"Cerca de un final feliz"

662 Palabras
Esperanza se sentaba todas las noches a leer cerquita de su ventana, soñaba con que su Romeo se asomara, esa noche recibiría una noticia que la haría soñar con que todo sería posible. —¡Esperanza hija!—ingresó su madre a la habitación, envuelta de una profunda alegría. —¿Qué sucede madre? ¿Porqué tanto alboroto? No estabas así desde que te enteraste de la caída de la señora Fournier después de que ella tratara tú vestido de indecoroso—dijo Esperanza rememorando aquel día. —¿Lo recuerdas? ¡Fue muy divertido! sobretodo por que se pisó el suyo propio y pudimos descubrir que los rumores de su enaguas eran ciertos—dijo lanzando una carcajada. —Me pareció un poco cruel, pero ella no hubiera tenido compasión si se hubiese tratado de alguien más—y agregó— ¿Qué hay de sus enaguas? —Mmmm... Esa es una conversación que tendremos después—dijo nerviosa. —¿Puedo saber a qué se debe tanta algarabía entonces? —¡Te vas a casar! Han pedido tú mano y ¡tu padre ha dicho que sí! —¿Qué? ¿No pensaron que quizás yo quería dar mi opinión? ¡No pienso aún en tal cosa!—dijo furiosa. —¡Esperanza! Los Fader son nuestros amigos de años, no le vamos a hacer ese desaire, además Rodrigo es un caballero muy preparado, muy propio, un pretendiente ideal. —¿Ro... Rodrigo?—dijo tartamudeando —Sí, tú padre jamás entregaría tú mano a alguien que no sea digno. —Pensándolo bien, no tengo que ser injusta con padre, él siempre ha velado por el bienestar de esta familia y ahora es mi turno —¡Al fin algo razonable sale de esa cabecita!—dijo Sonia aliviada Finalmente bajan al comedor donde los Fader las esperaban. —Buenas noches Señora Sonia, usted luce radiante como siempre—dijo el Señor Fader. —Muchas gracias Señor. —¡Esperanza!—gritó Rodrigo sin poder ocultar la alegría de verla—Emmm... Digo Señorita Esperanza qué bien se le ve—un tanto confundido. —Muchas gracias señor Rodrigo—intentando disimular una sonrisa —Bueno, ya que mis hermosas mujeres han bajado, quiero hacer un brindis por la unión de nuestras familias, porque no creo que haya alguien más digno para mí hija que el hijo de mi más querido amigo—dijo visiblemente emocionado el señor Drumond. Mientras todos estaban felices con la noticia, había alguien que participaba de la cena con cierto recelo. —No importa qué tenga que hacer pero te juro Esperanza que serás mía—pensaba Cristian mientras observaba a los enamorados. —¿No me vas a felicitar primo?—preguntó Rodrigo —¡Claro que sí! En realidad los felicito a ambos, Esperanza, usted se lleva un gran hombre—dijo Cristian —Muchas gracias Cristian, espero estar a la altura de tan respetable señor. —Sin lugar a dudas lo va a estar, espero que no le moleste que se lo robe por unas semanas. —¿Por unas semanas? —Sí querida, me temo que con mi primo tenemos que ir a cerrar un negocio, mi padre compró unas cabezas de ganado y tenemos que ir a buscarlas, va a ser una larga travesía a caballo, pero vale la pena por la calidad de la mercancía—comentó Rodrigo. —Debo reconocer que esas semanas serán eternas para mí —Yo estaré en sus mismas condiciones, pero piense que en mi ausencia puede ir arreglando todo lo de nuestra boda. —¿Estás tan apurado primo? —¡Claro que sí! Desmontaré en la puerta de la iglesia y me casaré apenas regrese de nuestro viaje. Al día siguiente Rodrigo y Cristian partían en camino a cerrar ese negocio, pero su primo pensaba hacer algo más en este viaje, deshacerse de su rival y ser él quien desposara a Esperanza.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR