ANA La piel se me eriza en el momento en el que veo esos ojos celestes que me miran con deseo. Mi cuerpo tarda en reaccionar, en moverse, mi cerebro simplemente no manda las señales correctas. «Debe ser un sueño, eso es» Sin embargo, cuando Killian trata de tocarme, respingo, me alejo y salgo de la cama. —Ana. —¡¿Qué haces aquí?! —exclamo, nerviosa. Killian logra alcanzarme al tiempo que cubre mi boca con la mano, rodeando mi cuerpo. —No grites, no vengo a hacerte daño, despertarás a todos. Los latidos de mi corazón se disparan, es imposible no pensar en que esto es una completa locura. Me quito su mano de encima y me siento al borde de la cama. —Me pegaste un susto. —Lo siento. Lo miro mal. —¿Sabes que por donde quieras mirarlo, esto está mal? Estás actuando como un aco

