Más de media hora tardé en calmarme, pero tenía la convicción que al fin terminaría con esa mujer, ella no se iba a quedar con Edward, él era mío, solo mío, y yo de él, el destino nos quería juntos, esa mujer nos quería separar, pero no lo lograría; no la dejaría ganar. Esa noche de dolor y de miedo me había dado la respuesta que tanto buscaba: la forma de destruir a Agnes Still para siempre. El desayuno fue como los días anteriores, antes de que la sombra de Agnes pesara sobre nuestras cabezas. Conversamos de todo un poco hasta que, casi al final, Elizabeth nos trajo de vuelta a la realidad. ―Debes seguir escribiendo ―me dijo―, y nosotros seguir preparándonos. ―¿Qué tanto hacen? ―inquirí algo molesta porque siempre me dejaba fuera de todo. ―Ellos deben practicar ―me respondió mi cu

