Raquel era la profesora más estricta de la cátedra de matemáticas, ir a sus clases consistía en una batalla por obtener un aprobado y no pasar la vergüenza mas grande de tu vida, todos los días vestía sayas largas y blusas bien recatadas, usaba grandes lentes y su cabellera siempre era llevada en una coleta, a pesar de su aspecto apatico, cuando detenías la atención era posible percatarse que en sus tiempos de juventud, Raquel gozaba de una admirable belleza, una postura recta y un lenguaje exacto, sin errores, ya pasaban las diez de la mañana, justo iba a comenzar el segundo turno de clases y como de costumbre todos mirábamos fíjamente nuestros apuntes, puesto que correspondía la clase de matemáticas, aunque sabíamos que era imposible alcanzar una calificación mas allá del tres, siempre a

