundo escalón, venía a rebanar mi cabeza-, algo sobre el peligro de nuestra nación.
-¿La profecía? -preguntó, arqueando una ceja, deteniendo la avanzada.
Estúpida profecía, dudo de la inteligencia de la reina.
-Usted considera al clan Darklor como una amenaza -susurré. Estoy sin fuerzas, no tenía tiempo para profecías.
-Nebuloz, llévala hasta la puerta de su casa -ordenó la voz de Ronia I. Cerré los ojos y mi rostro chocó con el charco de mi vómito.
Desmayé.