Dios, Dios, Dios.
Caminos rápido entre las calles, el dolor de barriga no me ha abandonado desde que salí de casa.
El teléfono por suerte no a sonado. Seguro Clío debe de estar actualizando la novela hoy, quedó en hacerlo sola porque según yo con la excusa de querer hablar con mis padres a solas, la abandone.
Cruzo la calle, está haciendo un frío del demonio. Y aún me falta una cuadra para llegar al cine en el que me citó Ralph.
Suspiro y veo el humo blanco. Santo Dios, voy a morir de una hipotermia si me llegó a quitar la chaqueta que llevo puesta.
¿Por qué de tantos lugares para hablar tuvo que escoger el que estaba más lejos de mi casa? Es un poco despreciable y más aún el echo de que no se ofreciera a buscarme.
Una sombra grande se hace visible en la pared, le echo un breve vistazo antes de mirar atrás. No hay nadie.
—No puede ser. —Murmuro, acelerando el paso, estoy que me hago en los pantalones, son casi las 9 de la noche y las calles tienen muy pocas personas debido a las desapariciones de la semana.
Suelo no prestarle atención a las noticias, pero antes de venir eché una ojeada desde el teléfono y por poco tengo un colapso.
Ya habían encontrado 7 c*******s de mujeres jóvenes en descomposición que llevaban semanas desaparecidas y 10 de chicos que a pesar de no estar inscritos a ninguna facultad seguro asistían a las de afuera.
Respiro hondo, el aire frío filtrándose dentro de mis pulmones.
Empiezo a creer que debí quedarme con Clío en su casa, al menos no estaría por estos lados peligrando.
Siento un suspiro cerca de mi oído.
Emito un chillido y corro, corro como una loca hasta llegar al cine. Donde entran una que otra pareja, el vendedor de entradas me mira como si tuviera una segunda cabeza brotando en mi espalda.
—¿Desea algo? —indaga, parece desconfiado al verme.
UH, si supiera que también desconfío de él.
—Dos entradas para noche de hombres lobos, —giro y noto la enorme sonrisa de Ralph, tras de él están Ethan y Seth con cara de pocos amigos.
—¿No vino Clío contigo? —Arrugo las cejas ante la pregunta de Ethan.
—No... Ella... Am, debe estar ocupada en sus cosas. —Ralph los mira y ellos enseguida piden entradas también.
—Dos entradas para... —Ethan mira con aburrimiento la cartelera, —maquinas de hielo.
—Yo no quiero ver esa, —protesta Seth y él lo calla con la mirada.
—Yo tengo que aguantar muchas cosas de ti y tu novia, mejor cierra la boca y disfruta de la película.
Y con esa respuesta ambos se dirigen adentro discutiendo acerca de tener que suprimir sus oídos y esas cosas. No tengo idea de a que se refieren, imagino que le debe de estar diciendo que use audífonos cuando este su novia en casa.
Que par más raros.
—¿Entramos?
Miro a Ralph buscando algo que me haga alejar peor no doy con nada, es como si él fuera confiable por dónde lo viera.
—Pensé que hablaríamos. —Suelto sin prudencia. Las cosas como son desde un principio.
—Y lo haremos, ¿Tienes mucha prisa? —Niego. —Bien, entonces vamos a ver la película y luego te digo de que va la invitación.
Entramos a la sala, luego de que comprará palomitas y una coca cola pequeña. Tomamos asiento cerca de la puerta de salida y en lo que inicio la película sentí que entraba a un poso sin fin.
El cuerpo se me entumece por completo. No puedo moverme, lo único que si hago es mirar, dirijo la vista de un lugar a otro en busca de ayuda, ya que, ni las palabras salen de mi boca.
Maldigo mil veces el haber venido y mil más el no haberle echo caso a Clío.
Ralph se nota tan pacífico mirando las escenas que se muestran frente a nosotros. Las pocas personas sentadas al frente no reparan para nada en nosotros, nuevamente empiezoa sentir que alguien suspira en mi oído, cada vez un poco más cerca.
Es como si quisiera decirme algo.
Cuando ya estoy por orinarme en los pantalones del miedo, Ralph nota que no hice ningún comentario y enseguida se gira a verme con los ojos como platos, llenos de temor.
—¿Te sientes bien Ámbar? —Quiero gritar y no puedo.
Los ojos de Ralph se empiezan a tornar rojos, poco a poco y a medida que eso va pasando yo voy recuperando mi cuerpo.
Primero un brazo, luego el otro y entonces las piernas y mi voz.
—¡Ayuda! —grito.
Todos en la sala voltean a mirarme como si estuviera loca. Me pongo en pie y salto por sobre los asientos para salir del lugar, ese tipo en definitiva tiene algo raro sobre él.
Estoy por llegar a la cuadra próxima cuando Ethan aparece justo frente a mí, haciendo que frente en seco.
—Solo lo diré una vez. —Comenta con fastidio, —No vas a gritar, ni llorar y mucho menos suplicar.
Doy una paso atrás y corro, pero Seth me detiene con su presencia. Pues, sale de entre la oscuridad y hace un mueca de disgusto.
—Esto será rápido si colaboras. —Su tono es un poco menos amenazante que el de Ethan, pero de igual forma asusta mucho.
Trago grueso.
Este no puede ser mi fin, enserio.
—Ámbar, —la respiración de Ralph tras mi oreja hace que caiga de bruces al suelo, perdiendo el conocimiento.