El sol apenas comenzaba a ascender sobre el horizonte cuando un resplandor dorado atravesó el cielo, iluminando el refugio de Luna de Oro con una luz cálida y revitalizadora. Las criaturas mágicas que habitaban el refugio miraron al cielo con asombro y reverencia. Era una presencia que pocos habían visto en su vida, pero todos la reconocían de inmediato: el Fénix, una criatura de poder antiguo y casi mítico, había llegado. El ave majestuosa, con plumas de un rojo incandescente que se fundían en tonos dorados, descendió lentamente hacia el claro principal del refugio. Su tamaño imponente y su belleza cegadora inspiraban una mezcla de respeto y temor. Cada aleteo dejaba un rastro de luz dorada en el aire, y su presencia llenaba el lugar con una energía renovada, como si la misma vida se rev

