XXIV

1645 Palabras

XXIVSantiguose Juan de Dios, y ya parecía dispuesto a huir como se huye de las apariciones de ultratumba, cuando le hablé para disipar su miedo. —Juan de Dios, soy yo. ¿No sabía usted que estaba aquí? —Gabriel, si lo veo y no lo creo. ¡Jesús, María y José! ¿Cómo has entrado aquí dentro? —¿No sabe usted que me encerró D. Mauro, al sorprenderme en el momento de arrojar la carta a la señorita Inés? Acababa usted de salir. —¡No había vuelto hasta ahora! ¡Y te encerraron aquí! ¡qué casualidad! Estoy absorto. Pero dime, ¿la carta...? —Ella la tiene. No hay cuidado por eso. Después de habérsela dado, me entró tentación de hablar con ella. Toqué a la puerta, ¡ay! este fue el crítico momento en que se apareció Doña Restituta. Puede usted figurarse lo demás. Gracias a Dios que viene una buena a

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