Cp. 24-Caida

1138 Palabras
Aunque Adalynn se mudó formalmente a la casa de Matthew, estaba muy nerviosa. No se atrevía a pensar en lo que le harían si alguien se enteraba. No se atrevía a pensarlo. Probablemente era la confusión que nunca había sentido desde que trabajaba. Por la noche, Adalynn regresó a su habitación después de cenar. Decidió que si Matthew no la llamaba, sería mejor quedarse en la habitación. En la profunda noche, el palacio presidencial estaba particularmente silencioso. Las luces y el agua a lo lejos iluminaban la enorme plaza, como un profundo océano dorado, sin el sonido de coches, ríos ni gente. De pie frente a la ventana, Adalynn disfrutaba de esa paz excepcional. Adalynn oyó el ruido de un coche abajo y se marchó. Sabía que no era Matthew quien salía, sino Daniel. El corazón de Adalynn se desplomó, lo que significaba que solo había dos personas en toda la enorme casa: ella y Matthew. En silencio, escuchó el latido acelerado de su corazón, y Adalynn inconscientemente extendió la mano para cubrirse el pecho, como si pudiera contener los intensos latidos.  Ella está nerviosa. Cuanto más nerviosa esté, más sedienta y le dará sed. Debía beber agua. Esta sed también la puso un poco nerviosa. Miró la hora. Eran las diez y media. Siendo honesta, no quería ir a ningún lado excepto a su habitación. Sin embargo, olvidó prepararse un vaso de agua con antelación, así que tuvo que bajar a buscar uno. Adalynn empujó la puerta con cuidado y miró hacia el dormitorio principal. Pensó: Matthew debe estar en la habitación a esta hora. ¿Qué estará haciendo?. Algunas conjeturas pasaron por la mente de Adalynn: ¿leyendo? ¿Mirando la computadora? ¿O un archivo?. Adalynn caminó como un gato hacia las escaleras. En el silencioso pasillo, la lámpara de pared era tenue. Adalynn no encendió la luz. Fue junto al pasillo, donde Daniel le preparó una jarra Adalynn se sirvió un vaso de agua y bebió dos sorbos apresuradamente para calmar la sed. Regresaba a la habitación. Hacía frío. Oyó pasos arriba. Se le encogió el corazón.  ¡No podía ser tan astuto! ¿El señor presidente también está abajo?. Adalynn se quedó paralizada unos segundos. Subió con un vaso de agua. En la escalera, vio a un hombre con un pijama de seda negra saliendo de un rincón. Adalynn se quedó debajo de la escalera y lo miró. Al verla, el hombre se sorprendió. —¿No has dormido tan tarde?— preguntó Matthew. Adalynn levantó el vaso. —Tengo sed. Quiero beber un poco de agua. —Yo también— Matthew también tenía sed. Entonces bajó las escaleras para buscar agua para beber. Adalynn escuchó estas palabras y, sin comprender, sintió que la piel de su rostro se quemaba. Avergonzada, pasó junto a él. Las largas piernas de Matthew descendieron paso a paso por las escaleras, a solo cinco pasos de ella. Originalmente, las escaleras no eran estrechas. Sin embargo, el aura de algunas personas era demasiado dominante. A solo un paso de Adalynn, Matthew contuvo la respiración. Al pasar junto a ella, sus ojos profundos, iluminados por el brillo de la lámpara de pared, parecían profundos y complejos, confundiendola. Simplemente la miró así. Adalynn estaba bien. Aún no se había puesto el pijama. Todavía era temprano. Su camisa blanca combinaba con una falda a la cadera. Su figura era elegante y encantadora. Solo tenía el pelo largo esparcido detrás de la cabeza. Probablemente no lo sabía. En ese momento, a los ojos del hombre, ella era nada menos que una deliciosa cena. Era muy atractiva. Matthew es presidente de un país, pero al mismo tiempo es un hombre. Es un hombre normal de 20 y tantos años, lleno de energía, y sus ideas sobre las mujeres no se verán reprimidas gracias a su noble identidad. Adalynn tiene un temperamento que le atrae especialmente. Es tranquila, no se angustia, e incluso no demuestra su fascinación por él. ¿Acaso su encanto no es suficiente, o su mente es lo suficientemente estable?. Adalynn no sabe por qué quiere estar a su lado sin bajar las escaleras. Adalynn siente el impulso de escapar. —Entonces iré primero a mi habitación— dijo Adalynn apresuradamente. Ella llevaba unas zapatillas. Lo más difícil de evitar al subir las escaleras es que tenía prisa. Si no llegaba al lugar correcto, probablemente resbalaría. Nerviosa, con el pie desquiciado, Adalynn sintió que la suela de su zapatilla se le resbalaba, sintiendo miedo e impotencia. Al instante siguiente, arrojó el vaso que tenía en la mano y quedó tendida en las escaleras, avergonzada. Al caer, ni siquiera Matthew, que estaba cerca de ella, reaccionó. Cuando dijo que iba a subir, Matthew volvió la mirada, pensando que iba a bajar. ¿Cómo iba a saber que se oía una voz grave detrás de ella? Adalynn se arrodilló en las escaleras. El vaso de plástico que sostenía se volcó y el agua se derramó. Matthew extendió la mano y la levantó. Había preocupación en su voz. —¿Estás bien?. Adalynn subió apresuradamente las escaleras y se dio una palmada en las rodillas, avergonzado. —Estoy bien. Sin embargo, la parte superior de la rodilla llegó al lugar afilado de mármol, el dolor la hizo casi llorar, ¡cómo podría estar bien! Adalynn quiere fingir que está bien, pero su rodilla no está recta por un momento, ¡porque le duele!. Adalynn emitió un suave siseo. El hombre lo oyó. Inmediatamente se agachó y abrazó a la mujer, que no podía mantenerse erguida. Esta vez, el susto de Adalynn fue más intenso que la caída. Era casi un instinto humano. Cuando Matthew la levantó, sus delgados brazos rodearon su cuello. Matthew la sostuvo paso a paso y subió las escaleras con calma, mientras Adalynn se apresuraba a mirarlo. —Señor presidente, por favor, bájeme, está herido... —¡Nada!— Matthew la sujetó contra la puerta de la habitación todo el tiempo. Levantó las piernas y empujó la puerta. La sujetó contra la cama y se sentó. En cuanto Adalynn se sentó, extendió la mano para cubrirse la rodilla donde sangraba. No quería que el hombre viera la gravedad de la situación. Matthew se agachó, la miró con aire infantil y esbozó una sonrisa. —¿Qué le impide actuar? A ver. —No pasa nada. No es grave. Señor presidente, vuelva a descansar— Adalynn se sintió avergonzada. Su principio de vida era no molestarlo lo más posible, ¡pero ahora! ¿Por qué lo molestó tanto el primer día?. Matthew la agarró con fuerza, apartándose en ese instante, solo para ver una herida roja con un poco de sangre en sus rodillas, y alrededor, un morado. —¡Traeré el botiquín y te curare!— dijo Matthew, y se fue.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR