"Hermanos de otra vida"

673 Palabras
—¡Esperanza! ¿Dónde estás?—preguntó José entrando en la habitación, buscando en cada rincón. De repente observa que su hermana estaba trepando por una escalera para poder llegar al balcón de su habitación. —¿José, Esperanza ya apareció?—preguntó su madre a punto de ingresar en la habitación. —Sí madre, aquí está—dijo abriendo con urgencia la ventana para ayudar a Esperanza a entrar. Ella sube y casi inmediatamente la madre abre la puerta. —¿Dónde te habías metido hija?, tú padre quería que lo acompañaras a casa de los Fader. —Disculpe madre, me entretuve leyendo —dijo ella. La madre la observa detenidamente. —Y... ¿Leías aquí en tus aposentos?—preguntó curiosa. —Yo...—empezó a hablar Esperanza, mientras que José había descubierto restos de pasto en sus botas, seguramente este detalle también había sido advertido por su madre, y él nuevamente salió a la defensa de su hermana. —En realidad madre—interrumpió él—ella leía en los jardines a los pequeños de Leonor, yo fui en su búsqueda y ella dejó sus libros justo allá arriba—concluyó el joven. —¿Eso es cierto Esperanza? —Claro que sí madre. —¡Leonor!—gritó llamándola. —Madre, ¿de verdad vas a molestar a Leonor para corroborar lo que ya te hemos dicho?—preguntó José fingiendose ofendido. —José tú hermana es un torbellino, y mientras usted señor, sería capaz de recibir una bala por ella, con tal de cubrirla y que no sufra las consecuencias de sus locuras. —¿Me mandó a llamar señora?—preguntó Leonor. —Sí, quería saber si vió a mí hija leyéndole a sus pequeños en el jardín. Esperanza y José de espaldas a su madre hacían gestos de súplica a Leonor para que ella no los delatara. —Yo...—los observó—si en efecto mi señora, vi a la señorita leyéndole a mis hijos. ¿Le robaron mucho tiempo? —No mi querida está bien, me deja más tranquila que ella se dedique a una tarea tan especial y deje de lado todas esas ideas locas que tiene en mente. Esperanza y José sintieron que les volvía el alma al cuerpo. Cuando se disponían a salir, llegaba el padre de ambos. —¡Padre!—dijo José sorprendido—creí que iba a demorar más. —Yo también pero como dice el dicho si Mahoma no va a la montaña, la montaña viene a Mahoma. Los Fader van a tomar un té con nosotros—observó el aspecto desalineado de su hija— ¿y esta niña qué locura ha hecho hoy? —Hoy ha estado leyendo a los pequeños de Leonor ¿que te parece la labor tan desinteresada de tú hija? —¡Qué interesante querida!—observó los libros de la mesa—¿estos libros son Leonor? —Sssi, sí señor son esos—dijo Leonor muy asustada. Una vez que se retiró Sonia, la mamá, él agregó. —Leonor le recomiendo que la próxima vez que mi hija realice tal labor con sus hijos, intente que sus libros estén en castellano, el latín es muy avanzado para niños tan pequeños—dijo guiñando un ojo y se retiró. —¡Ay niños! Ustedes van a lograr que vea al creador antes de tiempo!—dijo Leonor respirando al fin. —¡Gracias Leonorcita!—contestaron a coro abrazándola. ************** Daniel los trajo de vuelta.... —A la cuenta de tres, mi voz los traerá de vuelta, y lentamente se reincorporaran... Uno... Dos... Tres... Cuando dijo tres, Amelia despertó, pero Juan aún seguía en trance. —Profesor ¿Qué le sucede? ¿Porqué no vuelve? —Amelia, tranquila, él iba por respuestas, es lo que está esperando. De repente Juan susurra.... —Debo ser el camino, te lo prometí Esperanza... Un pacto de almas, un amor infinito, una conexión tan grande que se conectarían más allá de la muerte.
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