Capítulo 3, André Smith

836 Palabras
Finalmente llegué y no hice más que buscar un puesto para el automóvil con desespero. Ese era la mayor desventaja de llegar tarde al trabajo. Encontré uno algo lejos para mí gusto, pero no tenía más opciones. No hice más que bajar del automóvil rápidamente y correr dentro de la oficina. Una vez dentro, Clara me esperaba.—¡Tarde! ¡El día más importante y justo es el que piensas en llegar tarde!—Gritó al verme mientras caminaba hacia mi. —Lo arruiné. Fui por unos cafés y al salir con ellos, choqué con un hombre que igual de despistado que yo y ambos caímos al suelo. Arruiné su traje, derramé los cafés y por poco no llego.—Balbuceé demasiado rápido. Clara no hizo más que verme, acomodar mi cabello y respirar hondo. Y una exhaustiva búsqueda en mi apariencia, llegaría algo más que terminaría de arruinar el día. —¡Tu camisa está manchada, Talía!—Dijo señalando mi blusa. Una blusa blanca que hacía resaltar aún más aquella mancha. —Mierda, Clara. Juro que no la ví, pensé que no había caído café sobre mi y por eso no fui por otra.—Dije alarmada.—Pero creo que aún estoy a tiempo de ir por otra blusa. No quiero arruinarlo.—Lamenté. —¡No! ¡No puedes irte! Más bien tienes suerte de que el jefe no ha llegado. Charlotte si debe estar arriba esperándote. No lo arruines, recuerda que aunque Charlotte es tu jefa, Smith es el jefe de todos. Sin su aprobación, estás fuera.—Dijo caminando junto a mi hasta finalmente llegar al ascensor.—Ve, suerte.—Dijo llamando el número del piso y marchandose de regreso a su sitio. No hice más que subir en el ascensor, respirar hondo e implorar que aquella mancha desapareciera en cuestión de segundos. Una vez el ascensor llegó al piso de la oficina, las puertas fueron abiertas y no hice más que caminar decidida hasta donde Charlotte se encontraba. —Buenos días, Talía. ¿Un poco tarde? ¿Algo sucedió? No eres.—Dijo rápidamente sin despegar su mirada del ordenador. —Buenos días, Charlotte. Si, lo siento mucho. Iba por nuestros cafés y tuve un accidente con otro sujeto, chocamos, dañé su traje y derramé los cafés. Lo siento.—Balbuceé rápidamente. Ella rió y finalmente me observó.—No sucede nada, Talia. No te preocupes por no traer café, podemos ir por otros luego. ¿Tú estás bien?—Preguntó mirándome de arriba abajo y finalmente riendo.—Creo que tienes un poco de café del que no pudo llegar hasta aquí.—Siguió burlona. Suspiré y reí.—Sí, no lo noté cuando tomé el camino para acá... Puedo ir por otra, pero no sé si me de el tiempo.—Avisé. Ella volvió a su ordenador y negó.—No, no Talia. Tranquila, es algo mínimo y no debería afectarte. Además, mi esposo debe estar por llegar, recuerda que debes presentarte y hablaremos sobre tu puesto. Ya tienes mi aprobación y recomendación, pero él es el último en aceptar. Depende de lo que diga hoy.—Culminó. No hice más que respirar hondo y caminar hasta mi puesto, tratando de quitar aquella mancha que atormentaba mis segundos en aquel instante. —¿Y si no le agrado?—Pregunté. Ella rió una vez más.—Tranquila, no debes agradarle, solo debe ver y conocer tu trabajo. Algo que haces a la perfección. No creo que tengas problemas, solo actúa con normalidad.—Dijo sin más. Al acabar aquellas palabras, las puertas del ascensor serían abiertas y mi mirada se dirigió hasta allá drásticamente. Mierda. —¡Charlotte, una tonta chica derramó su café sobre mi y mi traje se arruinó!—Dijo rápidamente en cada paso que daba. Era él. ¿Él era André? No hice más que hundirme más y más en mi puesto, tanto que me escondería bajo el escritorio. Lo había arruinado. Sería despedida antes de hablar siquiera. Charlotte no hizo más que reír, acercarse a él y besar sus labios. Era él. —¡Talia sal de allí!—Ordenó Charlotte al no verme. No hice más que respirar hondo y enfrentar la realidad. Adiós trabajo. —¿¡Tú!?—Preguntó de manera inmediata al verme.—¡Fuiste tú quien arruinó mi traje!—Acusó. Sonreí de lado e intenté que la tierra no me comiese viva.—Hey.—Dije sin sentido.—Soy la chica del café, Talia. La asistente personal de Charlotte, tu esposa.—Dije ofreciendo mi mano. No hizo más que mirarme de arriba abajo y reír.—Charlotte.—Le llamó sin despegar la mirada de mi.—Si es despistada con un par de cafés, no sé cómo pueda serlo trabajando.—Finalizó. Charlotte rió al fondo y no hizo más que defenderme.—Es buena chica, dale una oportunidad. —Arreglarás mi traje o te marcharás.—Avisó sin más.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR