Esperanza herida de muerte en el piso, los brazos de Rodrigo sostenían su frágil cuerpo, al tiempo que llegaba José y veía en esa situación a su hermana, se lanza sobre ella, llora desconsoladamente.
—¡Esperanza! Tienes que resistir hermanita, ya verás que todo va a estar bien—decía él entre lágrimas.
—José mi hermano querido... Yo sólo quería ser feliz y aunque a veces lo fui, siento que me voy con las manos vacías..
—No digas eso no te vas a ir...
—Sólo espero verte de nuevo, tú sonrisa siempre me ha guiado no me la niegues pues ahora la necesito más que nunca—luego miró a Rodrigo— mi vida sin usted hubiera sido una muerte lenta, esta bala pone fin a mi vida pero este amor se queda grabado en nuestra piel. Y si nuestro destino no era aquí ni ahora te desafío a encontrarme en otra vida.
Esperanza cierra los ojos.. Rodrigo la deja en brazos de José, y se dirige hacia el abismo, susurra...
—Desafío aceptado amor mío—salta.
A lo lejos escucha los gritos desgarradores de su padre que había llegado junto con la familia de ella. Pero él ahora sólo pensaba en reencontrarse con su amada, sólo eso podía calmar tanto dolor.
—Hermanita, siempre voy a guiarte...—concluyó José abrazado a su hermana.
A veces ni la muerte misma puede acabar con tanto amor, porque cuando las almas se encuentran y el amor es verdadero trasciende y nos vuelve a encontrar, no importa qué pase o en qué momento nos atrape, el amor nunca de ser.
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Amelia comenzó a anotar cada detalle que recordaba de todos sus sueños, aunque todavía se mantenía escéptica algo comenzaba a cambiar en ella y aún más después del encuentro que tendría con Juan esa misma tarde.
—¡Hola doc! Te está esperando Juan en tu consultorio—dijo Caro apenas llegó Amelia.
—¡Hola Caro! ¿Pero no teníamos cita hoy?
—Pidió una de urgencia.
Amelia entró al consultorio y vió que estaba especialmente ansioso.
—¡Buenos días muchachito! ¿Por qué tan temprano hoy?—preguntó ella muy animada.
—Hola doc, necesito que hablemos y que seas muy sincera conmigo.
—¿Qué pasó?—preguntó ella extrañada.
—Anoche empecé a soñar con cosas relacionadas con nuestra regresión.
—Juan debes haber quedado sugestionado por la hipnosis, no tomes tan a pecho lo que tú mente empiece a proyectar.
—Vos mencionaste que tenías sueños.
—Sí pero yo estoy loca vos no
—No te burles, ¿te puedo al menos contar qué soñé?
—Obvio que sí...
—Soñé que me avisaban que Esperanza había escapado y que Cristian la seguía. Yo corría para intentar ayudarla pero no llegué a tiempo, ella murió en mis brazos y yo le prometía que siempre iba a guiarla.
Amelia sostenía un vaso de agua cuando comenzó a escuchar el relato de Juan, dejó caer el vaso en el suelo, ¿de dónde podría haber sacado eso Juan? Era imposible que él pudiera conocer el sueño que ella misma había tenido esa noche. Pero también era imposible que ellos pudieran soñar exactamente lo mismo.
Quizás en el fondo sus almas luchaban para reconocerse de nuevo y hacer cumplir lo que ya habían escrito, el destino era ese, Amelia tenía que bajar la guardia y dejarse llevar, su guía le extendía la mano para que ella pueda recuperar toda la felicidad que vidas atrás le fue negada.