Límites Autoimpuestos Viktoria abrió la puerta de la tienda y el sonido de la campana en la esquina superior interrumpió la conversación. - Buenos días, señorita Viktoria. - le dijo el hombre canoso con una sonrisa y luego miró a Killian con desconfianza - ¿El caballero la está molestando, señorita? Killian alzó una ceja sorprendido. - No, Luke. - le dijo con una sonrisa acercándose al mostrador - Viene conmigo ¿Tienes harina blanca? - Por supuesto, señorita Viktoria. - le dijo el hombre poniendo un saco de cinco kilos frente a ella - Siempre guardo el pedido de la condesa. - ¿Es del molino del ducado? - preguntó Killian sorprendido reconociendo el emblema. - Así es, milord. - le dijo contento al joven por reconocer el sello - Nuestro duque ha sido muy visionario para ver oportunida

