Últimamente, Viktoria soñaba con más frecuencia con los recuerdos de su pasado. La mirada dura de Killian, sus palabras, sus días en soledad en la mansión a medida que ella se iba apagando. En ocasiones, cuando lo veía trabajar en su escritorio en su vida anterior, frunciendo el ceño concentrado como lo hacía estos días, ella recordaba acompañarlo bordando o leyendo como ahora, pero después de su matrimonio, Killian le prohibió entrar al estudio o a su habitación como si su presencia le hiciera sentir enfermo. Una parte de ella sabía que el joven que tenía delante no lo haría, pero otra estaba atenta y preparada para recibir sus palabras duras e hirientes. Había anotado en su cuaderno todo lo que recordaba tanto del ducado como de los acontecimientos que habían acontecido en el reino o en

