Desafortunados profesores
¡Que día tan intenso tuvimos todos hoy! nos abrazaba la incertidumbre de los hechos ocurridos durante estas dos noches seguidas, que eran las que todos conocían públicamente, y aún más yo que he presenciado más vivencias de estos seres espirituales y Ernesto y Melissa a quienes únicamente les he comentado lo que me ha sucedido tienen una visión más clara que los demás sobre este tema, por lo que ellos dos también estaban ya muy preocupados.
Las autoridades judiciales continuaban haciendo su trabajo arduamente sin obtener resultado alguno ya que hasta el momento no se habían encontrado sospechosos, huellas ni pista alguna que los llevara a acusar a alguien.
Increíblemente no habían indicios de nada ni nadie, ya no tendríamos más descanso desde que pusimos nuestros pies en este instituto, cada día era una situación diferente, incluso en ocasiones peor que el día anterior.
Esta noche el destino nos procuraba algo tenebroso realmente y con una nueva víctima.
Este día después de comer estuve un ratico con Ernesto, pero no quise estar hasta tan tarde con él para evitar posibles contratiempos, entonces le di un rico y duradero beso y me fui hacia mi dormitorio al igual que él.
Me acosté a dormir temprano, bueno, no solo yo, esta noche todas nos acostamos a dormir rápidamente, el dormitorio estaba lleno, como habíamos tenido un día tan tenso nadie quería arriesgarse a ser la próxima víctima y nos fuimos a Descansar.
Esta noche justo a las doce de la madrugada, cuando el profesor Armando estaba realizando su habitual recorrido del servicio de guardia de repente cuando va pasando por el frente del dormitorio de las mujeres siente un ruido para extraño.
Era un ruido quejoso, entonces se acercó lo más que pudo a la puerta de este dormitorio, pero no podía entrar, pues no les estaba permitido a los hombres aunque fuesen profesores asomarse a este dormitorio femenino, muchísimo menos entrar a este.
Así que lo más que pudo hacer fue pegar un oído a la puerta para tratar de definir lo incógnito de su desesperada escucha.
Cada vez sentía más cerca aquellos inquietantes quejidos, parecía llanto de una mujer, pero no un llanto común, era un llanto desesperante, con un dolor muy profundo, y no cesaba, cada segundo se profundizaba más.
El profesor Armando decidió no esperar más por si era algo malo lo que había pasado o estaba pasando y se dirigió rápidamente a buscar a la profesora que estaba de guardia en representación de la parte femenina.
Fue corriendo muy rápido hacia donde se encontraba la profesora Margarita, le contó lo sucedido y esta inmediatamente fue con este hacia el dormitorio femenino, ella si estaba autorizada a abrir la puerta entrar al dormitorio y encender las luces.
En lo que la profesora Margarita entró a encender las luces el profesor Armando pudo visualizar que se dirigía hacia él una muchacha con una bata blanca ensangrentada, llorando desconsoladamente, caminando muy despacio, arrastrando sus pies por el piso como si le doliera todo el cuerpo.
Llevaba las manos en posición de cargar a un bebé pero no lo tenia en sus brazos era solo un simulacro, sus manos estaban vacías.
El profesor Armando se mandó a correr hacia ella para socorrerla y en ese momento la profesora Margarita encendió las luces del dormitorio y al uníseno desapareció esta muchacha adolorida, el profesor Armando no entendía nada de lo que había sucedido, estaba impactado.
Le contó lo que le había sucedido a la profesora Margarita, esta no le podía creer, lo que él le contaba era muy extraño, era su palabra contra la de ella, esta no le porfiaba ni le llevaba la contraria pero por su cara era obvio de que no le creía ni una sola palabra.
Él se dio cuenta de su reacción y decidió no insistir en convencerla, ya que él sí estaba seguro de lo que había presenciado y no iba a perder su tiempo en seguir hablando lo mismo con lo mismo.